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Mostrando las entradas etiquetadas como Clubs

Desde la playa

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Tengo un correo electrónico que contestar. Hace un par de semanas, de pronto, alguien se coló en la bandeja de entrada para arrullarme los mimos que necesitaba. No es el primer mail que recibo gracias a este blog. En unas semanas, se cumplirá un año desde que entré por primera vez a este mundo de jass, cine y demás pasiones/vicios. Y, en estos meses, de tanto en cuando recibo una muestra de cariño que no me merezco, que no me pertenece y, de pronto, me siento tan c'est si bon... Escribo esto desde un ciber café de la playa, que es ese paraíso que no nos pertenece a los urbanitas de Madrid y que, sin embargo, sentimos atado a nuestra piel como el instinto de la maternidad o el de la patria, algo abstracto e intangible que está ahí sin saber cómo ni por qué. Os escribo esto desde la playa, desde una playa nudista a la que El Hombre me trajo por primera vez hace unas semanas. Era junio y yo aún arrastraba los complejos de mujer débil, bajita, rellenita y absurda. Los sigo arrastrando...

Martes de borrachera y sorpresa

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Quizá éste no es un post para este blog. Pero es que no me siento lo suficientemente serena como para escribir con un boli y un papel. Esta no es una noche de jazz (aunque sí lo sea), ni se va a colar ningún fotograma en blanco y negro (aunque quizá sí los he pensado). Esta noche, simplemente, me he reencontrado con un buen amigo, he conocido a una actriz bastante grillada y a un artista que me miraba seductora y fijamente mientras me hablaba y, tras ingerir alcohol y dejarme tentar (después de mucho tiempo de chica formal) por una maría exquisita, he llevado a mi "tribu" improvisada al Populart , que cada día se parece más al sitio donde me quiero quedar y plantar raíces. Son casi las tres de la madrugada y acabo de llegar, borracha y contenta, a casa. Iba a ser una reunión_cervezas_cena de trabajo. Iba a ser. Pero el "iba" se perdió en un callejón a mitad de camino. Quizá se fue con unos perroflautas que pasaban por allí. ¿Y a quién le importa lo que se suponía qu...

Melancolía, jazz y soledad

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Escuchando Affinity , de Bill Evans & Toots Thielemans . Se trata de un disco triste, de los que empiezan acariciándote la cabeza y acaban clavándote un cuchillo en el hígado para que se te salten las lágrimas. Escuchando Affinity , de Bill Evans & Toots Thielemans, tenía que acordarme, por fuerza, de Él. Hace más de un año, estábamos en el Blue Note de New York. Nuestra mesa estaba pegada al escenario y un ancianito belga tocaba la armónica. El ancianito era un hombre tremendamente carismático al que me apetecía abrazar y cubrir de sonrisas. El ancianito sonreía con la mirada y hablaba un inglés muy sencillo, muy cercano, muy humano. El ancianito se llamaba Toots Thielemans . Thielemans es un belga que ha introducido paulatinamente la armónica al mundo del jazz, consiguiendo unos matices que te elevan al séptimo cielo, te bajan a la penumbra más triste y, luego, te soplan un abrazo en la sien. Pocos músicos consiguen esa ruleta rusa de sentimientos en sus oyentes, pero Toot...

De New York, del Segundo Jazz y de los corazones rotos

Hace un año, Ella estaba preparando su viaje a New York. Había comprado el billete, había reservado una habitación en un hotel de Chinatown y tenía una lista con unos veinte clubs de jazz que le gustaría visitar. Finalmente sólo caerían el Blue Note y el Village Vanguard . Pero eso, Ella aún no lo sabía. Hace ahora un año, Ella estaba psicótica por no saber cómo decirle a su jefe que necesitaba una semana libre para ir a Manhattan. Entonces, le llamaba a Él, a su móvil del Estado de New York, para que le dijera cosas dulces y, así, recordar por qué valía la pena tanta psicosis. Unos meses atrás, cuando aún no sabía que iría a New York, se había reencontrado con Él, con el hombre al que había roto el corazón tres años atrás. Quizá porque nunca había cerrado la puerta, quizá porque no había vuelto a sentir el infierno en las entrañas al besar a un hombre, quizá por tantas cosas al mismo tiempo... Aún hoy lo recuerda como si hubiera pasado ayer. Llevaban tres años sin verse y, en ese tiem...