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Mostrando las entradas etiquetadas como Discos

Aprendiendo tres cosas de Charlie Parker

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Este fue el primer disco que me compré de Charlie Parker. Han pasado más de diez años desde que entré en una tienda de discos de Pamplona y dije con cierta timidez: - Buenas tardes. ¿Tiene algo de Charlie Parker? Al chico que trabajaba en la tienda, lo supe más tarde, le gustaban otras cosas. Los Planetas , El Niño Gusano ... Esas otras cosas, pero no el jazz. De todas formas, yo tomé como costumbre ir una vez a la semana a visitarle y, cada vez, me compraba un disco. Solo uno. Porque yo era una estudiante de presupuesto limitado. Al menos tenías un presupuesto , me sigue echando en cara mi madre movida por no sé qué tipo de sadismo machacón. Así que con ese presupuesto pude elegir entre Zara y mis discos. Fue en esa época cuando aprendí a alargar la vida de mis prendas de ropa hasta tres, cuatro o cinco temporadas. Han pasado más de diez años. Los hijos nos hacen mayores, pues los nietos ni te cuento , decía siempre mi abuela entre el alarde y el gimoteo fingido. A mí me hacen mayor ...

Just Squeeze Me

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Porque a veces necesitas que te arranquen la sonrisa de las caderas. No siempre la carcajada viene de fábrica. No siempre consigues olvidar la alergia a alguna florecilla horrible de esta tierra a ratos inhóspita... Porque a veces me harto de leer sesudos tratados sobre la música en el cine silente y lo que necesito es, simplemente, ponerme este disco, cerrar los ojos, bailar para Duke un rato y guiñarle un ojo lleno de picardía a Louis. Ahora, que el calor aprieta, llevo un short que compré en su ciudad. En la parte trasera (o en mi culo) se lee "Bourbon Street". Así que también le hago un golpe de cadera cómplice al amigo Louis, para que sepa que yo también me volví loca de amor por Nueva Orleans. Todo eso, con los ojos cerrados, en este instante que es sólo mío. Ni del Hombre, ni de mi Director de Tesis, ni de mi verdadero Director de T(H)esis... I'm just a lucky so and so , bluesea Armstrong mientras Duke acaricia de esa manera tan suya y tan única las teclas de algo ...

Tal día

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Tal día como ayer - como escribían antes los periódicos serios - de hace cincuenta años, siete tipos decidieron salvarme la vida. Ya sé, quizá ellos no sabían que le salvarían el equilibrio a una europea -española para más señas- cincuenta años después. Es lo que tienen los genios, que mientras garabatean que le tienen miedo a la limpiadora con una cicatriz en la mejilla o construyen con colores fríos a una mujer sola en una cafetería, no pueden imaginarse lo mucho que llegarán a hacer con esas improvisaciones. Por eso siempre he desconfiado de los/las que se creen genios adelantados a su tiempo. Siempre acaban siendo estafadores aduladores de su propio falo -que para más inri, resulta ser en exceso anodino, maloliente e insípido. También sé que empiezo a resultar pesada con el dichoso Kind of Blue . Pero últimamente no me dejo caer demasiado por este espacio y hoy tenía que volver, aunque sólo (dicen ahora en la RAE que no acentúe este sólo y me duele la vista sólo de pensarlo) sea...

Un regalo

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Sé que de un tiempo a esta parte, apareco por sorpresa y después vuelvo a desaparecer durante demasiados silencios. Sé que he intentado dar una y mil explicaciones. Sé quiénes estáis ahí a pesar de que me quede callada. Sé que sabéis que tengo uno y mil discos que compartir. Lo he dicho ya muchas veces. El alcohol, la música, el sexo, los vicios en general... saben mucho mejor bajo la lumbre compartida. No sé cuánto tiempo va a durar esta desidia de aparecer para volver a quedarme callada. Pero hoy no quería (no podía) irme a la cama sin poner este disco con el volumen bien alto. De alguna manera, me gustaría que su sonido llegara a Zaragoza, a Tarragona, a un piso cerca de Embajadores, a Mexico... A todos esos lugares en los que habita una persona que, de tanto en cuando, esboza una sonrisa al ver un nuevo post en este espacio. Y tampoco quería (ni podía) irme a dormir sin regalaros esta joya . Pd. Otro día hablaré de la grandeza de rapidshare, megaupload y otros servidores de descarg...

