Regalos para fin de año

Ha sido un gran año después de todo. Me convertí en la señora del Hombre. Y él se convirtió en el señor de una chica a la que le gusta el jazz.

Le regalé un disfraz de Peter Pan a mi sobrina_ojito_derecho. Quizá porque algo dentro de mí no quiere que crezca nunca. Quizá porque sus nervios poniéndose el disfraz me agarraron algo dentro de las entrañas que se parecía a esa Felicidad en mayúsculas con los que todos hemos soñado tantas veces.

Conocí La Ciudad (o Nueva Orleans) y desde entonces tengo un ojo constántemente mirando ofertas de trabajo, vuelos y hoteles en esa ciudad.

Recibí un regalo precioso de mi alma gemela que todavía no he contestado (él sabe perdonarme la espera, seguro).

Obama me devolvió la fe en un país al que amo y odio a equilibrios iguales.

Hubo cosas malas, como que H. se vaya de mi lado y ya no vaya a estar para guiñarme un ojo de soslayo. Pero no quiero acordarme ahora de eso.

Ha sido un gran año. Y eso es lo que quiero llevarme hoy a la boca. A mí me queda poco que añadir. Sólo quiero haceros dos regalos para que recibáis este 2009 con el mejor swing posible.




Este regalo lo encontraréis aquí



Y este otro aquí

So what!


Mientras escribo esto, mi nueva emisora de radio on-line llena mi pequeño puesto de trabajo.

Los compañeros de trabajo, como los de cama, pueden llegar a sorprenderte. Al final me hice amiga de un compañero de la rama informática con el que empecé con un esguince de tobillo izquierdo. Después de un tiempo, después de observaciones y silencios, llegó un día una mirada cómplice. De ahí, un café, una confesión y un regalo: me puso altavoces en mi ordenador laboral.

Mucha gente podría no entenderlo. Pero ese día, además de un regalo cómplice, me salvó un poquito la vida y las ganas.

Mientras escribo esto, Freddie Hubbard le sopla a su trompeta You're my everything. De vez en cuando, uno de mis superiores más inmediatos sale de su refugio y se detiene a mi lado. "¿Qué suena?", añade con cierto tono crítico. Pero yo disimulo ser rubia natural y añado, "Freddie Hubbard, un trompetista de jazz". Y entonces se vuelve con cierta sensación de derrota a su lugar, intentando averiguar en qué momento dejamos de confundir respeto con miedo y les perdimos (a todo su clan en general) la obediencia estúpida. Otras veces es menos sutil y, directamente, dispara un "¿Eso no está demasiado alto?" Entonces, lo bajo un poquito hasta que regresa a su refugio. Después, sin más, vuelvo a recuperar ese poquito de volumen que me quisieron robar.

Mientras escribo esto, Mafalda me saluda desde la CPU. He tuneado mi escritorio con sus viñetas. En primer lugar, porque me dan mejor rollo que la lista de tareas que adornaba antes mi zulo. En segundo lugar, por si alguien capta el mensaje subliminal. En tercer lugar, porque ya me dan igual bastantes cosas. Tengo unos altavoces, tengo a Mafalda, tengo a Hubbard y una mirada cómplice con las pocas personas que me interesan de esta pajarería. Lo demás... So what!

Acción de Gracias


Me dispongo a cocinar una cena de Thanksgiving. O al menos, a intentarlo.

Tengo el pavo para hacerlo glaseado a los arándanos (vale, eso no es exactamente pavo de Acción de Gracias), tengo la calabaza para hacer un pastel y... Me falta un disco especial Thanksgiving.

So-co-rro. ¿Alguien puede ayudarme?

Over and out

Un regalo




Sé que de un tiempo a esta parte, apareco por sorpresa y después vuelvo a desaparecer durante demasiados silencios. Sé que he intentado dar una y mil explicaciones. Sé quiénes estáis ahí a pesar de que me quede callada. Sé que sabéis que tengo uno y mil discos que compartir. Lo he dicho ya muchas veces. El alcohol, la música, el sexo, los vicios en general... saben mucho mejor bajo la lumbre compartida.

No sé cuánto tiempo va a durar esta desidia de aparecer para volver a quedarme callada. Pero hoy no quería (no podía) irme a la cama sin poner este disco con el volumen bien alto. De alguna manera, me gustaría que su sonido llegara a Zaragoza, a Tarragona, a un piso cerca de Embajadores, a Mexico... A todos esos lugares en los que habita una persona que, de tanto en cuando, esboza una sonrisa al ver un nuevo post en este espacio. Y tampoco quería (ni podía) irme a dormir sin regalaros esta joya.

Pd. Otro día hablaré de la grandeza de rapidshare, megaupload y otros servidores de descarga directa.

Marchons, marchons

Escribía Maruja Torres en el dominical de El País:

La Marsellesa es la más bella canción de amor de largo aliento. Algo así como el resultante de mezclar en una coctelera Le Temps de Cérises, Plaisir d'Amour y el grito de Marlon Brando-Kovalsky ("¡Stellaaaaaa!") en Un tranvía llamado Deseo. La humanidad, humana en su deseo animal y dignísimo de libertad, igualdad y fraternidad, con un poco de buen sexo practicado a cualquier hora y sin curas de por medio.


Una lee a la Torres, que es algo así como la mujer con la que un día soñé un llegar a parecerme, y se queda, cuanto menos, pensativa. Y después se acuerda, cómo no, de la única escena que de verdad me hace llorar en Casablanca. A lo mejor es por ser hija de quién soy, o por haber sido alumna de quien lo fui, pero aquella batalla lírica que ganan "los buenos" siempre me hizo llorar, sobre todo desde que vi a mi padre enjugarse el llanto de la garganta en esa escena. El resto, sólo hace que me suba la rabia desde los intestinos. En casi todos los planos de Ilse, por poner el ejemplo obvio. Una se enerva, metería las manos en el televisor, aun a riesgo de cortarse con el cristal o de electrocutarse con la corriente, sólo por el mero placer de asfixiarla con mis propias manos. Ilse es tonta hasta la náusea. Y sólo de escribir este párrafo ya me cabreo. En cambio, Rick/Humphrey se merece todos los suspiros y todas las palabras de amor que sea capaz de escribir a lo largo de mi vida. La una es un reno o una gallina, que de tontos que son sólo se puede esbozar una sonrisa compasiva al pensar en ellos. El otro es un gato montés con gabardina y tabaco.

