Querido hombre de mi vida

Escribí esto hace diez años. Hoy lo he descubierto en una vieja carpeta. Copio y pego sin editar ni una sola tilde. Psicoanalizándome ando tras la lectura...

* * * * *


Querido hombre de mi vida al que todavía no he conocido:

Habría sido más rápido enviarte un e-mail, pero no sé tu dirección electrónica. Ni siquiera sé si usaras Internet habitualmente.
No sé nada de ti. No sé cómo te llamas ni cómo te gusta tomar el café. Puede que ni siquiera lo tomes. A lo mejor prefieres el té o la leche con cacao. En ese caso, tendrás que acostumbrarte al sonido de la cafetera por las mañanas.
¿Sabes? Cada mañana, desde que tengo uso de razón, una melodía que se parece al ruido que hacían los trenes de vapor que veía en las películas cuando era niña, ambienta la banda sonora de mi casa.
Chup-chup chup-chup chu-chup. La verdad es que no es exactamente igual que el ruido de aquellos trenes. Son chup-chup más cortos y rápidos.
Yo corro desde el baño para apagar el fuego. Es una pena cuando el café llega a hervir por dejarlo más tiempo de la cuenta. Se echa a perder y hay que hacerlo de nuevo.
Retiro el café del fuego y lo pongo sobre la encimera de granito. Y, en ese momento, levanto la tapa. Vas a pensar que es absurdo, pero me gusta dejarle respirar. Sí, ya sé que no es una botella de vino que lleva encorchada veinte años, pero, igual, a mí me gusta dejarle respirar un poquito antes de beberlo.
Cuando levanto la tapita de la cafetera, el mejor aroma del mundo inunda toda la casa. Yo cierro los ojos y digo mmmmm. Ese momento es el mejor del día.
Mientras el café respira, yo vuelvo al baño a seguir lavándome los dientes.
A cepillarme el pelo.
A ponerme la crema en la cara.
Siempre voy apurada de tiempo. Da igual a la hora que tenga que estar en un sitio. Yo siempre me despisto.
La impuntualidad es algo innato. No puede corregirse. Por eso, cariño, no debes enfadarte conmigo cuando quedemos para ir al cine y yo llegue cinco minutos tarde. No puedo remediarlo y no lo hago con mala intención. Me sale así. ¿Me perdonarás ese defecto?
Yo, a cambio, te prometo desvivirme por ti. Cocinaré recetas exóticas para que digas ¡mmmmm qué delicioso!
Cada noche, mientras me haces la sillita para que durmamos encajados el uno en el otro, yo inventaré un cuento para ti, con las palabras que tú me digas. Si quieres un cuento sobre un calcetín de cuadros, yo te contaré el cuento del calcetín de cuadros que soñaba con ser un calcetín liso.
Los domingos pasearemos por el Rastro. Yo haré fotos en blanco y negro que luego revelaremos juntos llenando nuestro hogar de un mágico olor a química. Tú regatearás a los vendedores de camisetas. También regatearás en el puesto de Manuel, pero en este tenderete lo harás sólo por diversión, por hacerle rabiar.
Manuel es un buen hombre. Puede dar la impresión de ser muy refunfuñón, porque siempre anda farfullando como las lentejas, si te gustan bien y si no las dejas.
Manuel vende vinilos de jazz y dice que lo hace por placer. Pero yo sé que eso es una mentira que él se cuenta a sí mismo para no reconocer la mala tormenta laboral que azota a este país.
Hace mucho tiempo, él era uno de los mejores contrabajos de jazz de este país. Le llamaban para dar conciertos o para acompañar a las grandes estrellas que venían a Madrid. Pero el jazz no es una música de masas y las llamadas empezaron a distanciarse más y más hasta quedar en nada.
Así que, un día, Manuel puso ese puesto en el Rastro. Lo que pasa es que es muy orgulloso y no tolera que nadie le regatee en lo que él llama “lenguaje divino”.
Se pone muy exaltado y echa al que le intenta rebajar algo de dinero. Mientras se aleja, me mira y farfulla tú te crees que regatearle a Charlie Parker, ya no hay respeto ni por los muertos.
Yo me sonrío por dentro. ¿Sabes? No es el ogro que parece. A mí me ha regalado muchos discos, aunque no le comprara ninguno. De tanto en cuando, me alarga un vinilo y farfulla anda, escucha eso, que si no se os aconseja, acabáis escuchando cualquier cosa. Y yo le doy las gracias y él mira para otro lado porque odia que yo vislumbre su generosidad.
Después de charlar con Manuel, iremos a comer de tapas a Chamberí. Te parecerá irreal, pero en ningún sitio del mundo está tan buena la cerveza como en los vasitos que ponen en las tabernas de la glorieta de Bilbao.
Yo empezaré a estar un poco borrachina y me reiré sola sin que tú entiendas el motivo. Pero, igual, me mirarás con dulzura y me dirás que nos vayamos a dormir.
Me pondrás el pijama y me arroparás con el edredón para que echemos la siesta en condiciones. Entonces, querido hombre de mi vida, te tumbarás a mi lado y me acariciarás muy lento la frente. Yo gemiré un mmmmm ¿sabes que te quiero con toda mi alma? Y tú susurrarás muy bajito tss tss duérmete loquita.
Por la noche, prepararemos una tabla de queso y paté. Abriremos un Ribera del Duero y lo saborearemos a sorbitos pequeños mientras vemos una película de Woody Allen o de Stanley Kubrick. Yo liaré un porro y tú halagarás mi técnica. Fumaremos disfrutando cada calada y estrellaremos las miradas borrachas de amor y hachís.
Después, me dirás que nos vayamos a dormir. Pero yo seré muy pícara y te besaré el cuello.
Te lameré los codos.
Te morderé muy flojito los pezoncitos rodeados de bello.
Ya sabes cómo acabará la noche. No te dejaré dormir hasta que no hayamos tenido un par de orgasmos, quizá tres. Nos abrazaremos y nos quedaremos dormidos empapados en sudor y saliva.
A la mañana siguiente, chup-chup chup-chup chup-chup. La casa se inundará con ese aroma tan delicioso.
Te querré, y además muchísimo, porque serás el hombre de mi vida al que ya conoceré.
Finalmente, cuando yo sea una moribunda en nuestro lecho, te diré que te he amado más que a nada en la vida.
Tú contendrás una lágrima y me susurrarás tss tss duérmete, loquita.
Pero tienes que darte prisa, desconocido hombre de mi vida. No nos queda mucho tiempo. Los médicos dicen que pueden quedarme seis meses, un año tal vez. No son capaces de precisar más.
Y yo no quiero irme sin que me hagas la sillita cada noche hasta el fin de mis días. Creo que tengo derecho a conocerte.

Siempre tuya,

la mujer de tu vida a la que aún no conoces.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya, vaya
A mí me apete mucho escribir pero no se me ocurre nada

Eluryan dijo...

Me encanta, como siempre. Que gusto volver al blog, he encontrado hasta el mio, que cosas...