Amor y odio a John Coltrane


Una de las cosas que menos me gustan de la comunicación vía Internet es el alto grado de posibilidad de ser malinterpretado que conlleva. Por eso dejé de utilizar Messenger, por ejemplo. La comunicación no es sólo el verbo, sino la entonación, el conocimiento previo del universo de nuestro interlocutor… Pero, al margen de todo eso, se escapa de mi comprensión por qué levanto polémicas cuando no pretendo hacerlo y, sin embargo, cuando escribo un post a propio intento para levantarlas (como cuando me meto con mis queridos poppies) no hay nadie que me mente a la queridísima madre que me parió.

En mi último post (el meme “Cinco cosas que no sabéis de mí”) modifiqué el último apartado para convertirlo en un listado de las cosas que me salvan la vida. En éste, añadí la frase “Coltrane cuando no desvaría”. Y catapúm, sin quererlo ni beberlo, detractores y camaradas entablaron una discusión sin precedentes (sin precedentes en un blog de buen rollo como creo que es éste). Estoy firmemente convencida de que no debo excusarme por esa frase. Se trata de las cosas que me gustan a mí (esto es, se trata de un afirmación rodeada de total subjetividad, no pretendo “iluminar” a nadie con ello, sólo digo lo que hace que se me dibuje la sonrisita en las caderas). Aun así, pensé en añadir un comentario en la entrada, respondiendo a los lectores que habían dejado su aportación. Sobre todo, porque no entendí cierto ataque que se le hizo a Manolo, una de las personas que conozco que más controlan de música (te quiero un montón, por cierto, y qué beso te pienso robar en cuanto te vea...). Sin embargo, Coltrane es una figura tan importante en la historia del jazz (y en la historia de mi propia vida) que merece un post aparte. Primero, porque éste es su año. Segundo, porque es un tótem en mi olimpo particular. Tercero, porque es uno de los músicos más controvertidos del jazz. Tiene amantes y enemigos por toda la geografía. Cuarto, porque le debo un post desde hace mucho tiempo.

Cuando decía en el anterior post que desvaría, no me refería a ningún Coltrane pre ni post a ninguna etapa en concreto. No creo que se volviera loco de pronto, como han sugerido en algún comentario. Supongo que estuvo loco siempre, como todos los genios. Igual que Miles Davis, igual que Charles Bukowski, igual que Woody Allen. No se puede ser un genio y estar cuerdo. Es como ser hombre y pretender dar a luz. Se trata de una simple incompatiblidad. Así que, cuando utilizo el verbo desvariar, lo hago de modo eufemístico, para no escribir el verbo desbarrar, que según la RAE, significa:
1. intr. Deslizarse, escurrirse.
2. intr. Discurrir fuera de razón.
3. intr. Errar en lo que se dice o hace.


(Y ya sé que, al escribir esto, voy a suscitar un enfado mayor que en mi ingenua frase del post anterior).

No creo que a nadie que lea este blog le quede la menor duda de que adoro a Miles Davis. Tanto es así que, además de encabezar el diseño de la mancheta, la única recomendación hedonista puesta hasta el momento (columna de la derecha) es suya a pachas con mi también adorado Bird. Pues bien, dicho esto, creo que Miles Davis también desbarró en su carrera (le decía hace un rato a un amigo que el disco hiphopero se lo podría haber ahorrado). Cuando se toca durante cincuenta años, es prácticamente imposible no equivocarse nunca. Bueno, vamos a quitar el prácticamente. Sobre todo, cuando se trata de músicos que quieren arañar la superficie y crear cosas nuevas, experimentar. A veces les saldrá bien. A los genios les saldrá bien muchas de las veces, la mayoría. Pero en un pequeño porcentaje, la cagarán. Eso seguro. Y con esto, para los que quieran buscarle cinco patas al gato, no quiero decir (en ningún momento) que Miles Davis sea un mediocre. Es sólo que no me trago todo lo que me eche por venir de quien viene. Es sólo que me creo con la suficiente madurez como para decir, “venga, vale, Miles, lo que tú quieras, pero a mí no me vendes esto”. También pasa en el cine. Los que me conocen bien, saben que estudiaría Medicina sólo para ser la Psicoanalista de Woody Allen. Y, sin embargo, cuando hizo “Granujas de medio pelo” se quedó más a gusto que un arbusto. También cuando manipuló una película japonesa para presentar su “Lily, la Tigresa”.