Ray Charles At Newport

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Porque es de esos discos que no son sólo discos. A veces, esa cosa redonda de plástico adopta la forma de guiño cómplice, de compañero de baile y de cerveza fresquita en medio del desierto. Porque tiene la habilidad de trasladarte al 5 de julio de 1958. Y no es una frase hecha. De verdad puedes ver a un señor calvito y entrado en carnes secando su frente con un pañuelo que lleva unas iniciales bordadas. Hay un periodista que espera al final de la actuación para conseguir tres declaraciones con las que rellenar su artículo. Hay un grupo de jóvenes que acaban de volver a nacer. Y también hay un niño que acaba de decidir que, cuando sea mayor, quiere ser ciego y quiere tocar el piano. Porque, llegada una edad, una no tiene más remedio que hacerse regalos a sí misma para no acabar pareciéndose a su madre. Así que, en lugar de limpiar el horno, te pones este disco en el equipo del salón y la casa se te llena de sexo y acordes (o viceversa). Porque cuando oyes los aplausos de 1958 piensas en...

Sobre por qué Saxophone Colossus es imprescindible

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Un entendido en jazz te diría que este disco es bueno por los solos de batería del gran Max Roach . Te podría argumentar, también, que la colaboración pianística de Tommy Flanagan es excelente, aún más indispensable. Quizá te diría que el sonido es limpio, correcto, incluso sublime. Te indicaría que es el álbum a partir del cual Sonny Rollins se convierte en “El Coloso” . Te mostraría el desmedido bajo de Doug Watkins . Y te diría muchas más cosas que tal vez no entenderías. Por mi parte, te diré que este disco es imprescindible por muchas razones. Las primeras cinco son los cinco temas que lo integran. St. Thomas , You Don’t Know What Love Is , Strode Rode , Moritat y Blue 7 . St. Thomas es enorme. Es el tema que abre el disco y es imposible no viajar al Caribe, con mojito en mano, mientras la escuchas. Max Roach te lleva en su montura hacia unas raíces selváticas entre África y América. Allí (sé que puedes verlo) hay una santera invocando con sus cad...

Sexo musical (I)

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No sé qué tiene su trompeta, pero parece que quisiera oler el color de un suspiro. Se balancea, en un estado de embriaguez lúcida. Te arrastra con ella en un remolino de paz y locura. Te llevas la copa de vino a los labios. No apetece beber sin más. No en presencia de Wynton . De modo que te deleitas en la madera, en la fruta, en ese poso que te reseca la lengua y te explota en la garganta. No sé qué tiene la postura de sus labios cuando se folla a su trompeta, pero consigue que ella piense que él ha sido su mejor amante. También lo pienso yo, que asisto a su coito como una voyeur cobarde que se esconde tras la distancia de un equipo de música. Cierro los ojos, claro. Le imagino, a Wynton , lamiendo suave, detenidamente, el clítoris de su compañera, deleitándose en los pequeños detalles, en su respiración, en su temperatura, en su contorno. De pronto, el experimentado amante sube el ritmo de su extraño cunnilingus y la trompeta se rompe en un orgasmo acústico. Cuesta aplacar las ganas...