Así que una no llora (ni lo intenta) cuando Ilse se va con el héroe Laszlo. Sólo desea que se caiga subiendo las escaleritas y se rompa la cadera. Sin embargo, en aquella otra escena de Casablanca, una se sujeta las piernas para no ponerse en pie y gritar sin escatimar en pulmones:

Aux armes citoyens!
Formez vos bataillons!
Marchons, marchons,
Qu’un sang impur abreuve à nos sillons!


Escribía Maruja Torres que La Marsellesa es algo así como la más bella canción de amor de largo aliento. Lo decía en relación a los abucheos de los jugadores magrebíes al himno de la Selección Francesa. Lo hacía desde el enfado y la incomprensión hacia la estulticia humana. Sin embargo yo ni me irrito. Si todos tuviéramos una Marsellesa, ni siquiera nos preocuparían las declaraciones, si no estúpidas al menos sí fuera de contexto, de un símbolo que al parecer ya ha aprendido a hablar español. Si todos tuviéramos una Marsellesa que enseñar a cantar a nuestros sobrinos, cuando menos, saldríamos a la calle con la cabeza un pelín más alta. Claro que entonces una se pone un poco pesimista. En Francia, la Piaf puso al límite su quebrado hilo vocal en la más bella canción de amor de largo aliento. En nuestro país y en el mejor de los casos, Manolo Escobar se habría encargado de embadurnar escatológicamente nuestra particular Marsellesa. Casi mejor, entonces, tener un himno (que es muy feo) sin letra.






Otro enfado más


Habéis colmado el vaso.
Todos los años me enfado, pataleo y, después, os insulto a través de este blog.
Pero, como un pequeño borrego, acabo acreditándome o comprando una entrada (o varias).

Sin embargo, este año habéis colmado mi paciencia. Ya no. No me mandéis más correos, no me pidáis que cubra a ningún músico para ningún site. Este año, os podéis meter vuestro jazz (que intenta ser más elitista que jazz) en el lugar que mejor os siente. Una cosa es la hipocresía y otra muy distinta ser un hijo de puta (con todas las letras y todas las mayúsculas). Primero me cerráis el Bogui (cuántas noches, cuántos recuerdos, cuantos acordes poniéndome cachonda...) y unos días después intentáis venderme que el Ayuntamiento de Madrid está muy involucrado con el jazz... ¡Que os den!

Este año, si necesito ver un concierto, me iré a los clubs que aún me dejáis abiertos. Y si no, me cojo el coche y me subo a Zaragoza. Está más cerca de mi paraíso que vuestro infierno. (Gracias, Javier)

Espérame en el Cielo


Banda sonora del post









El otro día se nos fue William Claxton, el hombre que me demostró que, para hacer jazz, no (siempre) es necesario tener un saxo, un piano o un contrabajo entre las manos.





Claxton cogió un día su cámara y se echó a andar. Imagino que antes de aquello pensó muchas veces en la manera de hacer jazz sin tocar un instrumento. Quizá hasta compró (como yo) algún libro para aprender a tocar el saxo. Tal vez, también como yo, se frustró mil veces al saber que nunca aprendería a hacerle el amor al complicado instrumento. ¡Qué desagradecido es, por cierto, el saxo! Basta con no ser Charlie Parker o Stan Getz para que de su boquilla salga la queja más atronadora y estridente. Entonces uno y una se sienten los peores amantes del mundo, casi un violador desalmado. Así que guarda el libro, deja el saxo por imposible y se echa al camino con su cámara de fotos.




Gracias a Claxton, como ya he dicho, descubrí que se puede hacer jazz de otras muchas formas. El lo hacía en b/n y en color. Woody Allen lo hace mejor con la tragedia que con las risas arrancadas. Antonio Muñoz Molina le pone caligrafía y mi sobrina favorita lo ha encerrado para siempre en su mirada.




También yo intento hacer jazz con lo que se me antoja pertinente. Cuando me meto en la cocina, cuando escribo en esta bitácora improvisada o cuando le regalo a mi gente una canción con la que irse a la cama.




Con mis libros metidos en cajas, para la que espero será mi última mudanza, incluida alguna obra maestra de Claxton, sólo se me ocurre pedirle al fotógrafo-maestro-jazzero que me reserve un asiento junto a Chet Baker. Estaría de puta madre que el día que viaje a ese lugar (a todos nos va a tocar algún día), Chet me susurre en su trompeta aquel All The Things You Are.

Nuestra hija Paulita

A falta de ganas de comprar "sacaleches" o preparar biberones a las tres de la madrugada...

A falta de ganas de incorporar al vocabulario las expresiones "tienes cacotas?", "eso no se hace" o demas... El Hombre y yo nos hemos comprado, por nuestra honeymoon, una Paulita. Es la ninia de nuestros ojos. No es preciosa?



En breve, podcast con jam sessions ;)

Segundo telegrama

Los buenos conciertos, como las buenas peliculas o las buenas comidas, te encuentran a ti. Da igual el tiempo que repases la cartelera, si algo bueno tiene que pasarte, te encontrara por sorpresa.

Ayer estuve viendo a este tipo:



Para todo aquel que sepa que es una Gibson, sabra que es una Les Paul. Este senior es el responsable... Casi nada!!!

Y el dia 1, para acabar la luna de miel:



No es maravilloso New York???

Sadness and Jazz


Desde la Gran Manzana, a punto de conquistar otra vez el Village Vanguard, el Blue Note y el Birdland...

Desde la ciudad en la que debeis buscarme si alguna vez me da por desaparecer, un momento de rabia y tristeza:

Joder!!!!
Por que siempre se nos tienen que morir los buenos???

