El primer día...



Puede ser. Ojalá. Cruzo los dedos e intento contener mi risa nerviosa.

El jueves hemos quedado en casa, Juan, Claudia y yo. Apuntad esos dos nombres nuevos. Vamos a dar mucha guerra, ya lo veréis.

El jueves beberemos cervezas, vino y ron. Escucharemos algún disco de Duke y algún otro también de Stan. Anotaremos protocolos de actuación, deadlines, tormentas de ideas, elegiremos un nombre... Y, cuando por fin nuestro proyecto vea la luz, recordaremos este jueves como el primer día del resto de nuestra vida.

No quiero gafarlo y por eso no puedo decir nada más. Pero, por favor, por favor, por favor, cruzad los dedos por mí e invocad a Miles, a Louis, a Chet, a Charlie y a Billie para que, desde el olimpo en el que están haciendo una jam ahora, el jueves, se acuerden un poquito de Juan, de Claudia y de mí.

Pd. No podéis imaginar lo feliz que estoy.

Una de esas noches

Para Roberto, al que quiero mucho.




I

No sabes por qué, pero a veces dejas que "nos vemos pronto" se convierta en "han pasado más de tres años".

La última vez que vi a Roberto, el Bogui seguía alegrándonos la vida, no había un niño que ha cambiado el nombre de los miedos y de las ilusiones, ni había un anillo en mi mano derecha, ni una trompeta esperando un profesor indulgente, ni una caja con la colección completa de Los Soprano en la estantería de mi salón.

La última vez que nos vimos, debimos despedirnos con un "hasta el próximo". Pero el próximo siempre nos venía mal a los dos. Y así fueron pasando cumpleaños, navidades, agostos y programaciones mensuales del Populart.


II

Manolo (ya lo he dicho muchas veces) es una de esas personas a las que quieres pegarte muy cerca para ver si se te pega algo, aunque sea por ósmosis. Por ejemplo, cuando te recomienda una canción, buscas al grupo y te bajas todo lo que puedes. Y así con todo. Pues bien, Manolo me dijo una vez que no desperdiciara mi tiempo ni mis pasiones hablando de las cosas que no me gustan. Por eso, anoche, a las 22.20, había decidido que, esta vez, tampoco escribiría un post. Pero también he dicho alguna vez que cuando la música quiere que la encuentres, la constelación de Venus se alinea con el vigesimosegundo satélite de Urano y, juntos, confabulan contra ti.


III

El concierto había empezado poco después de las 21.00. A las 21.15 ya estaba resoplando pensando en los 60 euros que habíamos tirado a la basura. Me acordaba del Hombre, que me había dicho "debe ser muy importante el concierto al que vas a ir, han estado hablando en la SER de él". La SER, El Mundo, Telemadrid... Todos juntos habían trabajado para que, esa noche, el Teatro Fernán Gómez estuviera a rebosar de collares de perlas, alfileres de corbata de platino y demás fauna. A las 21.30 la gente ya se había vuelto loca. Aplaudían hasta quemarse las manos y algún valiente hasta volvía a una juventud perdida alabando a gritos. A cada aplauso, yo me iba encogiendo en mi sillón negro de piel buena (es lo menos que podía instalar el Teatro para poder llegar a su target deseado). Los músicos habían decidido convertir el tópico del solo en jazz en axioma. La banda eran seis músicos coleccionando solos. Me aburría (tanto). Roberto y yo llevábamos más de tres años sin vernos. Sin embargo, hubo un momento, ante un derroche de aplausos, en el que nos miramos, sin decir nada. Los dos nos sentimos igual de pequeños, igual de desubicados, igual de confundidos. Nos sonreímos. En ese momento, ya no habían pasado tres años, ni había un niño de diferencia, ni un anillo nuevo en mi mano derecha. En ese momento le hubiera soltado un abrazo de los que hacen daño de tanta fuerza. Porque en ese momento, me sentí, otra vez, c'est si bon.


IV

Mis planes eran tomar un vino rápido cerca del Teatro y marcharme a casa. Había sido un día duro y yo sólo quería ponerme el pijama y enterrarme en mi sofá. Pero, cuando terminó el primer bis (nos fuimos enseguida ante la amenaza de un segundo), Roberto me lanzó esa mirada que lo puede todo. "¿Qué hacemos?". Mis entrañas contradijeron mi cansancio y hablaron por mí. "Podemos ir al Populart, peor que esto no va a ser".


V

En el Populart, como siempre, no cabía una aguja de coser. Algo tiene este sitio por el que no me importa adoptar postura de ficha de tetris durante horas. Luego me duele la espalda, los brazos y el culo. Pero en mi tierra se dice mucho eso de que "sarna con gusto no pica". ¡Y vaya gusto!
En la puerta, un cartel escrito a mano con rotulador de color verde.
PEACHES STATEN BLUES BAND


En la web, leo.
Esta cantante bluesera de Chicago Interpreta desde el blues rural del delta del Mississippi a los ritmos mestizos de los pantanos de Nueva Orleans, pasando por la jug music, el soul de Memphis y el blues electrificado de la ciudad de Chicago.


En mis caderas, hoy, queda la resaca todavía de no poder parar de bailar en menos de treinta centímetros cuadrados.


VI

Escuchar buen blues, para mí que soy una iletrada absoluta, es como verme de pronto atrapada en un tsunami de emociones, todas ellas cojonudas. Anoche me reí a carcajadas, me puse cachonda, me mordí los labios hasta casi hacerme sangre, me faltó el aliento y a mis piernas le faltaban diez centímetros con los que poder disfrutar del placer del voyeurismo. De tanto en cuando, me pegaba a Roberto. Me acercaba a su oído izquierdo y le decía "¡Qué grande!". Él sólo sonreía y me miraba con esa mirada que lo puede todo.


VII

Hace 24 horas que volví a ver a Roberto en la puerta de un Teatro elegante de Madrid. Será la segunda función de la noche (y la tercera, que en el Populart siempre hay doblete), será que es un tío cojonudo, será la resaca en mis caderas. Pero me muero de ganas de que llegue el próximo concierto.