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Cuando te entra complejo de Murphy (el de la ley)

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En las últimas semanas, los mismos astros que anteriormente se confabularon para hacerme descubrir tesoros musicales, se han unido para demostrarme que son capaces de gastarme muchas "putaítas". La famosa ola de calor sería sólo una página del periódico si yo no viviera en un terrenito que "Super Gallardón" ha decidido convertir en un parque temático de excavadoras, polvo, cucarachas, ruidos y tierra. De modo que, a punto de salir ardiendo por combustión espontánea, me pongo en contacto con una superficie comercial de las de toda la vida, de las de "ya es primavera en", de las que te vieron crecer y en las que viste comprar a mamá desde que llevabas pañales. Pero parece que han decidido adelantar la celebración del día de los inocentes conmigo y me están "guaseando" sobremanera. La inseguridad laboral sólo sería una cosa que le pasa a los demás si, hace unas semanas, mi jefe supremo (que vive pegado a su inutilidad creciente directamente proporc...

Redes, correos y consecuencias

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No dejan de sorprenderme las redes, subredes y contraredes que se van tejiendo en torno a la blogosfera. Un buen día decides crear un blog sobre jazz. Poco a poco, te vas corrompiendo y mezclas en una coctelera esquizoide sensaciones que te provocan ciertos temas de jazz y sensaciones que te causan personas ajenas al jazz. Pero da igual. Todo vale. Y si no, siempre nos quedará el infantil "es mi blog y hago lo que quiero" . Pero no queda ahí. Lo cierto es que a través de Google o de cualquier otro medio, la gente te encuentra, te lee, a veces te comenta (pocas) y en ocasiones recibes un email de un diseñador gráfico sobre el que hablaste, de un lector que te dice que tienes un don para escribir y que le alegras estas tardes de calor y desidia o de un tipo que está trabajando en algo relacionado con el jazz. El más extraño (y maravilloso) fue un mail de un pianista de jazz americano que me pedía consejo sobre qué clubs visitar en Madrid. (Y yo encantada, claro) Hoy he recibido...

Sobre las situaciones jodidas

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Las situaciones difíciles no sirven para casi nada. Sólo para consuelos tontos, el refranero popular, o los chascarrillos de ancianos a los que les confundimos las arrugas con la metafórica sabiduría del paso del tiempo, nos dicen que nos hacen más fuertes, que nos hacen más templados, más sabios. Las situaciones difíciles sólo sirven para golpearnos brutalmente contra una verdad que nunca quisimos encontrar. Nos sirven para quitar los disfraces de amigos a personas que, simplemente, se esconden en una cobardía egoísta y te pasan la mano por el lomo, como si fueras un perro con la peste bubónica a punto de ser sacrificado. Las situaciones difíciles sirven también para darte cuenta de que hay compañeros cojonudos por los que nunca hubieras apostado dos duros. Y también personas a las que quizá nunca debiste idealizar en un peldaño de metacrilato (ya lo decía Woody Allen en aquella escena del infierno en “Desmontando a Harry” ). Saldré de ésta. Seguramente, como dicen los ancianos salpi...

Cuando no puede ser una mera casualidad

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En la película “Maridos y Mujeres” , el personaje de Jack ( Sydney Pollack ), al separarse de su mujer, empieza a salir con una profesora de gimnasia. Woody Allen , que quiere dejarnos claro que es rematadamente tonta y que su único “encanto” es un culo prieto, la pincela como vegetariana y creyente en astrología, horóscopos y todo tipo de chorradas subyacentes. Pero, o la constelación de Venus se ha alineado esta noche con el vigesimosegundo satélite de Urano, o no entiendo qué ha pasado esta noche, ni mucho menos por qué. Quizá debería empezar por el principio (perdonen, siempre vuelvo un poco alunada de los conciertos) Erradizo y yo habíamos quedado en ir a ver a un saxofonista polaco del que no habíamos oído hablar en nuestra vida. Pero el Populart siempre es una opción y nos apetecía descubrir cómo soplan los músicos de Varsovia (aunque a lo mejor éste nunca ha estado en Varsovia). Pero, oh sorpresa, oh estupefacción, oh agilipollamiento facial, el Populart , que no cierra nunca...

Lo bueno

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Lo bueno de vivir en una esquizofrenia vital es que, cuando vienen los "altis", me siento C'est si bon , me siento como si "El Hombre" , al fin, "Fly Me To The Moon" ... Lo bueno de vivir en esta esquizofrenia es que hay días como hoy, en los que todo funciona y encaja, en los que me siento feliz, perdón, Feliz y el jazz se vuelve la droga perfecta (aún más, necesaria) que acompaña en este viaje tan terriblemente "alti". Lo bueno de vivir en esta esquizofrenia existencial es que, a veces, como esta noche, la persona a la que amo me dice que todo empieza a salirnos bien y esta vez decido creérmelo. Y de pronto, el arcoiris por el que llevo arrastrándome casi veintiseis veranos, deja de tener tonos grises. A veces pasa que una se deja el cinismo y la angustia perdidos en las notas de una canción o en los "te quiero" de un hombre. Esta es una de esas noches. ¿No lo oís? Fly me to the Moon ... (Escuchadla, pulsando en el cuadro negro, y...

Y, entonces, nada más existe

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A ti también te ha pasado, lo sé. Si no, no habrías acabado en este blog. Comentaba uno de mis blogueros favoritos, en un post genial , (post que le plagiaré para cualquiera de mis proyectos onanistas o literarios) que él no se fía de la gente a la que no le gusta la música. Yo tampoco. Y, por extensión, no confío en la gente a la que le gusta (o dice que le gusta) cierto tipo de música. No confío en los tontilocos que cambian de gustos a cada temporada, según van variando los número uno de los cuarenta. Yo no podría vivir sin música. O, al menos, no podría sobrevivir sin ella. La vida no es, como dicen Coelho o Bucay (ambos deberían estar muertos), un paraíso para ser disfrutado. La vida tiene sus altibajos. Y aunque hay momentos en los que te sientes el puto centro y otros en los que te esconderías a dos metros bajo tierra, las más de las veces es tediosa, aburrida y temible. Por eso, la música es tan importante. Gracias a ella, me evado y se me dibujan carcajadas. También gracias a ...

Correspondencia pendiente I

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Querida Marilyn Monroe : ¿Quién eras cuando él recogía el reloj de tu mesilla de noche y, tras detenerse en sus agujas con la mirada ya ensayada, te decía “es tarde, nenita, tengo que irme” ? Quiero decir que sé que, unas horas antes de eso, cuando le seducías para que se metiera contigo en la cama, entonces, eras Marilyn . Pero, cuando él se iba de tus sábanas sudadas para meterse a hurtadillas en las sábanas de Jacqueline … ¿quién eras entonces? ¿Eran las entrañas de Norma Jean las que se rompían a pedazos? Necesito que me digas que sí, necesito saber que también tú maldecías ese momento y escondías tu rabia en la sonrisa de rubia tonta. Querida Marilyn , cuando veías que todo el mundo te mitificaba, presionándote para que siempre tuvieras la palabra vacía y la alegría estúpida que contagiara sus mediocres vidas de banalidad… ¿en ese momento, mi querida Norma , no te entraban ganas de aullar el odio que habías ido comprimiendo en tus escasos ciento cincuenta centímetros de soledad? D...