Tres años


Ofelia, de John Everett Millais

Hace tres años estaba en esta misma mesa, sentada en esta misma silla. Miraba por la ventana y el mar arrullaba a mi espalda. Pensaba las palabras, elegía cuáles estarían en la carta que, entonces, creía más importante de mi vida. No lo fue. El mundo no se detuvo, no se reinició ningún reloj, no tuve ninguna conversación con una copa de vino, ni cogí ningún vuelo a Venezia para celebrar nada. De vez en cuando he seguido escribiendo cartas, pero ya nunca las he mandado. Algunas se han reconvertido en poemas, otras en analgésicos.
Hace tres años pensaba que sería imposible despertar al día siguiente, ponerme en pie y seguir disimulando que no me había dejado mi propio cadáver sobre el colchón. Todavía nadie se ha dado cuenta. Y ya han pasado más de tres años...

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