Postal rapida desde New Orleans


Esta carta rapida no lleva acentos. No puede llevarlos porque el teclado desde el que escribo es made in USA o (made for USA).

Este hola lo escribo desde New Orleans, La Ciudad.

Siempre pense (algunos lo sabeis) que NOLA era la ciudad de la musica. Pero no es asi. No es la ciudad donde siempre suena jazz y donde los musicos playing for the tips. Nueva Orleans, mas que nada, por encima de todo, es la ciudad del buen rollo. Hasta los costras tienen un Hi, how are you para alegrarte el dia.

Ahora, en un rato, me voy al Preservation Hall.

Esta solo es una postal rapida sin acentos desde La Ciudad. Prometo, dentro de unos dias, detenerme en la boda, en la honeymoon, en Nueva York y en como miro embobada, fantaseando, los letreros de "For Sale" en las casas del French Quarter.

Para dejar constancia


Como me gusta que me lleven a la luna, volando si hace falta, el hombre y yo vamos a grabar "In other words" en la alianza, que tiene mucho más sentido que un nombre, una fecha o una frase con el significado caducado de tanto usarla.


Como creo que aquel poema de León Felipe debería sustituir a los crucifijos de todos los cabeceros de cama y a los reyes de todas las aulas, le he pedido a H. que lea/escriba/improvise algo en la ceremonia civil. En realidad lo único que quiero es dejar constancia. Las relaciones humanas son tan complicadas y frágiles, tan llenas de desvíos y carreteras secundarias, que un día eres la persona más importante en la vida de otra vida y, al siguiente, al aparecer tu nombre en su pantalla de cristal líquido de un teléfono de tercera o cuarta generación, el único pensamiento es "¡Qué coñazo de mujer!" y su única acción pulsar el botón silenciar.


Por eso le he pedido a H. que lea/escriba/improvise. Yo sé lo mucho que he llegado a admirarle/respetarle/quererle. Pero los días, los espacios, los ciclos humanos y los extraños compañeros de nómina (más que los de cama) pueden hacer que un día ambos olvidemos lo mucho que he llegado a reírme/flotar/hipnotizarme por/con H. A veces, también me he enfadado como una loba ante un peligro para sus lobitos. O como una zorra ante un depredador/cazador que pretende disparar a uno de los suyos. H. es de los míos. H. me desnuda poemas de García Lorca. H. me hace reír y también hace que mi vida sea un poco (o un mucho) mejor. Por eso quiero dejar constancia en una foto que hará un señor que soñó un día con crear la foto del miliciano muerto o capturar el beso más famoso/mentiroso del mundo. No sólo del momento de afirmar sin dudas (pero sí con miedos), no sólo de haber grabado "In other words" en mi alianza, no sólo de tener a la sobrina más lista del mundo... También quiero que el fotógrafo capture lo mucho que he llegado a admirar/respetar/querer a H.

Con indiferencia, hoy me ven volver




Volver - tatareaba mi abuelo al volver del infierno.
Volver, con la frente marchita - le canturreaba mi padre a mi madre con la utópica ilusión de que ella le dijera, sin ningún por qué un te quiero.
Volver con la frente marchita,las nieves del tiempo, platearon mi sien, sentir que es un soplo la vida - canta Gardel hoy, en esta sala, en esta noche.

Volver. Hay dos tipos de personas, las que vuelven y las que no. Las que cierran la puerta y las que la dejan entornada. Las que dicen adiós y las que susurran un hasta la próxima. Las que olvidan y las que recuerdan. Las que guardan con nostalgia todas las carpetas que forraron con carátulas de la revista de Discoplay (descanse en paz) y las que no acumulan ni pelusas por los rincones...

Volver. Yo creo que las personas que nos vestimos por los pies tenemos que volver siempre, sin miedo al ridículo, sin temor al tropiezo.

Volver. [Sigo esperando tu regreso]

Volver del cielo, de la sal en el pelo, del Jazz Samba de Stan Getz y Charlie Byrd en un Ipod a la orilla del mar, de la organización a ratos de un enlace. Casi está todo preparado. Los billetes de avión y el hotel en La Ciudad (aunque ande estos días rememorando el temor del Katrina). La lista de canciones que sonarán para mis amigos. Los pongos. El vestido. Los zapatos con 13 cms de tacón (aunque sólo sea para creer que se puede tocar la luna con el borde de las pestañas). El vino elegido. El postre. (El "repostre" será improvisado, que en cuestiones seximentales los planes siempre son para mal).

Volver a este blog, al que empezaban a salirle telarañas.

Volver. Aunque sólo sea para compartir otra de esas cosas que me dibujan una sonrisa en las caderas. Al fin y al cabo, a eso fue a lo que vine, hace ya tres años y un día.

Necesitando esa gota de cerveza...


Tengo una compañera de trabajo que se ha hecho budista de medio pelo. En realidad, sólo es budista cuando un/a cabrón/a con pintas le hace alguna judiada (nota: ¡joder con las connotaciones del lenguaje!). Entonces, en lugar de mentarle a la madre que le parió (y hacerse ella mala sangre como acción colateral), le dice, desde su lejanía, "te perdono porque soy budista". Es otra forma de decir "eres imbécil como definición, que no como insulto, y te voy a perdonar porque ya bastante tienes con lo que tienes".

Almond me recordó el otro día, en un comentario inocente, tres días en los que me hice mucha mala sangre a mí misma. No quiero seguir hurgándome en la herida, porque ya no me queda saliva con la que curarla. Pero ya sabéis, Telentrada, saturación de líneas telefónicas, rellamadas constantes, mi dedo a punto de perder su huella dactilar, más saturación de lineas..., ergo entradas agotadas.

Entonces no pude decirle a la señorita que me atendió (¡¡¡TRES DÍAS DESPUÉS!!!) que la perdonaba porque yo era budista. Entre otras cosas, porque no lo soy. Bastante tengo con soportar la etiqueta conferida por un rito bautismal que no pedí...

