In a Sentimental Mood



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Charlie Parker terminó de tocar su How High the Moon al tiempo que la mujer terminaba su copa de vino. Se deja beber, se dijo en voz alta mientras miraba la etiqueta de la botella donde se leía “Los Boldos. Cuvée Tradition. Shiraz 2009”.

Dejó la copa sobre la mesa y sintió ganas de fumarse un cigarro. Hacía ya tres años que había dejado de fumar y, sin embargo, de tanto en cuando, sentía el deseo de encender un cigarrillo. Casi podía sentir el idealizado sabor del tabaco en su boca. Olía, mentalmente, un aroma que creía asociar a su marca habitual de cigarrillos. Cerró los ojos y terminó de saborear aquel pitillo ficticio que, todavía, luchaba por no convertir en real. Se puso de pie y fue hacia la estantería donde guardaba sus discos. Su madre le había dicho mil veces que se los llevara de allí, pero mil y una veces ella le había prometido hacerlo más tarde, otro día, cuando tenga tiempo.

Cogió el disco Duke Ellington and Jonh Coltrane, uno de los amores verdaderos de su vida, y lo llevó hasta el viejo gramófono de su abuelo. Puso la primera pista, In a Sentimental Mood y salió a la terraza. No había salido allí desde hacía mucho tiempo. No recordaba con exactitud cuándo, pero sabía con certeza que fue antes de que su madre decidiera arrojarse al vacío desde esa misma terraza.

Continuará...

San Javier


Es tan difícil no enamorarse y reenamorarse año tras año del Festival Internacional de Jazz de San Javier...

How High the Moon


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Ben Webster acababa de tocar Over the Rainbow solo para ella. O, al menos, eso le gustaba imaginar cada vez que ponía un disco en aquel gramófono heredado de su abuelo. Su abuelo había sido su dios y su gigante. Más que eso. La sonrisa en la que acunarse y la mirada en la que recuperar el equilibrio. Abuelo, te echo tanto de menos, pensó mientras ponía un disco con la leyenda Charlie Parker Quintet Live 1948.

La mujer --hacía ya años que había dejado de ser una chica, aunque ella siguiera pensándose una jovencita necesitada de consejo, beneplácito y protección-- se llevó la mano al rostro. Se acarició la comisura de los labios y después el párpado derecho. Aquella misma mañana se había visto en el espejo una pequeña berruga y, un poco más arriba, su primera arruga. En ese momento, Charlie Parker tocaba -solo para ella- How High the Moon. Cerró los ojos y sonrió. ¿Te acuerdas, abuelo, de cuando me cantabas "quisiera ser tan alta como la luna"? Te reías, y yo hacía como que me enfadaba. Pero era imposible no caer contagiada por tu risa.

Volvió a tomar la carátula de aquel disco, pasando el dedo por las letras que formaban la leyenda Charlie Parker Quintet Live 1948. Se detuvo en el 1948. En ese año, tu hija solo tenía dos años. ¿Tendría ya, entonces, tanta rabia y tanta ira aquella niña, abuelo? ¿La miraste alguna vez y te cortaste por sorpresa con sus ojos de hielo afilado? Abuelo, ¿cuándo supiste que tu hija sería infeliz hasta el último de sus días?

Continuará...

El camino de baldosas amarillas



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El camino de baldosas amarillas ha resultado ser demasiado largo. Y los zapatitos de charol rojo no funcionan por más que los golpee el uno contra el otro. Chas chas. Nada. Solo consigo hacerme daño. Chas chas. Ya tengo una rozadura en el talón. Chas chas. Nunca llegaré a casa, porque el Mago de Oz, que me espera al otro lado de estas infinitas baldosas amarillas, se ha cansado de esperar.

Continuará...