Not Too Late

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Cada vez que escucho a Norah Jones , se me olvida que soy heterosexual. Al igual que cuando suena un solo de Miles , o un requiebro de Camarón , o la voz cabaretera de Waits , o la guitarra de Paco (de Lucía) , soy incapaz de no acordarme de la consecuencia sexual de la música. Cuando escucho a Norah se me viene a la cabeza su belleza. Norah Jones tiene esa divinidad enigmática del mestizaje racial (cuando sale bien, quiero decir, que algunas veces el resultado de la mezcla de razas muerde). Norah tiene sangre norteamericana, pero no puede esconder la ascendencia de su padre, Ravi Shankar . Sin embargo, cuando digo que escucho a Norah Jones y se me olvida que soy heterosexual, quiero decir que el sonido que me llega desde la cadena de música es tremendo. Me refiero en concreto a Not Too Late , su último disco. Se trata de la primera vez en la que ha compuesto todas las canciones y su tercer album en estudio (el año pasado llegaba The Little Willies , grabado en directo en el Blue Note...

Speaking of Now Live

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En febrero de 2002, salía a la venta el "Speaking of Now" de Pat Metheny Group . Con Lyle Mays y sus feroces dedos al piano, Steve Rodby y un refinadísimo contrabajo, Richard Bona, combinando el bajo eléctrico con la percusión, Cuong Vu acariciando su trompeta, Antonio Sánchez en la batería y el propio Metheny con su elegante guitarra. Unos meses después, Pat Metheny Group viajaban hasta el Tokyo NHK Hall para presentar el disco y, de paso, grabar un dvd tremendo, exquisito e imprescindible. Se trata de "Speaking of Now Live" y tiene esa estética grandiosa y una fotografía mágica que, de algún modo, te mantiene atrapado con los ojos fijos en el televisor. Durante 135 minutos, Pat Metheny Group te lleva del sonido más cool al más enérgico. Pasa por cierta fusión folk y llega al jazz más sofisticado. Te detiene en temas intimistas para golpearte, de pronto, con cierto post-bop inquietante. Se trata, quizá, de una montaña rusa en la que tienen cabida todas las emocio...

10 razones para tener este disco

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1. Porque es un disco cojonudo. 2. Porque es un disco en el que no sabes dónde acaba el jazz y empieza el funk (o viceversa). 3. Porque es uno de esos (pocos) directos en los que de verdad puedes oler al músico, sentir al público junto a ti, palpar la pulsión escénica... Y olvidar que, en realidad, es un trabajo enlatado. 4. Porque tiene una calidad de sonido tremenda, magnánima, excelsa. 5. Porque te dibuja la sonrisa en las caderas, en la espalda y en la vagina. 6. Porque hay una versión en clave de funk del So What de Miles Davis que es de verdad eso, una versión, un homenaje (y no el vulgar plagio que suelen ser las versiones). 7. Porque mientras escribo este post rápido e improvisado, no puedo parar de balancear la cabeza, las piernas y la cintura (y creo que de un momento a otro me voy a caer de la silla). 8. Porque también homenajean al gran Trane con su Impressions (y éste es el año de John Coltrane ). 9. Porque es un aperitivo perfecto para el próximo concierto ( Maceo Par...

Bonito

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Para una melómana como yo, algunos discos son tan bonitos que no te queda más remedio que poseerlos. Hoy volvía a coger este pequeño tesoro para deleitarme en él. Por supuesto que es un buen disco, pero de eso ya hablaré otro día. Ahora, ¿verdad que es bonito? Pd. Los que me conocéis ya sabéis donde lo compré .

Acerca de un alemán que tocaba el piano

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Horst Jankowski fue un pianista alemán que, a su manera, también removió los pilares del jazz. Metió la música clásica, el pop y el jazz en un vaso y se los bebió con la sed de un alcohólico con delirium tremens. Sin embargo, no está en mi libro de "Grandes Mitos del Jazz" , ni siquiera en "Los Grandes Creadores del Jazz" (que prologa muy bien el señor Cifuentes ). Horst Jankowski fue un europeo que se enamoró del jazz y, desde esa pasión, trastocó sus cimientos hasta llevarlos a esa delgada línea fronteriza que separa la genialidad de la mediocridad. Compuso un tema para Los Simpson , que es la mejor serie de animación y una demostración constante de talento. Y, además, se atrevió a versionar la Turkish March de Beethoven y el Yesterday de Lennon , posiblemente una de las canciones más sobrevaloradas de la historia. Supongo que, en parte, porque los que votan las listas de "las mejores canciones" fueron hippies venidos a menos en chachipandis de Ch...