Estamos en julio, con un calor que me derrite las neuronas. Me voy a hacer una camiseta que diga "Háblame despacio, soy rubia", porque me quedo muy aplatanada cuando tengo que subir a mi puesto de trabajo después de comer a la solana de Madrid. La desidia, la astenia, las ganas de una playita y de esa arena que se te cala por la piel, por los muslos y hasta por los senos. La necesidad de chuparme el brazo y que sepa a sal recién cogida. Mi reino por esa gota de cerveza (¡esa bendita gota de cerveza helada!) que se desliza desde la jarra congelada a tu barriga en el primer chiringuito con la que estrenas las Vacaciones y el Verano.

Y aunque quedan aún muchos días para perderme en una cala del sur, tengo unas cuantas alegrías para seguir sobreviviendo:

- Manolo ha vuelto (y sólo por eso valen la pena todas las esperas del mundo)

- Staccato está sano y salvo en casa (cuando vuelva a tener Emule, prometo compartirlo)

- Me ha llegado una camiseta que alimenta mi consumismo melómano.

- Y, además, me he comprado a Miles y a Bebo por 3€ en una superficie comercial. No sólo eso. También a Clapton (que lo tuve un día, lo dejé y nunca volvió conmigo), a The Commitments (nota: tengo pendiente un salmo a esta película), a Nat y a Nina por 4€. (O el mundo se acaba o he vuelto a hacerlo). En cualquier caso, seguimos on the road.

Johnny Staccato



Mi última obsesión se llama Johnny Staccato, una serie de 27 episodios realizados entre 1959 y 1960.

Gracias a (o por culpa de) Abdessamed Sahali, y más concretamente a su libro Series de culto. El otro Hollywood, descubrí que John Cassavetes había protagonizado la serie Johnny Staccato.

Así, a priori, tampoco parece nada del otro mundo. Otra serie más. Será por series...

El caso es que John Cassavetes estaba arruinado tras el rodaje de Shadows cuando Dick Berg (guionista y compositor) le ofreció interpretar a Johnny Staccato. Se trataba de una serie a medio camino entre la estética de la Nouvelle Vague y la filosofía del cine negro. Eso sí, salpicada (a borbotones) de jazz (de buen jazz).

Cassavetes debía interpretar a un pianista de jazz que pasaba las noches tocando en un local de Nueva York y que, para llegar a fin de mes, se pluriempleaba como detective privado en casos relacionados con el show-bussiness.

Pero si todos estos argumentos no eran suficientes para que me volviera loca de deseo y desesperación, aún encontré tres datos más para alimentar mi locura. El primero, quizá el más cinéfilo, que el propio Cassavetes dirigió unos cuantos episodios de la serie. El segundo, el más relacionado con el amor al jazz, que Elmer Bernstein (El hombre del brazo de oro, Matar a un ruiseñor, Cómo ser John Malkovich, Lejos del cielo...) se encargaba de las partituras. El tercero, el más personal, es que dicen que John Cassavetes se lo pasaba como un enano en las jam de jazz que rodaban para la serie. Es verdad, o eso dicen, que él no sabía tocar un carajo y se refugiaba/escondía en el talento de los demás miembros del grupo televisivo. Sin embargo, siempre he pensado que la única forma de hacer algo bien es pasárselo de puta madre. Esto es aplicable a absolutamente todas las cosas que podemos hacer como seres humanos: trabajar, cocinar, beber, leer, estudiar, follar, salir, ver cine, pensar, tocar... Además, si lo que hacemos tiene alguna relación con un público, se convierte ya en un axioma. Si a mí no me pusiera darles clase a mis gringuitos, explicarles por qué el cine español es como es o por qué la publicidad de este país gana tantos premios, ellos nunca me escribirían mails desde Estados Unidos diciendo "Everyday I miss you more and more" y a mí no se me encogerían las entrañas en una lágrima maternal/femenina.

Así que si Cassavetes se lo pasaba como un titán toqueteando el piano, yo como espectadora voy a saltar en mi sofa gritando ese "jass it up, boys!" que un día inauguró este blog.

El siguiente paso, claro, fue buscar la serie para descargarla/comprarla/verla. Parecía que ni una cosa ni la otra. Algún torrent del primer episodio y nada más. Tras la sensación de fracaso, pasé al Plan B que, como no podía ser de otro modo, pasaba por el templo Amazon. Nada. Una especie de dvd_mix con algunos episodios de varias series. Gran sentimiento de frustración. (Nota: Ana y los siete está editada en dvd).

Tras varios días de google y combinaciones aritméticas variadas, encontré a un tipo que vendía la serie en formato dvd-r desde USA. No hay subtítulos, claro. My english is so horrible but I'm so happy.

Ahora, ya sólo queda lo más agradable del proceso: mirar el buzón cada tarde al volver del trabajo. Seguir buscando en google por si algún alma caritativa decide traducir y colgar los subtítulos de Johnny Staccato en alguna de las muchas páginas destinadas a tal fin. Buscar la manera de subirla a un proveedor de descarga directa en cuanto me llegue, por si a alguien tan nerd como yo le interesa... (sólo tienes que silbar, darling). Y, por último, sentarme delante de la tele, apretar el botón open del mando de mi reproductor de dvd, relajarme dispuesta a disfrutar y, si la cosa lo merece, jadear un poquito.

Pd. Me hubiera gustado poneros un trailer de Johnny Staccato, pero sólo he encontrado una promo de una cadena italiana. Igualmente, seguro que se os cae la baba como a mí.




Frases célebres II

Escribía una de las divinidades de mi religión particular (o Hernan Casciari) hace unos meses en su blog:

En Francia o en Inglaterra (que son países que quedan aquí cerca) hay series que las señoras que gotean pis no pueden comprender al completo, pero sin embargo las cadenas de esas regiones las producen y las emiten sin miedo. En España, en cambio, aún nadie se atreve a hacer algo que una vieja no pueda comprender...


