Carta a mi yo del 16 de julio de 2013

Querida yo de hace un año:

Tú aún no lo sabes, pero mañana te despertarás rumiando una idea entre los dientes. Pasarás la mañana buscando información en Google y, después de comer, ya habrás tomado la decisión de empezar a correr ese mismo día. Siempre has sido así, impulsiva. Decides que quieres algo y lo quieres ya, no mañana, no sea que cambies de opinión y te lo pierdas. Le enviarás un mensaje a Loli, asustada, porque quieres empezar a correr pero sabes que no tienes el fondo para hacerlo. No nos engañemos. Nunca has hecho deporte. Subir cuatro pisos a pie por las escaleras siempre te ha supuesto un trauma y te pones de mal humor, de muy mal humor, cuando haciendo turismo has tenido que andar más de la cuenta. No te voy a recordar las cuestas de San Francisco... No eres deportista, nunca lo has sido. En el colegio te inventabas excusas para no tener que darle vueltas al patio corriendo, o te escondías detrás del kiosko para que Doña Toñi no te increpara con su silbato militar. Los días de saltar el potro, curiosamente, siempre estabas indispuesta. Nunca te gustó el deporte o, al menos, nunca le diste la oportunidad de que entrara en tu vida. Toda la actividad que has hecho se reduce a un engaño: andar, bicicleta estática y nadar quince largos mal contados. Tú aún no lo reconoces, pero eso no es hacer deporte. 

Querida yo, aunque aún no lo sepas, te aseguro que mañana estarás entre asustada y excitada. Quieres correr. Sabes que vas a hacerlo. Pero tienes miedo de no poder, de ahogarte, de tener que pararte, de que sea demasiado, de no aguantar, de que se te salga el corazón por la boca... Y de que te guste. Tú aún no lo sabes, pero es que mañana vas a vivir todo eso, no vas a poder, te vas a ahogar, vas a tener que pararte, va a ser demasiado, no vas a poder aguantarlo, se te va a salir el corazón por la boca y vas a terminar tu primera sesión de corredora con un aullido, los mofletes colorados y una sonrisa de oreja a oreja, como aquel día en el que tuviste tu primer orgasmo y querías gritárselo al mundo, pero te frenó esa educación judeocristiana de esconder el placer y la felicidad, como si tuviéramos que sentirnos culpables del goce.


Llevas semanas viendo en Facebook las sesiones de correr (todavía no lo llamas running) que hacen Manolo y Zahara. Las ves y piensas que son unos jabatos, te mueres de envidia y piensas que tiene que ser maravilloso salir ahí y correr durante cuatro o cinco kilómetros. Pero sabes que tú no puedes, porque te sobran muchos kilos, porque nunca lo has hecho, porque te duele la espalda, porque no tienes fondo y porque siempre va a haber una excusa que puedas colocar para justificarte. Todos tenemos siempre un porqué maravilloso con el que engañarnos, con el que disculparnos con nosotros mismos por no dar lo mejor que hay dentro, en algún lugar, esperando a salir. Nuestro yo vago o cobarde es mucho más fuerte que nuestro yo guerrero, así que siempre va a haber un "no dormí suficiente" y un "me duelen las rodillas". Siempre. Este año, además, ha sido un año muy duro. Desde el 16 de julio de 2012 al 16 de julio de 2013, querida yo de hace un año, has vivido en tres países diferentes, has trabajado en dos universidades, has dicho adiós tres veces, has dejado a gente maravillosa, has recuperado 10 kilos de los 25 que llegaste a perder, has vivido el desempleo, has tenido que pedirle dinero a tus padres con la vergüenza devorándote las papilas gustativas. Ha sido un año duro, y te duele la espalda, y te sobran unos kilos, y no tienes fondo, y siempre va a haber una excusa.

Tú aún no lo sabes, pero mañana, nuestra yo guerrera nos va a arrastrar a las dos, a ti y a mí, a Madrid Río con una app en ese iPhone 3GS para empezar a correr. Hablarás con Loli y te tranquilizará, te dirá que nadie empieza corriendo 30 minutos seguidos, que se empieza corriendo un minuto, andando dos, corriendo uno, andando dos... Buscarás información para cotejar lo que te ha dicho y, efectivamente, leerás acerca de los runner-walkers, acerca de diferentes entrenamientos, consultarás aplicaciones para el móvil... Y, entonces, pensarás que tal vez, sólo tal vez, sí puedas hacerlo. Y lo harás, aunque aún no lo sepas.



