Recuerdos de "El Rey Pescador"


Cuando hizo El Rey Pescador (The Fisher King), Terry Gilliam entró, quizá sin saberlo, en ese espacio secreto donde guardo todo aquello que me rasga las entrañas.

Yo estaba en la antigua casa, en el antiguo salón, ante la antigua televisión. Aún andábamos con el Beta (creo) y mi padre había traído aquella película del videoclub. Cuando se es de un pequeño pueblo (para mí, Úbeda siempre será un pueblo, por más que traten de reivindicar su ciudadanía desde un patriotismo estúpido), el videoclub se convierte en el mundo imaginario donde todo es posible, todo.

En Úbeda no había cine. Lo había habido, claro. El Teatro Ideal Cinema flanqueba la entrada al casco antiguo con carteles de las películas de los Hombres G o alguna entrega de Los Inmortales. De vez en cuando, incluso, hasta te ponían alguna joya antigua de Hitchcock o Wilder. Lo que pasaba es que, entonces, la gente cambiaba el cine por la discoteca. No estaba el horno para blancos y negros. Esos días insólitos, mi padre solía cogernos a toda la familia (tampoco éramos tantos) y nos sacaba una entrada. Nos compraba un crunch y una coca cola. Y justo antes de que se apagara la luz del anfiteatro, con una sonrisa que podía iluminar todo el pueblo, nos susurraba: "veréis que película más buena".

Solía tener razón. Siempre fueron buenas películas y siempre fuimos de los pocos que habitamos aquella sala. Pero esto era una excepción. Quizá el dueño del Teatro Ideal Cinema tenía ese halo de romanticismo suicida y, de tanto en cuando, olvidaba que su cine era su negocio. Al tiempo dejó de hacerlo. Al tiempo, también dejó el cine. Así que el videoclub, ya lo he dicho, era una puerta que flanqueaba un mundo desconocido donde todo era posible, todo.

Aquella noche papá había traído El Rey Pescador. No sé si aquella película decía que no estaba recomendada para menores de cierta edad. En mi casa, siempre se han omitido esas tonterías. Antes de que cayera el Muro de Berlín, mi madre nos puso una madrugada una película donde había personajes que salían desnudos. Al día siguiente, con la ingenuidad propia de la niña que era, le dije a mi maestra que si había visto aquella película tan chula de la noche pasada. La mujer, de la que tiempo después conocí una relación con el Opus Dei, llamó a mi madre a reunión. Intentó reprenderle por tal irresponsabilidad. Entonces, mi madre (aún sigue presumiendo de ello) la paró en seco. Le dijo que ella me educaría como le entrara en gana y que, con toda seguridad, le saldría mucho más sana mentalmente de lo que estaba mi maestra. No sé si la cosa fue a más o no. Puede que influyera el hecho de que mi madre fuera la Médico de la Directora del Colegio. Vaya usted a saber. El caso es que no sé si tenía razón del todo en aquello de que saldría más sana mentalmente. Pero sí que es cierto que, si tuviera que empezar de nuevo, me gustaría que lo hicieran del mismo modo (y eso ya es mucho).

Pero la cosa iba de que mi padre trajo una noche El Rey Pescador y, de pronto, el mundo se me puso patas arriba. Creo que mi primer pensamiento hacia el periodismo se lo debo a aquel prepotente locutor (Jeff Bridges) que se veía involucrado en una catástrofe de sangre. Me enamoré de aquel personaje y no podía sacármelo de mi cabeza infantil. Sé que la gente aplaudió mucho más, muchísimo más, el histrionismo de Robin Williams. Pero entonces, sin saberlo, yo ya iba buscando a mi pequeño Bukowski perdido.

Años más tarde, Gilliam hizo Doce Monos (Twelve Monkeys), película que vi en mitad de una adolescencia que se balanceaba entre la estupidez cultureta y la imbecilidad rebelde. Que es la mejor edad para ver algo tan tremendo como eso.

Hoy leo que estrenan Tideland y me pinta muy bien. Tal vez es sólo que me dejo llevar por el recuerdo de aquel Jeff Bridges excelso. Pero no puedo dejar de pensar si, mi amigo el existencialista, querrá venir conmigo.

6 comentarios:

Jorge Onecha dijo...

"El pescador lleva a bordo una palma y un amor. El amor lo hala del fondo, la palma, del corazón."

- "Boga boga", de Silvio Rodríguez, en "Causas y azares" (Musicrama/Koch, 1986).

El ascensorista dijo...

Pégato una vuelta por aquí, a lo mejor ya lo has hecho, te gustará:

Un divertido e interesante encuentro con Gilliam en

http://spauld.blogspot.com/


Saludos

josé miguel dijo...

Ah, ese Lebowski, ese vago qur todos llevamos dentro. Ah, ese Gilliam, cuando no desvaría demasiado (lo digo por Miedo y asco en las Vegas, que ya sé que te encantó, encanto)

Besos, besos, besos.

franetico dijo...

De nuevo coincidimos, jassitup deliciosa, también forman parte de mi panteón, tanto la película (ese dragón nocturno tan Lowry, la búsqueda del grial improbable, la locura como refugio, el anhelo de redención..) como Jeff bridges (reafirmado luego con LEbowski y Tucker). Creo que la he visto media docena de veces, siempre con entusiasmo, como también Leolo o Jóvenes prodigiosos. Recuerdos de cineclub.

Anónimo dijo...

Hola Olvido:

Una maravilla tu blog. Me lo he leído desde el primer post.
Me gusta mucho el jazz aunque soy más aficionado a la música clásica.

Felicitaciones.

Tachito

Olvido A. dijo...

Jorge Onecha: no conocía tus gustos cansautoriles... :P

El ascensorista: gracias por el enlace. Me gustó bastante. Pero luego vi la peli...

José Miguel: Miedo y Asco en las Vegas es cine clásico en comparación... Quién me manda. Besos, mil.

Franético: seguimos coincidiendo. "Porque sueño yo no lo estoy"... Besos

Tachito: bienvenido. Muchas gracias por tus piropos (sientan muy bien). Como suele decirse, ésta es tu casa. Espero seguir viéndote por aquí. Besos de bienvenida