Yo habría añadido Estados Unidos, claro. Después de sonreír con el final de la segunda temporada de Dexter, de fantasear con Cuddy y la barra soñada por House, de buscar en imdb noticias sobre la segunda temporada de Californication o de haber entregado mi sueño y mi tiempo libre a la siniestra Glenn Close de Damages... Después de eso, una se pasea por la programación nacional y se queda sin palabras.




Por eso, refugiarse en las palabras de Casciari siempre es, cuanto menos, un placebo confortable.

¿Podemos?

Le explicaba el otro día a un alumno (al que adoptaría) cómo es el sentimiento de patria de los españoles. Sonreía (yo creo que con cierta envidia) cuando le contaba que sólo se nos escapa España a gritos cuando un héroe nos saca el corazón de un mordisco exquisito.

Y es que, al margen de que le hayan copiado el eslogan a Obama...

¿Te imaginas que vamos y podemos?

Cómo se dice, cómo se llama

Porque desde aquel "No preguntes lo que tu país puede hacer por ti" de Kennedy, no había aparecido un discurso político tan emocionante como el "Yes, we can" de Obama.

Porque le ha devuelto la ilusión a los jóvenes de un país en el que la participación electoral es un chiste utópico.

Porque mis alumnos y mis antiguos alumnos me escriben desde el Imperio para transmitirme su alegría y esperanza. "Olvido, Obama ha ganado, ¿te das cuenta de que puede pasar?"

Porque ya va siendo hora de que un afroamericano llegue a una casa de color blanco.

Porque me cae de puta madre y creo que va a colmar a Estados Unidos de esa chispa nueva.

Porque es un político lleno de música, ¿que no? Como muestra, un botón (o unos cuantos)
















Y eso no es todo...

Tom Waits en España




De acuerdo. Retomamos aquello de que la vida era un milagro.
El 12 de julio, of course, estaremos en Donostia.

Pd. No me cabe la felicidad en el pecho, ¡coño ya!

La vida sigue siendo un milagro

Llegas cansada, harta de un día en el que los pies no han conseguido dar con las bolas.

Llegas de recoger unos pantalones tras un día de relojes a cámara lenta, de ansiedades acumuladas en la cucharada de un plato recalentado. La modista ha decidido que ya no eres enana y te deja unas perneras como de medir 1,80. Te miras otra vez de arriba abajo y aún te ves más ridícula y más pequeña con esos bajos de gigante arrastrándose sin dignidad alguna por el parquet rallado.

Llegas frustrada, mirando de reojo la libreta en la que estás anotando los "descubrimientos" (o las mentiras) para el próximo congreso. Los dvds se amontonan encima del televisor, en un desequilibrio violento. Total, aún quedan diez días...

Llegas enfadada, porque los que creías tus amigos se han perdido en la indiferencia y ni siquiera recogerán la invitación para brindar por ti. Husmeas en tu pasado, por aquello de que quizá seas culpable. Buscas, rebuscas... Peor para el sol, que cantara aquel...

Llegas a una casa llena de cajas sin desembalar y de grietas en unos recuerdos que necesitas afilar con una navaja de campamento. Que se mete a las siete en la cuna...

Llegas de lunes, con el fin de semana resaqueando aún en la falta de sueño y en el poso del quinto café del día. Escuché a alguien decir que iba a abrir un bar con el nombre Los Lunes Felices. Te vas a arruinar...

Pero entonces, vuelve a pasar. El mundo siempre se empeña en que, después de todo, aún me queden ganas de gritar: "LA VIDA ES UN MILAGRO".



Gracias, Nalyd.

Billie's Bounce





Porque es uno de esos temas que te meterías en la tumba. No vaya a ser que te despiertes.

Porque Charlie Parker es a la música lo que Picasso al arte del siglo XX.

Porque lo has oído mil veces y mil veces te ha sacado los pies a danzar con el diablo.

Porque sería un buen nombre para un club de jazz.

Porque no es sólo una canción. Quiero decir. No sólo la oyes, la ves, la hueles y la tocas. Ves el mismo blanco y negro que tenían los fotogramas del cine negro de los cuarenta que veía en algún cine barato. La hueles como a la copa de whisky barato que debía mendigar a las cinco de la madrugada. La tocas como sólo podía tocar a una amante cuyo nombre no recordaría al día siguiente.

Porque Bird me ha salvado la vida tantas veces que ya no recuerdo cuántos gracias le debo.

(Porque ya tenía ganas de volver a regalarme una canción que fuera sólo mía).

Mudanzas

No es fácil meter toda tu vida en cajas. Ni es fácil ni es agradable. Al final se te coge un nudo en la espalda de levantar tanto libro empaquetado.

Ya van ocho mudanzas y ocho montones de basura. Siempre pienso en guardar esas películas en vhs que no volveré a ver nunca (pero ya sabes por qué no puedo tirar a Rita, ni a Marilyn, ni a Humphrey a un contenedor con restos de lenguado congelado y piel de muslo de pollo).

En cada mudanza se van repitiendo las mismas situaciones, aunque siempre me prometo que voy a eliminarlas de mi vida.

Siempre se repite mi Síndrome de Diógenes. Siempre tengo menos cajas que cosas con que llenarlas. Siempre hay alguien que decide romperse su espinazo conmigo. Y siempre dejo para lo último mi pequeña cadena de música y mis discos favoritos. (Y por eso, también hoy, me he acordado de Manolo).

Para meter los libros de trabajo he elegido a Professor Longhair, que es lo más cercano que conozco a la tonalidad "azul gamberra" de la música. Ya sabes a cuál me refiero, ésa que nos salva la vida, nos da un empujón cuando queremos tirar la toalla empapada y nos mete un revolcón salvaje en la desidia. (Al fin y al cabo, tú y yo estamos hechos de la misma pasta, ¿o no?)




