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La Sombra de la Luz

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Ilustración de Victoria Martín para La sombra de la Luz . Mi amigo Aarón decidió un día echarle huevos a la cosa y montó Paradigma Teatro , que es una excusa para eyacular sus egos, sus miedos, sus sueños y también sus odios. Cada vez que montan una obra, yo acudo a verle. Suelo sentarme con sus padres, a los que quiero como a esos tíos que nunca tuve por nacer en la familia equivocada. Pero es que quizá siempre se nace en la familia equivocada. Su madre, que se dejó la vista cosiendo para pagarle a mi amigo una carrera en una universidad privada, me mira buscando cierto apoyo o, al menos, cierta comprensión. Ella sueña (aún) con un mundo bonito, con una vida ideal, con un cuento de hadas y con unas perdices que comer cuando se consigue ser felices. Por eso, cuando su hijo le dijo que quería ser escritor, ella soñó con bellas historias que maquillaran las mañanas absurdas en el Metro, las noticias de "El Caso", los dolores de cabeza y la subida del precio de los tomates. Si...

Mingus, Cuernavaca

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Ni tanto ni tan calvo , me repetía mi madre en forma de coletilla de la andaluza de adopción que era. Creo que lo que en realidad quería decirme era que fuera templada, que no llamara la atención. Y, desde entonces, mantengo una esquizofrenia mental entre mi carácter y mi temperamento, o entre mi esencia y mi forma. Ni tanto ni tan calvo , que es un dicho muy sabio y muy conciso (pero también muy en desuso). Quizá debieran bordarlo en pan de oro (o a sangre y fuego) en las facultades de periodismo o, al menos, en las redacciones de las publicaciones culturales de nuestro país, que así nos luce el pelo (otro dicho menos andaluz y menos conciso). Antiguamente (quizá muchos lectores no habían nacido ni siquiera) los críticos eran seres malvados que, como la propia palabra indica, “criticaban” las obras de los artistas. A veces se pasaban, claro, y conseguían que el debutante genio cayera en una depresión creativa. El crítico ponía a parir a los “impresionistas”, que pintaban con brochazos...