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Mostrando las entradas etiquetadas como Réquiem

Otro mal día

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Hoy, al abrir los ojos, ya sabía que iba a ser un día de mierda. Anoche me había puesto el despertador a las 6:40, para salir a correr antes de que las calles se convirtieran en lava volcánica, pero ha decidido no sonar. Y no es una excusa inventada, ni un perro que se ha comido mis apuntes. No ha sonado y me he despertado cuando el sol ha inundado la habitación, ya cabreada, porque sabía que hoy me quedaba sin correr. He ido a la cocina y he puesto a hacer café. Me gusta disfrutar de ese mágico momento en el que el café se está haciendo y la casa se convierte en un hogar al perfumarse con el olor al grano que tantas veces tostó mi abuelo paterno, quien había aprendido el oficio cuando estuvo en la Guinea española. Es entonces cuando suelo encender el teléfono, conectarme a diferentes redes sociales y ver qué ha pasado en el mundo. Robin + Williams + DEP . Repetido hasta la saciedad en mil tuits, en mil actualizaciones de estado, en mil fotografías. Robin + Williams + DEP .  ...

Gracias, Mr. Jobs

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Esta belleza de fotografía me la ha enseñado mi amigo Marcelino . Se va otro grande. Se va uno que nos cambió la vida, aunque algunos y algunas aún no sepamos si mucho, si poco o si regular. Lo que sí sabemos es que se va otro genio, como se fueron antes Enrique Morente, Luis García Berlanga, Gary Moore o Amy Winehouse. Decía ayer que hay gente que no debería morirse nunca, aunque solo fuera para compensar a tanto mediocre, a tanto ruin y a tanto cretino. Steve Jobs era una de esas personas. A veces me da por jugar, cuando estoy yo sola, a "qué hubiera pasado si no". ¿Qué hubiera pasado si no hubiera comprado aquellos tres discos de la Verve ? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera continuado aquel primer beso del Hombre? ¿Qué hubiera pasado si la madre de Charlie Parker no se hubiera empeñado en cambiarle la tuba por un saxo alto? ¿Qué hubiera pasado si a Billie Holiday no la hubiera descubierto John Hammond? Y hoy, como no podía ser de otro modo, me pregunto qué hubiera pasado ...

Siempre hay

Hay una canción por cada suspiro que se nos escapó en la parada del autobús. Hay una película por cada momento en que nos sentimos gigantes (y otra por cada momento en que empequeñecimos hasta la extravagancia). Hay una sonrisa que nos salvó la vida, un libro que nos enseñó qué era la enajenación y un cuadro que nos secuestró la mirada. Algún día me gustaría contarte, con una copa de Balbas entre los labios, todas esas piezas que me hicieron seguir "on the road", con las caderas inyectadas en blues y la mirada siempre hechizada. Algún día me gustaría contarte aquella vez que "Ensayo sobre la ceguera" me robó la tranquilidad y me regaló esa maravillosa sensación (tú ya sabes a qué me refiero). Mientras tanto, busco una canción con la que darle las gracias al amigo Saramago. Porque, "cada vez que decimos adiós", hay un suspiro que se nos escapa en la parada del autobús. Esta canción, esta noche, es para ti, Maestro. Muchas gracias por todo lo que nos dejas.

Descanse en paz

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Le vi en Nueva York en mi luna de miel, era el músico residente del Iridium Jazz Club , en Broadway con la 51. No habíamos reservado mesa, pero la chica de la puerta (qué guapa es la gente de Nueva York), nos pidió que esperáramos, intentaría conseguirnos un hueco. (No cuesta casi nada ser amable). Nos sentamos en una mesa frente al escenario. Delante, un par de parejas que engullían un bistek remojado en patatas fritas. (No terminaré nunca de entender que se pueda profanar de semejante manera la ceremonia/concierto). Entonces, salió él. Era pequeñito y afable. Emanaba esa ternura que se les pone a las personas mayores con un pasado lleno de emociones y sobresaltos. (También es verdad que a mí siempre me han enternecido más los ancianos que los niños). Se sentó en su taburete y se fue haciendo un ovillito, como si se escondiera de los aplausos. Se le iluminaron los ojos y se le dibujó una sonrisa amable que duró toda la noche. Tocaba su propia Les Paul como si fuera fácil, como si fue...