Rebeldías


I
Me han dicho que la obra de teatro 2666 es una puta obra maestra. Me dice H., a quien no me canso de adorar por las esquinas, que hay una escena de una violación de más de diez minutos de duración. Él no sabe (porque no se lo he contado) lo mucho que me gustó la angustia sentida con el tunel de Irreversible. Quizá es que me conoce ya de esa forma que apuntaba Borges: Nos entendemos a pesar de las palabras.
H. me dice que me encantaría aquella violación de 2666. "Sufres. La sangre, la angustia, las cruces por todas las mujeres de Ciudad Juárez..." Y yo no se lo digo, porque no hace falta, pero me muero de envidia. Él vio solo (que es como hay que asistir a esos sufrimientos purgatorios) aquella obra/violación/infierno. Él recogió a Rigola al día siguiente en Atocha y pasó el día con él hablando de Bolaño, de 2666, del teatro, del hombre y de las palabras que él y yo ya no necesitamos para entendernos.
Hace un tiempo me perdí en Bolaño. Lo hice entre las sábanas de una relación a distancia en las que había mucho de sadismo y poco de relación. Aquellos días, Bolaño me salvó la vida, como ya habían hecho antes que él la trompeta de Armstrong o el saxo de Parker.

II
He pasado cuatro días en cama. Astenia primaveral. O lo que viene a ser lo mismo, una crisis de ansiedad y estrés. Se veía venir, claro. Cinco horas diarias de sueño. Clases. Artículos. (Me llega un mail de EEUU reclamándome aquel artículo de cultura post 11-S). La marabunta que ruge desde su despacho. Fecha cerrada de boda. Mudanza...
Resultado: cuatro días en cama, durmiendo, llorando, sin aire, sin fuerzas, sin mi jazz...

III
Hoy he cometido un acto de rebeldía. Ha sido discreto, que es como llegan todos los grandes actos del ser humano. Entre ellos, el invento de la cama o la letrina. No hubo grandes guerras (creo) con las llegadas de estas grandes obras magnas.
Se lo contaba hace poco a uno de mis amores platónicos.
Sin que nadie sospechara la acción que me traía entre manos, sin que nadie advirtiera lo que estaba a punto de suceder, he llegado yo y he cometido mi pequeño gran acto. Será el clima político, je ne sais pas.
Estaba en mi puesto de trabajo, recién incorporada de mi baja post_estrés o post_astenia. He mirado a un lado y a otro. Quizá para comprobar que el enemigo no iba a disparar sus bonitas balas de puesto de feria. Y así, sin pensarlo demasiado, he sacado mi cd de Jazzuela del bolso. Lo he puesto en mi ordenador. He conectado los altavoces y, abracadabra, la magia ha explotado en todo el edificio.
Mi jefe ha salido, claro. Me ha mirado extrañado, quizá no sabía si disparar. Sin embargo, sólo ha dicho, con más miedo que prudencia: "vaya músicas".
He dicho "con más miedo que prudencia". Yo debía tener cara de "estoy cometiendo mi pequeño acto rebelde y voy armada". Le he mirado, yo con más prudencia que miedo, y le he contestado: "músicas con clase, X., con clase".
Quizá nadie lo haya notado. Ningún compañero (ni siquiera H.) ha debido percatarse de la hazaña. Pero hoy, sin que haya sido recogido por ningún analista político, he conquistado mi pequeño espacio. Hoy, sin que nadie lo sospeche aún, el jazz ha entrado a mi lugar de trabajo.


Después de todo, hoy ha sido un gran día.

Lista de tareas (otra más)


Tengo que terminar un artículo para un congreso al que nunca pensé que iría (y no es por faltar).

Tengo que escribir un capítulo en inglés para un libro sobre cultura americana post 11 de septiembre. Y esto era para ayer.

Tengo que encontrar un momento para ponerme el País Tropical acústico de Jorge Ben Jor a todo volumen en mi salón (a ver si así se me sanan las ansiedades).

Tengo que acordarme de comprar la última retrospectiva de Satchmo.

Tengo que preparar dos clases para mañana y dos excursiones/viajes con mis alumnos para esta semana.

Tengo que vigilar a mi reloj para que no se derrita entre tantos "Olvido, he pensado", "para mañana podrías" y "avanza en tu Tesis/Artículo/Capítulo".

Tengo que dar un pésame (o no).

Tengo que disfrazarme de conejita de playboy para El Hombre (aunque sólo sea en mi imaginación).

Pero, para ponerlo todo un poco más difícil, llegan las lluvias feas y crueles. Me recuerdan que de aquí a unos días llega el peor mes del año, ése en el que sólo hay globos desinflados y apatía por la cantidad infinita de tontos que me tapan el sol.

[Lo peor de todo es que, en unos días, va a llegar marzo y va a barrer lo poco que quede de mí]

Pd. Roberto, necesito que busquemos un día para que me salves la vida
en clave de jazz. (Aún me muerdo los labios por haberme perdido la armónica más sexy de esta ciudad).

Asignaturas pendientes



Llevo un tiempo queriendo hablar de cómo está creciendo la presencia jazzera en la blogosfera. De tanto en cuando descubro un nuevo blog en el que flota esa pasión y esa drogadicción que nos une a todos nosotros. Pienso que debería iniciar una nueva serie sobre todos esos blogs que confiesan una sacudida en las entrañas (o en los ovarios/testículos) ante una trompeta o bajo una voz gutural. Luego vuelvo a pensar en el trabajo acumulado, en el stress laboral, en todo lo que tengo que hacer para la reunión de mañana con el super jefe... Así que lo aparco y me prometo que, mañana, cuando termine todo, empezaré mi nuevo apartado en jassitup sobre otros espejos afines. Pero mañana aparece una nueva excusa y vuelvo con el rabito entre las piernas prometiéndome que, sin excusas, lo haré al día siguiente.

Pero hoy he vuelto a cruzarme con Jazz Ceuta y se me ha puesto la cara colorada. Se trata de un blog lleno de jazz y pasión hecho desde la ciudad autónoma. No sólo eso, también es el relato de un esfuerzo por sacar un festival adelante, una tarea siempre titánica y las más de las veces condenada a la bancarrota. La primera vez que me crucé con su página me prometí hacerles el post que se merecían. No lo hice entonces y tampoco lo estoy haciendo ahora. Pero, como dije al principio, mañana tengo una importante reunión de trabajo en la que se aclarará una semana llena de tensiones y broncas, he de preparar unas clases, debo encontrar contenido para unas newsletters...