Supongo que hay dos tipos de fan. Los que lo perdonan todo y los que no. A mí la música me gusta porque la necesito para seguir saltando los obstáculos de esta carrera. Es capaz de hacerme reír a carcajadas, puede abrazarme cuando me siento sola, me apoya cuando me deprimo por estar en paro… Así que cuando escucho algo que no me gusta, aunque venga de Coltrane, digo que no me gusta. Me pasó con el “Mule Variations” de mi adorado Tom Waits, que me entraron ganas de ir a verle a su casa para tirarle el cd a la cabeza.

Y no se trata del Coltrane post ni pre 1964. Uno de mis discos favoritos (en general, me refiero, de esos que me llevaría a la isla desierta) es de Trane. Se trata del álbum que grabó en 1962 junto a Duke Ellington, para Impulse!. Empiezan el disco con In A Sentimental Mood y, sencillamente, consiguen que toque el puto paraíso con mis oídos. (Voy a copiar a Manolo y os lo voy a poner, para que veais a que me refiero).



Sin embargo, me cuesta mucho escuchar a Coltrane en el primer tema (Naima) del “Live At The Village Vanguard Again!” de 1966. “My Favourite Things”, de 1964, en cambio, es un discazo. “Meditations” es de 1965 y tiene temas increíbles, como Love o Serenity, pero no me gusta The Father and The Son and The Holy Ghost. Por mucho que la busco, alentada por un comentario del anterior post, no encuentro la poesía. Y me refiero concretamente a esto:



“Blue Train” es un disco de 1957 y un tema espectacular. (Y como también me lo llevaría a una isla desierta, os lo voy a poner, por si algún despistado no lo tiene fresco).




En resumen, me gusta John Coltrane cuando no coge su trompeta y le saca los sonidos más “difíciles” del Avant Garde. Supongo que, en el fondo, soy una analfabeta funcional del jazz. Porque lo que me pasa es que no “comprendo” el Avant Garde llevado al extremo, a sus últimas consecuencias en las que la belleza se pierde. Que sí, que simbolizaría la lucha por los derechos civiles, que con ello los músicos de este período querían expresar su inconformismo con la sociedad gobernada autárquicamente por los blancos y que, probablemente, se trate de la verdadera revolución negra. Me sé la teoría y me sé la práctica. Pero no me gusta. No me dibuja ninguna sonrisa en las caderas. No me provoca ganas de masturbarme, ni de reírme, ni de quedarme a vivir en el tema ad aeternum. ¿Me gusta más el Trane anterior a 1964? Puede que sí, pero no creo que a partir de 1964 se volviera imbécil. Sólo digo algunas de las cosas que hizo, pre y post a 1964, no están en mi olimpo particular.

Pero, insisto, este blog trata sobre mí y sobre mi ombligo. Sobre lo que a mí me gusta y sobre lo que a mí me repatea. (Uso mucho el “a mí” para que se entienda la subjetividad del contenido). No pretendo iluminar, ni convencer a nadie. Sólo comparto aquellas cosas que creo que hacen que la vida tenga sentido.

12 comentarios:

Alatriste dijo...

Creo que te espresaste de forma muy clara.. pero ah.. hay veces que uno viene predispuesto a buscarle 3 pies al gato.. y no hay remedio.
El amor por un autor (en este caso Coltrane)a veces nos hace malinterpretar mensajes simplemente porque lo adoramos y queremos ante todo decir que lo adoramos (siento liar esto un poco :S).
Estoy contigo, hasta nuestras divinidades cometen errores y hay que ser sensatos y aceptarlas. Y hay que tener claro que los errores son diferentes para cada cual.. ya que sino seria imposible que una misma musica llegara a gente tan dispar.

Creo que por querer quedar bien con todo el mundo al final no estoy diciendo mucho, pero bueno.

Besos desde jaén.

Jose.

Victux dijo...

Por eso me gusta leer tu blog... por tu sensatez y sinceridad, además por compartir ese amor y pasión por el jazz que a muchos nos envuelve.

Pienso que lo especial en músicos como Coltrane es la amplitud musical que lograron, pues no se quedaron atados a solamente un estilo durante su carrera, sino que exploraron nuevos estilos y de alli el gran legado que dieron al jazz. Claro que no todo lo que hicieron les va a gustar a todos, pero creo que esa es la maravilla del jazz porque no solo se trata de lo que le guste al público sino también de lo que el músico trae por dentro y quiere expresar.

