Todos tenemos un pirata viviendo dentro de nosotros. Como en los grandes cuentos de nuestra infancia, todos hemos sido alguna vez un aventurero en busca del tesoro, normalmente, con un mapa en la mano. Cuando al tesoro lo llamamos cultura, independientemente de que vaya disfrazada de libro, de película, de disco o de multitud de formas más, el mapa nos lo ha dibujado un amigo, un profesor, un individuo al que respetamos intelectualmente... Así, seguimos las indicaciones, vamos a la tienda de turno y nos hacemos con ese pequeño cofre de monedas de oro. Pero hay otro tipo de descubrimientos. Los que hacemos por casualidad, los que encontramos cuando, en realidad, buscábamos otra cosa o, directamente, nada en concreto. Es decir, estos tesoros nos encuentran a nosotros, y no al contrario . Y esos tesoros, amigos míos, son los que de verdad te producen una sensación entre el éxtasis y la sobredosis de adrenalina. A lo mejor sólo me pasa a mí, pero cuando he encontrado algo así, he tenido qu...