Lo que ocurre es que no quería dejarlo para mañana. Seguro que a alguien se le ocurrirá encomendarme una nueva tarea que me aleje de mi vida social y del aire puro. Hacedme caso, dar un paseo por este blog. Merece la pena.

Comics y jazz (o viceversa)


Es verdad aquello de que a quienes nos gusta el jazz, nos gustan sus extensiones. Siempre llega ese momento, en el que nos descubrimos buscando las biografías sobre aquellos labios que nos hicieron soñar mañanas o idealizar pasados a través de un puñal de saxo o un revólver de trompeta.

Es verdad aquello de que un día buscamos en google, en ebay (versión americana) o amazon, una camiseta de aquel festival en el que quisimos estar, la fotografía en la que el contrabajo parecía copular con la bestia/hombre o ese enlace mulero al documental descatalogado en el que el batería de la gira de 73 de dios contaba una pelea con policías.

También es verdad aquello de que todos hemos manoseado libros y comics en la fnac si en la portada (o contraportada) encontrábamos escondida y tímida la palabra jazz.

Hemos buscado en los obituarios de El País por si nos había abandonado otro grande. Sabéis a lo que me refiero. De pronto un día te levantas más triste que de costumbre, agotada como si hubieras llorado en sueños (¿por qué cansa tanto llorar?). O el trabajo (y su maravilloso "ambiente laboral") se te ha antojado más cuesta arriba que de costumbre. Te has sentido pequeñita, como una liliputiense en medio de ese lugar en el que no quieres estar. Así que vas al periódico, por si puedes dar una explicación (sem)ilógica a tus ánimos y tus cansancios.

Y, de vez en cuando, nos encontramos con un periódico que se atreve (por fin) a publicar no un maravilloso artículo de los espejos del jazz. Ni dos. Sino tres. Para colmo, después de perderte en las letras tan bien hilvanadas, te sientes menos sola, menos perdida, menos liliputiense. Chicos/as, amados/as, ¿os dais cuenta? Hoy somos un poco más gigantes. Gracias Juan J. Gómez, no lo sabes, pero me has salvado de una semana horrible.

Californication (I)


No es casualidad que el protagonista de Californication se llame Hank. Ni que fume y beba hasta lo políticamente incorrecto. Ni que sepa cómo partirle la cara a un pringao o hacer reír a una prostituta a la que no quiere pagar el servicio.

Tampoco es casual que el escritor "maldito" de la serie acudiera a Los Angeles por motivos de un trabajo cinematográfico. Ni que diga que nada en un mar de coños.

Se huele a Bukowski en cada fotograma de la serie. Se saborea a sus mujeres perdidas en las bellísimas y destrozadas mujeres que se follan a Hank.

"Pero son más guapas que las tías a las que se tiraba Chinaski", me dice el Hombre. El Hombre no entiende que, para el bueno de Chinaski, todas sus mujeres eran preciosas.

Joder, se echa de menos ese romanticismo de Bukowski, esa ternura del que daba un beso en la frente a la mujer_coño que debía volver a casa para cuidar a su hija sin padre conocido.

Hay una cosa más en la que sentimos a Charles. El protagonista de la serie trabaja escribiendo un blog, cosa que le repatea, le cabrea y le hace sentirse cómplice de una sociedad que se ha empeñado en cargarse su mayor seña de identidad: el lenguaje. Él se refiere a sustituir las "qu" por "k". Yo me puse a pensar en las personas mediocres que me he cruzado en los pasillos de la universidad o en la barra de un bar. Y también pensé en que si Bukowski hubiera vivido hoy, tendría un blog flamígero de sexo y vino barato de cartón.

Californication es un producto fílmico cojonudo. - Sí, utilizo fílmico porque, de un tiempo a esta parte, de lo mejor del cine se está rodando para ser emitido por televisión, le pese a quien le pese. - Pero, además, hacía falta que un guionista le hiciera un guiño a Bukowski.

Nos hacía falta más dosis de Bukowski (y nos sobraban tantos empachos de Noam Chomski y Al Gore...)

Ray Charles At Newport


Porque es de esos discos que no son sólo discos. A veces, esa cosa redonda de plástico adopta la forma de guiño cómplice, de compañero de baile y de cerveza fresquita en medio del desierto.

Porque tiene la habilidad de trasladarte al 5 de julio de 1958. Y no es una frase hecha. De verdad puedes ver a un señor calvito y entrado en carnes secando su frente con un pañuelo que lleva unas iniciales bordadas. Hay un periodista que espera al final de la actuación para conseguir tres declaraciones con las que rellenar su artículo. Hay un grupo de jóvenes que acaban de volver a nacer. Y también hay un niño que acaba de decidir que, cuando sea mayor, quiere ser ciego y quiere tocar el piano.

Porque, llegada una edad, una no tiene más remedio que hacerse regalos a sí misma para no acabar pareciéndose a su madre. Así que, en lugar de limpiar el horno, te pones este disco en el equipo del salón y la casa se te llena de sexo y acordes (o viceversa).

Porque cuando oyes los aplausos de 1958 piensas en los aplausos / no aplausos de 2008. Insultas a la humanidad que cada día tiene menos sangre y más horchata entre la venas y, después, te sientes un poco mejor.

Porque resuenan los coros de Las Raelettes y se oye cierto orgullo de hembra herida que, sin remedio, te hace apretar los labios y bailotear imaginándote ser otra ex amante abandonada por el cabrón que se está follando a todas las teclas del piano. ¿De verdad puedes odiarle? Será a eso, después de todo, a lo que suenan los coros, a la impotencia de querer darle una patada en los cojones y, sin embargo, desear que su música no baje nunca de volumen.

Porque yo también quise estar en Newport en 1958 y ver a Miles Davis, a Ray Charles, a Duke Ellington...

Porque este disco, esta tarde de domingo, es lo más cerca que puedo estar de aquellos días, de aquellos dioses y de aquellos desamores impotentes.