Abrazos desde Guatemala, del otro lado del mundo...

Alberto dijo...

"No se puede ser un genio y estar cuerdo." Decías.

Yo creo que sí.


Un beso y palante!

Manolo dijo...

Hace poco leí en algún sitio que recomendaban escribir un blog totalmente exento de pasión. Fijaté tú que barbaridad (es que no quiero decir gilipollez).

Olvido no dejes de tener pasión.
Por favor.
Gracias.

Carlos V.M. dijo...

Joder no se me para la reproducción de The father and... coño para de soplar jodido Coltrane... bueno ya está.

Pues, sin ánimo de polemizar, creo que los genios no cometen errores los errores somos nosotros...

Un saludo desde un ascensor de cristal!!!.

Pd: Granujas a... me parece divertida sobre todo su primera mitad.

Pd2: Miles Davis podría haberse ahorrado algún disco más aparte del hiphopero, -todos los que vienen despues del segundo quinteto- son horrorosos, han envejecido mal y son una caricatura del propio Miles (Tutu, Amandla...)

Nicolás dijo...

Sin Tutu, Amandla, The Man with the horn, We want miles y...por supuesto Bitches Brew jamas hubiesen existido McLaughlin, Corea, Zawinul, Stern, Metheny, Scofield, Miller,Ponty, Clarke,etc,etc,etc. y nos hubiesemos perdido todas las opciones musicales (serias)que hoy gracias a Miles podemos disfrutar.Y no tendriamos ascensores de cristal, sino solamente gradas de granito.

Carlos V.M. dijo...

Ja, ja, ja... bueno vale Nicolás me he pasado un poco, pero no discutamos que la responsable de este blog se puede enfadar si se le altera su remanso de paz y tranquilidad...


Un saludo desde un ascensor de granito, perdón, de cristal!!!

John Lester dijo...

Yes, this is a really nice blog, keep it growning...

José Manuel Quintana Cámara dijo...

Me gusta el nuevo look de tu blog.

Saludos.

Olvido A. dijo...

Alatriste: muchas gracias por tu apoyo y complicidad (¿eres paisano mío?)

Victux: gracias a ti también por la amabilidad, el apoyo y la comprensión de la finalidad de estas palabras.

Alberto: hay opiniones para todos los gustos. Yo, desde luego, estoy convencida de que los genios están más para allá que para acá.

Manolo: eso espero. La vida es mucho más divertida con pasión. Gracias, siempre.

Carlos V.M.: deberías volver a ver Granujas... y recapacitar. Besotes

Nicolás: pues supongo que sí. Además, a mí el Tutu me encanta.

John Lester: Thank you very much.

José Manuel: Merci beaucoup, mon ami.

Eclipse dijo...

Buenas,

Es la primera vez que visito tu blog y sólo puedo felicitarte. Soy un iniciado en el jazz, un mundo que veo absolutamente inabarcable dentro del universo que es la música. He empezado escuchando a Coltrane y, a opinión personal, me gusta mucho. Tengo tres discos que me los voy poniendo: Blue Train, A Love Supreme y Giant Steps. Son increíbles.

Como melómano escapo de discusiones sobre gustos, pués la música es algo que se siente y cada uno a su modo. No estoy en condiciones de opinar sobre los "desvariós" de Coltrane, pero en general a mi me encanta que el artista/genio se "vaya de la olla". Eso lo hace aún más grande.

Un saludo, y te aseguro que volveré por aqui.

Dante Panzeri dijo...

Te estoy leyendo en Argentina. Te quería comentar acerca de las disquisiciones sobre Coltrane que nada mejor que escucharlo para borrar todas las dudas. En todo momento, en cualquier disco, en vivo o estudio, Coltrane suena como lo que es:
un ser humano,sublimado, pero humano.A veces ni siquiera sublimado. Sus tremendos dolores dentales (lo que le hacía consumir alcohol, en principio y drogas mas tarde)a veces alcanzan a escucharse en su música. Sus tremendos dolores animísticos, tratando de comprender la miseria y flaquezas de sus coetáneos, también, por suerte, se escuchan aterradores, escalofriantes en su tenor. Deja que fluya nomás y sigue con Pharoah que es un discípulo formidable
Leonardo