Treinta

Hace treinta septiembres que vine al mundo.

Mi madre se balanceaba entre el miedo, el dolor y la esperanza.

Mi padre fumaba un cigarro tras otro esperando que, esta vez sí, fuera una niña.

Mi hermano, que aún no había cumplido cinco años, temía que le arrebataran la corona de la casa, aunque también estaba impaciente por conocer a su cómplice y compañero/a.

Su trompeta, sin saber por qué o para quién, entonaba, a esa misma hora, esta canción. Él ni siquiera sabía que, treinta años después, el motivo de su trompeta esa noche, aún seguiría amándole/a y echándole/a de menos.

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