Bordes


Últimamente ando al borde. Lo sé. La construcción gramatical de la frase es incorrecta. Falta cierta información imprescindible para comprender su significado. ¿Al borde de la locura? ¿del infarto? ¿del hastío? ¿de la alegría?

Se puede estar al borde de muchas cosas y casi todos los poetas del mundo han citado menos bordes de los que en realidad tenían ante sus ojos. Todos estamos al borde siempre de algo. Puede que no fuera tan ingenua aquella concepción de que el mundo se acababa en un precipicio. La tierra estaba al borde de un barranco de infierno, muerte y nada. La nada es un precipicio complicado. Y no es el borde al que me asomo.

Cuando digo que estoy al borde, me refiero a que estoy a punto de tocar la locura real (si es que puede ser real la locura, algún filósofo puede estar retorciéndose ante mi improperio). Llevo dos semanas durmiendo unas cinco horas diarias y ni siquiera ha sido por sustituir el sueño por sexo. Lo sé, también estoy al borde del patetismo.

También estoy al borde del "a tomar por culo" (y no sé explicarlo mejor). Al borde de la saturación, del estrés, del aaaaaggggggghhhhh (y tampoco hay una palabra "real" para explicarlo mejor).

Mucho (más) trabajo. Muchas (más) responsabilidades. Muchas (más) nuevas tareas. Mucho (más) cansancio y muchos menos orgasmos. (Ya lo dije, al borde del patetismo).

Sin embargo, sigue habiendo al menos unos cuantos momentos al día en los que todo es perfecto:

1. El primer café de las seis y media de la mañana.

2. El cd en el coche para olvidar que hoy (también) hay atasco en la NII (hoy me ha alegrado el amanecer Tom Waits con sus Rain Dogs; mi taza de café pone Hot Dogs y mi compañero-amigo-amadísimo-idolatrado-escritor-poeta-placentero Ernesto me ha dicho que significa "Perra Caliente"; Tom Waits también es un Perro Caliente o Perro Calentador; me apetece un orgasmo; estoy al borde del desvarío)

3. El cigarro a escondidas con un/a alumno/a que empieza a fumar lejos de su país y de sus prejuicios.

4. La sonrisa del/la alumno/a cómplice. Ya sabéis de lo que hablo. Siempre te toca alguien en clase cuya mirada es capaz de hacerte volar de pura comodidad.

5. Las bromas de carácter psicosexual a la hora de la comida.

6. El café de después de comer.

7. Alguien se acerca a ti y te dice un "gracias". No sabes por qué (¿estará al borde de la locura?) y de pronto te das cuenta de que su "gracias" es la forma que tiene de darte un abrazo y un beso (¿por qué escatimaremos tanto cariño físico?)

8. Entrar al blog de la Bourbon Street y releer en bucle su declaración sarcástica de desamor. Leer a mi alma gemela. Leer a mis citas diarias en forma de bitácora.

9. La música (otra vez) en aquel IPod maravilloso que El Hombre me regaló para que siempre me sintiera a salvo.


Gracias a todo esto, aún no me he caído. Me mantengo, como decía, al borde (y puede que la frase esté mal construida, pero es verosímil).

De escapadas y Reyes Magos


Hasta hoy siempre había logrado escaparme. Cuando las cosas parecían ir demasiado bien, yo sacaba mi disfraz de Scarlett O'Hara, me ponía muy digna, muy insoportable, muy celosa o simplemente muy Olvido.

Era infalible. Ellos siempre huyeron. O, al menos, no me suplicaron (demasiado) que me quedara durmiendo en su regazo (¿realmente existe el regazo o es sólo una ilusión óptica_pseudo poética para insertar en las canciones de amor_sección_superventas/superdescargas?)

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, El Hombre y yo fantaseábamos con aquello de llamarnos (algún día) "marido" y "mujer". No me escapé. No saqué mi disfraz de Scarlett O'Hara. No me puse muy insoportable (aquí debería escribir un "perdón" a aquellos hombres de mi vida/pasado que tuvieron que sufrirme, pero no estoy muy segura de que lo merezcan o quieran). No me puse muy Olvido (o quizá me puse más Olvido que nunca). Así que ahora ya no puedo escaparme. Estoy atrapada (y me palpitan seres de vida indeterminada dentro de las entrañas).

Y toda esta divagación disparatada viene (toda absurdez suele llevar siempre una explicación, aunque sea ilógica) a que hoy los Reyes Magos me han dejado muchas cosas bonitas (porque sólo he sido una chica mala en el contexto adecuado):

La segunda edición del juego Scene It? (para seguir regodeándome en mi frikismo)
Una novela a la que le tengo muchas ganas.
Dos libros de jazz.
Un mantón de seda precioso.
Y una alianza de boda. Pues eso. Que esta vez no voy a poder escaparme.

Vacaciones



Este año no he hecho ninguna lista de lo mejor y lo peor de 2007. Me ha dado mucha pereza, la verdad.

Este año tampoco he dejado por escrito mis doce deseos/uvas, ni mis propósitos de enmienda para 2008. También me ha dado mucha fatiga pensar siquiera en hacerlo.

Llevo todas las vacaciones jugando a mi regalo de Navidad. Mi hermano se ha lucido (en el buen sentido) con el Buzz Hollywood, un juego de la Play Station (sí, lo sé, no me pega siendo tan cultureta tener la consola, pero a lo hecho, pecho, que de eso también tengo). Es un juego que han debido inventarse para mí y cuatro frikis más. Ambientado en un concurso de la tele (tipo Saber y Ganar pero más cool_irónico_melómano), te van haciendo preguntas sobre cine. Y además americano, que es el mío.

En resumen, que llevo todas las vacaciones ejerciendo de ocelote pardo. Duermo, como, juego, escucho a mis músicos enlatados, veo alguna película para no perder las buenas costumbres, bebo cerveza gay, ron del bueno y hasta un poquito de Moët & Chandon para sentirme una chica Bond, fumo y follo.

¿A alguien se le ocurre una forma mejor de pasar las vacaciones de Navidad? Pues eso.