Ansiedad


Al final, no sé muy bien cómo, me he juntado con dos ejemplares de Ray. A Tribute to the Movie, the Music, and the Man. Se por qué. Siempre he sido una ansiosa sin remedio. Además de una neurótica y muchas cosas más, casi siempre taras de fabricación.

Supongo que la razón de que me guste tanto el cine de Woody Allen es que, lejos de ver a sus personajes cómicamente incomprensibles, me reflejo en ellos con la risa amarga de la autocrítica. A mi amigo Aarón le gusta Bergman porque es tan existencial_pesi_mista como él. Y la razón de que a mi amigo Juanqui le gustan los libros de dragones la sabe él y su futuro psiquiatra.

Pues mi ansiedad, mi neurosis, mi perfeccionismo, juntados a mi Tesina, me han llevado a tener dos copias de esta fabulosa joyita. Así que he pensado que, si alguno de los lectores habituales, quiere una copia, sólo tiene que invitarme a una cerveza.

Salud y buen fin de semana.

Con el tiempo, I close my eyes


Con el tiempo, una se va volviendo más prudente. La diversión antigua de meter el dedo en la llaga y moverlo con brusquedad, deja paso a una cierta templanza.

Una ya no pregunta por aquella bicha que le robó el semen a un amigo. Sabe que la farsante que llevaba dentro, en algún momento, se comió el envoltorio intelectual que la rodeaba. También sabe (en realidad lo supo siempre) que no leía a Houellebecq, que nunca se volvió a poner un liguero tras hacerse las fotos con las que calentaría al amigo y que no compartía con Anaïs Nin más que el intento frustrado de proyectar la depresión constante que nunca le perteneció. Y sobre todo, sabe que el amigo trata de no reconocerse a sí mismo que volvieron a venderle un intento de ser La Mujer.

Siempre he pensado que hay cosas que o se tienen o no se tienen, pero no pueden aprenderse. Si uno no nace con gracia, se jode. Pero si intentas ser el "graciosete" del grupo, al final se te ve el plumero mediocre. Si no nace con talento, se siente. Si no naces Gilda, no trates de disimular que nunca fuiste una Ilsa con problemas de autoestima.

Con el tiempo, una aprende a tomar canciones prestadas con las que callar todo lo que falta por decir. Una escucha a Dinah Washington, que es como escuchar a una gacela rugiendo jazz para ocultar su ternura de soul. And through the years / In those moments / When we're far apart / Don't you know I'll close my eyes / And I'll see you with my heart.

Con el tiempo, una sigue encontrándose en las canciones, en las palabras, en las imágenes de otros. Las mismas canciones que, en otros días, nos mostraron diferentes caras del poliedro. Las mismas canciones que nos hicieron ver a Digo, hoy se nos clavan en el Diego.

Pero todo esto viene a que ando escuchando a Dinah Washington, a que me he acordado de que nunca hablé con un amigo de una de sus últimas decepciones y a que, supongo, él sabe que cuando cierro los ojos, estoy con él con body and soul. Es sólo que no siempre es necesario exorcizar en público los pecados cometidos. Al fin y al cabo, todos tenemos los fantasmas de nuestras equivocaciones revoloteando por la sala de estar. No nos gusta que nos digan, "eh, mira, ahí está tu cagada del año pasado". Pero al menos, sabemos que no siempre fuimos brillantes, que ya es mucho. Hay quien todavía se confunde y piensa que hizo una genialidad cuando, en realidad, nadaba entre los vómitos de su propia miseria.

Escuchando The Definitive Dinah Washington

Festivales


Con la nariz pegada a la pantalla del ordenador y con un hilito de saliva escurriéndoseme por la barbilla. Así me he quedado cuando he visto los artistas confirmados en el Festival de Donostia-San Sebastian:

Elvis Costello, Pat Metheny, Chick Corea, Bryan Ferry, Isaac Hayes, Gotan Project, Sly & The Family Stone, Madeleine Peyroux, Neneh Cherry, Marcus Miller, Wayne Shorter, Gary Burton, Brad Mehldau y Horace Andy son algunos de los nombres integrados en esta programación...

Si a esto le sumamos la de Vitoria, que además de a la fantástica Norah Jones trae a:

La leyenda del jazz Ornette Coleman, la joven Concha Buika, el multi-galardonado Dave Holland y el grupo formado por Joe Lovano, Dave Douglas y Stefon Harris son algunos de los conciertos que se verán en Vitoria del 15 al 21 de julio durante el 31 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz.

Y ya, buscando rizar el rizo, nos pasamos por la web del Festival de San Javier, pues sólo me queda lanzar un grito amargo a este espacio que se mueve entre la mentira y la intangibilidad:

Necesito un trabajo, que me de una nómina, que me pague las entradas para este verano, ¡¡¡¡por favor!!!!

Sexo musical (I)



No sé qué tiene su trompeta, pero parece que quisiera oler el color de un suspiro. Se balancea, en un estado de embriaguez lúcida. Te arrastra con ella en un remolino de paz y locura. Te llevas la copa de vino a los labios. No apetece beber sin más. No en presencia de Wynton. De modo que te deleitas en la madera, en la fruta, en ese poso que te reseca la lengua y te explota en la garganta.

