Sobre la muerte, sobre Dios y sobre el Paraíso (un post acerca del Festival de Jazz de San Javier) I


Sí, esa soy yo. Y sí, ese que me abraza es Wynton Marsalis.


- Dios -

Anoche vi a Dios. En algún momento de la tarde, debí tener un accidente mortal (aunque de eso no me acuerdo). Mis constantes vitales entraron en tiempo de descuento hasta que, ahogadas en una lucha perdida, me dejaron marchar hacia el túnel de luz y el purgatorio.

Yo no sabía que estaba muerta. Explico esto porque, mientras me ganaba la noche, yo no era muy consciente de estar viviendo mi expiración en el más allá. No fue hasta algún tiempo después que supe de mi muerte, de paraísos diversos y de la existencia de Dios.


- Arcángeles –

Anoche vi a Dios, pero no estaba solo. Cuando mi alma se presentó ante él, no desnuda pero sí escotada, le acompañaban catorce arcángeles. Se hacían llamar la Lincoln Center Jazz Orchestra. Y Dios usaba el apelativo de Wynton Marsalis.

Yo, entonces, tampoco sabía que estaba ante mi juicio final. Así que cuando se me saltaron las lágrimas con una partitura del legendario John Coltrane, ni siquiera pensé que era mi reconciliación divina con el músico.


- Apóstoles –

Antes de aquella noche, no sabía que las almas eran guiadas en su camino al paraíso. A mí me llevó, a un asiento junto al escenario de Dios y sus arcángeles, los apóstoles que camuflan su trabajo divino bajo la coartada del Festival de Jazz de San Javier.

Podría decir que hay clase de gente y gente con clase. Podría decir también que las personas que llenan San Javier de jazz y buen rollo son, por supuesto, gente con clase. Pero prefiero apuntar tan sólo que conocerles es caer, irremediablemente, rendidos de amor y admiración por ellos.

Es muy difícil explicar qué se siente cuando ves a un pelotón de niños preadolescentes esperando la salida del señor Marsalis para aplaudir hasta quemarse las palmas de las manos. (Pero me pusieron dos lágrimas emocionadas en la garganta).

Es imposible tratar de discernir qué punto convierte el trabajo de Luis Lluch (Área de Documentación e Imagen) o Alberto Nieto (Director del Festival) en algo que realmente merece la pena. Algo que consigue que el mundo funcione un poco mejor.

Quizá sólo se trata de la ilusión, el deseo y la pasión por un trabajo bien hecho (cuando el tema de trabajo es, además, la carótida de la existencia, la amante que te retiene atado a la vida con un beso lujurioso).


Continuará…

5 comentarios:

josé miguel dijo...

Qué bien.

Besos de los buenos.

Eluryan dijo...

Que bueno leerte de nuevo, ayer entre antes de volver a casa y aun no habia nada nuevo despues de los tres cerditos, ya tenia referencias de que no solo los artistas fueron bien recibidos en San Javier, sino que alguna bloggera tambien era muy conocida por alli...

Júcaro dijo...

Como me parece muy hermosa esta entrada, sigo recorriendo las restantes y me parece interesante, personal y muy bien escrito.

Si no tienes inconveniente lo enlazo.

Saludos

javier.mz@gmail.com dijo...

-Mami, ¿Dios está en el cielo?

-Sí hijita, muy arriba en el cielo.

-Mami, ¿y es verdad que tuvo un niño?

-Sí hijita, y murió hace mucho tiempo, se llamaba Jesús

-Mami...

-Dime hijita

-¿Y ese señor negro que siempre pones en la tele?

-Ese señor negro se llama Marsalis,
y toca el piano muy bien.

-¿Y también tuvo un niño?

-No hijita, Marsalis era más listo que Dios y tuvo seis.

Kirk534 dijo...

Miles no era dios? Acaso no era Chet y su demoledora nostalgia? O el bueno de Clifford? No era Dizzi y su trompeta celestial apuntando al infinito?
Comprendo.Regresamos al tiempo de los griegos o los romanos, mucho más coloridos a la hora de profesar cultos metafísicos.
Que sean todos dioses, y sinó, como diría Cesar Vallejo: Que se lo coman todo!Y acabemos!