Querida yo, mañana por la tarde vas a ponerte tus mallas de andar, una camiseta vieja y tus deportivas, las que usas para ir a andar o a comprar el pan. No son unas zapatillas para correr, porque todavía no estás envenenada y no te has enamorado de tus Asics, ni sabes que existen las camisetas técnicas, ni las mallas transpirables, ni los pulsómetros, ni los calcetines de corredor, ni las medias de compresión, ni los sujetadores para evitar el impacto continuado en los senos... Tranquila, ya habrá tiempo para todo eso. Ahora, lo importante, es que sepas que mañana te va a cambiar la vida. Mañana vas a tomar la mejor decisión que has tomado en muchos años y, tal vez, la que más felicidad y cosas buenas te ha traído. Querida yo de hace un año, estoy muy orgullosa y muy agradecida por lo que vas a hacer mañana. Tú aún no lo sabes, pero cuando corras el primer minuto vas a creer que te mueres. No tienes ni idea. Vas a creer que se te va a romper el corazón y vas a acabar ese minuto sin poder remediar un "joder" gritado en mitad de ese paseo que tienes al lado de casa. Una señora mayor se te quedará mirando y te sonreirá, porque sabe que no estás derrochando gratuitamente un lenguaje soez. Sabe que tu yo guerrera ha dejado k.o. a tu yo cobarde. 1-0. Y ese "joder" que has soltado ha sido la constatación de tu victoria y lo que te ha permitido tomar fuerzas para seguir. Y seguirás. Recuperarás durante un minuto y medio y volverás a correr otro minuto más. De nuevo, creerás que te mueres. Hace tres años que dejaste de fumar, pero vas a tener la sensación de que te sube una flema con un repugnante sabor a nicotina. Vas a toser, te vas a ahogar, pero vas a seguir corriendo hasta que suene una musiquita y una voz mecánica te diga algo así como "next interval, ninety seconds walking". Y así una vez, y otra, y otra más, y otra... hasta completar la rutina, tu primera rutina como corredora. 



Tú aún no puedes ni sospecharlo, porque vas a acabar tan reventada que creerás que nunca serás capaz de correr más de cinco minutos seguidos, pero en unos meses estarás corriendo tu primera carrera, cruzarás una línea de meta con tu camiseta de los Tranchetes. Un par de semanas después, créeme, vas a correr diez kilómetros, y lo harás con una amiga increíble a tu lado que te regalará uno de los momentos más bonitos de tu vida. Será en la San Silvestre Vallecana. Diez kilómetros, querida yo, vas a correr diez kilómetros desde el Santiago Bernabeu hasta Vallecas. Chocarás las manos de los niños, habrá gente que te anime, que te grite "vamos, valiente, que ya no queda nada" y sentirás que flotas, que vuelas, que has podido, que eres gigante... Y también que estás cansada, que es 31 de diciembre, que qué haces ahí corriendo en vez de estar tomándote un gintonic con almentras fritas en casa. Sobre todo te pasará cuando llegues a la Avenida de la Albufera y te enfrentes a la peor cuesta que has visto en tu vida. Mirarás a Jane, a quien has tenido a tu lado durante todo el recorrido, y le dirás "No puedo más. I need to stop. I can't". Y ella te dará su sonrisa infinita y te abrigará con un "vamos, podemos, the end is so close". Y será magia, porque querrás llorar, pero esas palabras serán un empujón en el culo que te harán subir el ritmo. 



Durante este año te vas a lesionar varias veces, se te van a caer las uñas del segundo dedo del pie, vas a visitar a fisioterapeutas, quiroprácticos, osteópatas, podólogos... Harás pesas y abdominales para correr mejor. Descubrirás los ejercicios "aprietacarnes" que te pondrán la espalda y las piernas más fuertes para evitar lesiones. Pasarás casi tanto tiempo estirando después de correr que corriendo y, aunque no me quieras creer, te pondrás hielo sobre los músculos por mera precaución, acabarás las duchas con un chorro de agua helada sobre los gemelos, los abductores, los lumbares y el psoas. Lo sé, ahora mismo no tienes ni idea de qué es el psoas, pero dentro de poco lo sabrás y lo estirarás con mucho mimo, porque es un músculo que tiene cierta querencia a la lesión y sin él, no puedes correr, y sin correr, dentro de un año, ya no podrás vivir. 



