Balada para mi muerte

De lo mucho que me gusta Astor Piazzolla, ya he hablado algunas veces.
De lo buena que es Mina, ya han dejado constancia en Jácaras Reales.
En cambio, de cómo conocí esta canción, no sé a ciencia cierta si he escrito alguna vez.

No hace demasiado tiempo. Yo acaba de firmar mi primer contrato en la universidad en la que había estudiado y mi mejor amigo se matriculaba en el último curso. En algún momento, decidimos que sería una buena idea hacer un programa de radio no apto para los estudiantes hormonados ni para las niñas que fingían hacer una carrera. Cada semana cogíamos un tema y lo desarrollábamos con canciones, textos, fragmentos de películas... Era una culturetada en toda regla, pero había una sección en la que siempre ridiculizábamos a Ramoncín. Sólo por ella, merecía la pena hacer "Mientras el mundo duerme", que era el título del programa y un verso robado a Tom Waits.

El primer programa iba a ir sobre la muerte. De modo que puse esa palabra en san emule y, cuando vi Piazzolla, hice el doble click discriminando otras muchas canciones que, por otra parte, tenían muchísima peor pinta.

Creo que hay canciones que escuchamos y luego hay canciones que nos escuchan a nosotros. O quizá acabo de soltar una auténtica gilipollez. No lo sé. Pero yo creo que hay partituras que se nos quedan ahí, estancadas, como cuando un vinilo se nos rallaba y la aguja bailaba encerrada en la marca del long play. No sé si me entendéis. Pero, de alguna manera, hay canciones que nos estrujan las vísceras, que nos chasquean los dedos detrás de la nuca y, al mirar, vemos la silueta transparente de la locura. Sólo entonces, sabemos que esa canción ha venido para quedarse, o para vaciarnos, o para decirnos que nuestra demencia, de tanto en cuando, viene vestida de femme fatale para tumbarse a nuestro lado.

Algo parecido me pasó con la Balada para mi muerte interpretada por Mina. Que se me quedó ahí, arañándome mi templanza. Luego, la vi en el video que os pongo. Mina va vestida de muerte, con la silueta afilada y el maquillaje de la parca. Piazzolla, por su parte, agacha la cabeza en la certeza de su hora. Lo ves interpretando su canción como si de verdad fueran a caer las seis y como si realmente fuera a dejarse sin beber la última copa de whisky. Y, entonces, oyes los dedos que chasquean en tu nuca. Te das la vuelta y ahí está.


2 comentarios:

Fabio dijo...

Aah que impresionante. Emocionante. Vi varias veces en Bs As. a Astor, se lo echa de menos. No conocia esta version. Gracias

Edgardo dijo...

¡Felicidades!Es un blog cada día más profesional, además de un espacio de reflexión que sirve para que uno se de cuenta (yo principalmente) que la vida guarda interpretaciones tan bellas como la que acabo de ver. Mi inspiración de hoy es gracias a ti.