Noche de insomnio

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¿Recuerdas la silueta de Sonny Rollins en la penumbra de un puente en blanco y negro que unía Manhattan con Brooklin? Allí estaba el pobre hombre. Seguramente pasaba frío. Seguramente hubiera echado en falta una casa llena y una mujer que le chillara desde la cocina si quería que le llevara una cerveza. Pero sus caseros, o sus vecinos (ya no recuerdo muy bien los detalles exactos de la historia), le habían prohibido ensayar en casa. De modo que el músico cogió a su amigo, lo metió en una funda y se fue al puente que une Manhattan y Brooklin (el mismo puente que Paul Auster retrata en sus novelas). El saxo de Rollins nunca fue tan triste, ni tan exiliado. Pero tampoco nunca una prohibición acústica dio como resultado un disco tan bueno. “The Bridge” . Antes había grabado “Saxophone Colossus” , que se convirtió en su “Kind of Blue” o en su “A Love Supreme” . Sin embargo, a mí me gusta escuchar “The Bridge” e imaginarme al músico pasando frío en un puente. Mirando de reojo a las jovenci...

De las noches de Byas a las mañanas de la Simone

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Anoche me acosté escuchando un disco triste. Será que este marzo ha nacido con noches tristes bajo el brazo. Anoche ni siquiera leí. Me quedé a oscuras, en una esquina de mi cama, abrazando una almohada, en posición fetal, con los brazos, y otra con los muslos. En mi cama hay cuatro almohadas de pluma. No las necesito y suelo amanecer con todas ellas desperdigadas por el suelo pero, aún así, me gusta acostarme entre tanto apoyo. El saxo de Don Byas tiene un efecto inmediato de melancolía en mí. No sé si han visto ustedes “Acordes y Desacuerdos” , de mi idolatrado Woody Allen . Cuenta la vida del ficticio Emmet Ray , el segundo mejor guitarrista de jazz que, cuando escucha a Django Reinhardt , (el mejor guitarrista, y éste sí es real), no puede evitar echarse a llorar. Emmet es un tipo rudo y, sin embargo, ante los acordes del guitarrista gitano, no puede evitar que le suban las lágrimas a la garganta. A mí me pasa algo parecido con Don Byas . Así que anoche, con su disco “En ce temps-...

El dulce piano de Camilo

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Michel Camilo es uno de los mejores pianistas de jazz latino. Es elegante y, cuando toca, se le nota ese espíritu de Nueva York, esa compostura que se le contagia a todos los que se van a vivir a esa ciudad. Michel Camilo también es un tipo de carácter alegre y cariñoso, y también se le nota cuando se sienta ante el piano. Camilo, además, ama el jazz clásico, pero también sus raíces latinas. Camilo mezcla su infancia de ritmos latinos con su admiración por Art Tatum y Oscar Peterson y con el respeto por Chopin o Debussy y, después, se sienta, mira al piano con dulzura y le arranca un sonido seductor, adulador y exquisito. A Michel Camilo le vi un día en la Fnac. Presentaba un disco y ofrecía un pequeño recital. No había mucha gente, porque la gente normal prefería, por esos días, apostar ante el televisor si ganaría Rosa o Bisbal. Recuerdo que, cuando vi a aquel hombre, pequeño, afable, con una tierna timidez en su acento dominicano, sentí ese buen rollo que despiertan ciertas per...