Querida yo del 16 de julio de 2013, estás a punto de conocer a gente maravillosa a la que quedarás unida por la pasión por el atletismo. Aún no le conoces, pero hay un ángel de la guarda que se llama Fernando y va a entrenarte, a preocuparse por tu espalda, por tus estiramientos, por tus rutinas y hasta por tus desayunos pre y post running. Conocerás a Álvaro, que se convertirá en un pilar en tu vida y en alguien que hace del mundo un lugar mejor. Se convertirá en tu amigo. Como Jane, con quien tendrás mucho en común, pero también correr. Conocerás a Juan, que es un superhombre y un superhéroe de los que persiguen sus sueños y te devuelven la fe en la humanidad, tan guapo por fuera que duele mirarle, tal vez porque su exterior sólo es un reflejo de todo lo bonito que lleva dentro. Conectarás con Beatriz, a quien le darás ánimos para salir a correr, quien te los devolverá cuando estés alicaída y te sacará un sonrisa hablándote de tetas nuevas. El running te unirá más aún a gente que ya está en tu mundo, pero con la que ahora tendrás una conexión todavía mayor, como Natalia, Loli, Mar... También a tus compañeros y amigos de la UNED, que te apoyarán, te escribirán para decirte que quieren seguir tu camino y que, sobre todo, te darán el aliento cuando te falte. María, Rocío, Susana, Hu An, Alex, Juan Luis, Joséan... Tantos (siempre hemos sido una tía con suerte). Sin duda, correr te unirá un poco más a Zahara, esa amiga-hermana-cómplice, con quien has vivido muchos momentos y personas en común desde hace más de quince años. Incluso, aunque ahora no te lo puedas ni imaginar, te hará de liebre y lazarillo en una carrera, consiguiendo que superes tu marca personal, animándote durante cada metro y enseñándote que, a veces, es más importante sostener una mano y empujar el culo de una compañera para que no se quede en el camino que batir tu propia marca. Tanta felicidad vivirás junto a Zahara aquel día que, una semana después, tú harás de liebre y lazarillo para una chica que llevará unos meses corriendo y que, al terminar la carrera, te dirá que sin ti no lo habría hecho y se habría parado. Y llorarás, por dentro, de pura felicidad.



Querida yo, tú aún no lo sabes, pero el año que viene por estas fechas estarás pensando seriamente en hacer tu primer triathlon, pesarás dieciséis kilos menos que ahora, correrás tres o cuatro días por semana, le estarás escribiendo una carta a tu yo de hace un año para decirle que, gracias a ese momento de valentía que está a punto de vivir, hoy eres mucho más feliz. Querida yo, mañana te convertirás en una runner princesita y guerrera. Felicidades y, sobre todo, gracias.

Querida yo, esta última foto es lo que vas a hacer mañana, en tu primer día como corredora. Ole

Limpieza de armarios

Hacer limpieza de armarios tiene más de placebo curativo que de limpieza. 
Meter en cajas pantalones, camisas, sujetadores y pijamas que te mantienen clavada a un ayer al que no quieres volver. Hacer limpieza. Aunque sólo sea para seguir avanzando.

1

Dejar en los cajones sólo lo necesario, sólo ese pasado de sonrisas sinceras y mimos melosos.
Aunque sólo sea para seguir creyendo.


2

Hacer limpieza de armarios tiene más de metáfora que de adiós "post temporada pasada de moda".
Hacer limpieza de armarios, de ayeres y de fantasmas.
Algún día tendré que buscar en Google, que todo lo sabe, cuál es la mejor estación para hacer limpieza de humanos y de palabras.
Aunque sólo sea para seguir avanzando.





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1. Lo del fondo es ropa para donar a gente que la necesita. Pero la rebeca que tengo ahora entre mis manos, rota y desteñida por el tiempo, se queda conmigo. No me desprendería de ella ni por todo el oro del mundo. Era del primer hombre de mi vida. Todos los inviernos me la pongo para estar en casa y siento que el olor de mi abuelo sigue habitando en cada hilo, protegiéndome como siempre hizo en vida. Ay, abuelo...
2. Esta camiseta se vende aquí. Y sí, pronto vivirá en unos de los cajones de mi armario.