Espérame en el Cielo

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Banda sonora del post El otro día se nos fue William Claxton , el hombre que me demostró que, para hacer jazz, no (siempre) es necesario tener un saxo, un piano o un contrabajo entre las manos. Claxton cogió un día su cámara y se echó a andar. Imagino que antes de aquello pensó muchas veces en la manera de hacer jazz sin tocar un instrumento. Quizá hasta compró (como yo) algún libro para aprender a tocar el saxo. Tal vez, también como yo, se frustró mil veces al saber que nunca aprendería a hacerle el amor al complicado instrumento. ¡Qué desagradecido es, por cierto, el saxo! Basta con no ser Charlie Parker o Stan Getz para que de su boquilla salga la queja más atronadora y estridente. Entonces uno y una se sienten los peores amantes del mundo, casi un violador desalmado. Así que guarda el libro, deja el saxo por imposible y se echa al camino con su cámara de fotos. Gracias a Claxton , como ya he dicho, descubrí que se puede hacer jazz de otras muchas formas. El lo hacía en b/n y en co...

Triste Nochebuena

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Al final nos han tenido que joder la Navidad . Va a ser que 2mil7 no podía ser perfecto. Desde el sur en el que me parieron, gracias, Mr. Peterson por tantos buenos momentos. Hoy, mi brindis con Matusalén es sólo para ti .

Hoy es una fotografía en escala de grises

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Porque la semana pasada estuve escuchando en bucle el Jazz at Massey Hall . (Qué grande es este disco. Creo que fue Nick Hornby quién dijo aquello de que el jazz era esa música en la que los músicos disfrutan más que quienes les escuchan. Éste disco convierte aquella frase en un axioma. Derrocha tanto buen rollo. Además tiene una versión del All Things You Are que te cae al cuerpo como una cerveza fresquita en medio del desierto.) Porque la calle 52 se queda un poco más sola. Porque a una le daba una tranquilidad en el alma que siguieran pululando por el mundo genios con mayúscula. Porque se nos van yendo todos los grandes y a lo mejor tenía razón aquel amigo que apuntaba la muerte del jazz como lenguaje artístico. Porque una no sabe cómo se le guarda luto a alguien a quien nunca has olido pero al que has escuchado más veces y de forma más profunda que a la mayoría de la gente que conoces. Has saboreado sus manos en días lluviosos y soleados, en soledad y en compañía, jugando al poker ...

Se nos van yendo

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Un día u otro (pero siempre demasiado pronto), todos los buenos se nos acaban montando en la nave de la parca. Unos se van entre ataques de risa histriónicos, que debe ser la manera más digna de irse. Aquel David Zimmer de Paul Auster siempre me recordó a Charlie Parker . Zimmer empezaba a descojonarse de la risa una madrugada, viendo en la televisión una vieja película cómica muda. Charlie Parker también estaba deprimido, sin duda. También cargaría el peso sobre su columna vertebral, sobre su sacro y las clavículas, viejas prematuramente, el inmenso drama de sobrevivir a un hijo. Zimmer se descojonaba y, con la risa, encontraba un motivo para seguir viviendo. A Bird se le paró el corazón entra tanta carcajada dantesca. Ayer leía en el Periódico que también Tony Scott se había comprado el billete para el barquito que zarpa entre niebla y óbito. Según su mujer, el clarinetista que hiciera arreglos para la deliciosa Billie Holiday , que entrara en duelos grandiosos con Charlie Pa...

Necrológica tardía

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Jackie McLean Dicen que Jacky McLean le preguntó una vez al gran Mingus acerca de los acordes de un nuevo tema que tenían que tocar juntos. Entonces, Mingus se le debió quedar mirando, con su gesto lúcido, y le indicó que en realidad no había acordes. Imagino la cara de McLean , con su mirada perdida en la incomprensión frente al genio. Charles Mingus , entonces, quizá se apiadó del discípulo y le dijo “sólo límitate a seguir la música tal como vaya surgiendo”. No sé si Mingus fue consciente de que, en ese momento, no estaba explicándole el significado de ese tema que tenían que interpretar, sino algo más abstracto y más poderoso. Charles Mingus , acodado probablemente en su contrabajo brillante, estaba explicándole qué era el jazz o cómo debe acercarse uno al jazz. No se trata de conocer los acordes, ni de entenderlos... Se trata de seguirlos, de sentirlos, según vayan surgiendo. Tampoco sé si fue en ese momento que empezó a gestarse la vena docente de McLean . Pero, un tiempo desp...