Sobre mi patrimonio

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Yo siempre he creído que el mejor patrimonio que podía llegar a tener era mi propio conocimiento. Y no defiendo con ello ninguna tesis comunista, ni perroflautil, ni cultureta, ni muchísimo menos utópica. Por supuesto que quiero un piso (pero se trata más bien de una necesidad, ya saben, aquello de que todo ser humano tiene derecho a una vivienda digna). Por supuesto que me gusta cobrar mi nómina todos los meses, pero es porque vivo en un mundo donde el trueque se hace con moneda de curso legal. Sería absurdo decir que no queremos esos pantalones que nos hacen un culo tan redondito o que no queremos ese perfume que todos los hombres recuerdan inconscientemente. Pero, insisto, siempre he creído que mi mayor y mejor patrimonio era intangible. Cuando trato de definirme a mí misma, no pienso "tengo un piso, tengo un coche o tengo una gargantilla de perlas naturales". Pienso en que me emociono cuando escucho a Scott Joplin o Louis Armstrong . Pienso en que el tiempo se me detiene...

Melancolía, jazz y soledad

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Escuchando Affinity , de Bill Evans & Toots Thielemans . Se trata de un disco triste, de los que empiezan acariciándote la cabeza y acaban clavándote un cuchillo en el hígado para que se te salten las lágrimas. Escuchando Affinity , de Bill Evans & Toots Thielemans, tenía que acordarme, por fuerza, de Él. Hace más de un año, estábamos en el Blue Note de New York. Nuestra mesa estaba pegada al escenario y un ancianito belga tocaba la armónica. El ancianito era un hombre tremendamente carismático al que me apetecía abrazar y cubrir de sonrisas. El ancianito sonreía con la mirada y hablaba un inglés muy sencillo, muy cercano, muy humano. El ancianito se llamaba Toots Thielemans . Thielemans es un belga que ha introducido paulatinamente la armónica al mundo del jazz, consiguiendo unos matices que te elevan al séptimo cielo, te bajan a la penumbra más triste y, luego, te soplan un abrazo en la sien. Pocos músicos consiguen esa ruleta rusa de sentimientos en sus oyentes, pero Toot...

Retrospectiva a Charlie Parker y a un bar de Malasaña

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Domingo de rebajas, en todos los sentidos. Domingo de escapar de casa y gastar dinero y sonrisas. La Fnac siempre me acoge con los brazos abiertos (y la lectora de la tarjeta de crédito a punto) Así que hoy me di un caprichín. Porque me lo merecía. Porque lo necesitaba. Hay mujeres que se dan caprichos en Zara. Hay mujeres que se dan caprichos en una pastelería. Yo me doy los míos en la tercera planta de la Fnac. Charlie Parker. Rétrospective 1940-1953. Saga . Saga es una casa francesa que lleva años colándose en mi salón. Saben editar con gusto y elegancia. Y el jazz es cosa de gusto y elegancia. Este cofrecito es un auténtico tesoro. Tres cds en pequeñas fundas con dibujos de acuarela. Los dos primeros se nutren de temas de la discografía oficial de Parker . Sin embargo, el tercero es una joya y una justificación de los 17,50 € . El tercer cd incluye actuaciones en directo y grabaciones particulares. Junto a ellos, se presenta un libreto de 90 páginas (en f...

Azul y jazz

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Kind of Blue ; Rhapsody in Blue; Black and Blue; Blue Train; el sello Blue Note ... Azul. Azul y jazz. El azul es el color de la melancolía. La melancolía de los esclavos negros que, mucho antes de que naciera el jazz, ya tenían sus "blue devils". Los demonios azules servían para señalar el estado de melancolía de los esclavos negros. Los músicos de blues nos hablan de las "blue notes", unas notas que llegan a ser casi una desfinación y que provocaban un cierto desasosiego en los dueños de las plantaciones. Las "blue notes" pasaron al jazz y, en ciertas piezas, una se apodera de la melancolía del músico, del desasosiego del dueño de la plantación. Azul. Azul y jazz. El jazz es una ruta alternativa para escapar del sufrimiento. El jazz como canción para huir del desamor, del racismo, de la soledad... El azul melancólico. El azul frío. El azul elegante. El azul arrogante de Miles Davis al tocar de espaldas al público. Azul. Blue. Kind of blue . ¿Por qué es...