No sé qué tiene la postura de sus labios cuando se folla a su trompeta, pero consigue que ella piense que él ha sido su mejor amante. También lo pienso yo, que asisto a su coito como una voyeur cobarde que se esconde tras la distancia de un equipo de música. Cierro los ojos, claro. Le imagino, a Wynton, lamiendo suave, detenidamente, el clítoris de su compañera, deleitándose en los pequeños detalles, en su respiración, en su temperatura, en su contorno. De pronto, el experimentado amante sube el ritmo de su extraño cunnilingus y la trompeta se rompe en un orgasmo acústico. Cuesta aplacar las ganas de vitorear a la pareja. Cuesta callarse tanta belleza y tanta pasión desbocada.

No sé qué tiene esta canción. Pero esta noche se me antojaba como la musicalización de lo único. Será que ando con las hormonas revueltas. O será que, en efecto, he asistido a un polvazo tremendo. Sólo que lo estaban echando un músico y su trompeta. Y si crees que un hombre y su instrumento no pueden practicar sexo, entonces, es que no has entendido nada de todo este mundo mágico que es la música.

Escuchando From The Plantation To The Penitentiary de Wynton Marsalis

Buen rollo etílico

Renato Carosone tiene una canción que es capaz de dibujarme una sonrisa en las caderas. Ayuda, por supuesto, haber repostado dos Santa Teresa con coca-cola. Ayuda también estar en mi sur natal, donde la gente te habla con una ingenuidad encantadora. Pero, de pronto, entrar en un garito y que te pinchen el Tu Vuo' Fa' l'Americano es todo lo que necesitas para sentirte mejor que un croissant untado con mantequilla y mermelada.

¿Acaso si le das al play no se te emborrachan los testículos/ovarios? A mí sí. Y me encanta. Mañana os hablo un poquito más de Carosone. Ahora me voy a tomar otro Santa Teresa frente a una chimenea andaluza, a fumarme un cigarro y a mover la cabecita al son de esta canción.




Se nos van yendo


Un día u otro (pero siempre demasiado pronto), todos los buenos se nos acaban montando en la nave de la parca.

Unos se van entre ataques de risa histriónicos, que debe ser la manera más digna de irse. Aquel David Zimmer de Paul Auster siempre me recordó a Charlie Parker. Zimmer empezaba a descojonarse de la risa una madrugada, viendo en la televisión una vieja película cómica muda. Charlie Parker también estaba deprimido, sin duda. También cargaría el peso sobre su columna vertebral, sobre su sacro y las clavículas, viejas prematuramente, el inmenso drama de sobrevivir a un hijo. Zimmer se descojonaba y, con la risa, encontraba un motivo para seguir viviendo. A Bird se le paró el corazón entra tanta carcajada dantesca.

Ayer leía en el Periódico que también Tony Scott se había comprado el billete para el barquito que zarpa entre niebla y óbito. Según su mujer, el clarinetista que hiciera arreglos para la deliciosa Billie Holiday, que entrara en duelos grandiosos con Charlie Parker o Duke Ellington, no era capaz de seguir luchando contra la bestia del cáncer.

Yo no sé qué homenajes se le pueden hacer a los instrumentos que, de pronto, se quedan un día guardados en un armario. No sé si la trompeta de Louis, si el saxo de Trane o el clarinete de Scott se vestirán de luto, entonarán en silencio su último requiem o, simplemente, se dejarán morir entre polvo y sosiego.

De cualquier manera, ahí va a modo de veneración una última canción de aquel clarinete y aquel músico.

Este verano


Hay tardes tristes, incluso estando en una playa almeriense con olor a cerveza, tapas de cocina y sal marina. Hay tardes en las que se instala un goteo de lluvia cojonera y entonces te buscas un hueco cariñoso en el sofá, con el café post_siesta_de_ocelote_pardo, el cigarro aburrido y el reproductor de mp3 que siempre se queda sin pila en el momento más inoportuno. Gracias a la globalización, o a la afluencia masiva de turistas_inmigrantes, toda localidad española que se precie está plagada de cibercafés en los que echar un euro y, con él, acceder a un rato en el que salivar de pura envidia y deseo.

Todo esto viene a que no sé qué voy a hacer mañana. Si el sol acompaña, enseñaré el culete en la playa. Si no, me meteré en un bar a beber cervezas y comer tapitas (gratis) con las que ensanchar mis posaderas. Pero acabo de descubrir lo que haré, independientemente de los planes con los que el futuro quiera tocarme la moral, el día 21 de julio. Aquí es cuando te entran ganas de descojonarte, por no llorar, de lo que estarán planeando Galapa¿¿¿jazz??? y otros festivales cercanos a la capital del reino. Pero estoy de demasiado buen rollo como para dejar que unos concejales incompetentes me lo jodan.

¿Alguien se apunta a un viajecito a Vitoria?