Llovía a cantaros

Hoy en Madrid.

La lluvia es algo muy literario y muy bucólico, pero también algo tremendamente incómodo. A nadie le gusta que se le empapen las gafas (sí, tontucia gafapasta de color rojo, a ti que a lo mejor has caído aquí buscando Gustav Klimt o Kiarostami, tampoco te gusta, aunque disimules muecas popis bajo los cantaros para parecerte más a Isabel Coixet).

No me gusta la lluvia, entre otras cosas porque enaltece, aún un poco más, los peligros de la imperial obra de este alcalde al que le hubiera gustado tener algún número romano en su nombre, que siempre da ese regusto a neftalina y genes mongólicos. Pero no es ni Alberto V ni desciende de una larga casta engendrada entre primos hermanos. Por eso, para ganarse su estatua ecuestre (que siempre viste un montón), ha decidido dejar su huella en los accidentes de la M30 y en las lápidas de todos los obreros muertos mientras hacían su adorado soterramiento (pero de esos muertos no se habla, ni en los periódicos de izquierdas ni en los Inmundos, que ya tienen bastante entretenta con sus ácidos bóricos y sus jueces estrella).

En algún momento de la tarde_noche (cómo echo de menos aquellas tardes_día de verano) decidí que, escuchar Radio 3 camino de casa de El Hombre, era una buena opción. Sé que hace años que debí desintonizarla de la memoria de mi radio. Sé que los oyentes de esta emisora llevan chapitas de Blow-up y camisas Retro del nada económico Mercado de Fuencarral. Sé, también, que los programadores de esta emisora deberían morir bajo un empacho de música electro_pope_deluxe. Pero, sin embargo, una y otra vez caigo. Aunque sólo sea porque Cifu (qué grande eres) sigue haciendo sus malabares jazzísticos en esta emisora. Pero a pesar de todo... ¿Cómo se puede ser tan guay? ¿Cómo se puede entrevistar a un poeta que se creyó los versos de Baudelaire y los combinó con la "Revenge of the Nerds"? ¿Cómo se puede acabar siendo una propia caricatura grotesca de la culturetada hecha medio de comunicación? ¿Se puede ir a peor? Sí, claro que sí. Tras el poeta, que recitaba en endecasílabo, un grupo de pop electrónico que, para postre, editan libros de poemas de la profundidad de "semáforo en rojo, querida radio, te hago callar aunque tengas vida"...

No sé cuándo pasó. Pero a mis dieciséis años, soñaba con ser locutora de una emisora que, a día de hoy, es mi idea más cercana del infierno. Menos mal que aún está Cifu. Cualquier día le sustituyen el programa por "A todo Haiku con reminiscencias House". Pero mientras siga quedando una neurona en las esferas ejecutivas de la emisora, los sábados por la noche, seguiré dándole al tres de la radio de mi coche.


2 comentarios:

josé miguel dijo...

Cifu, ese gurú.

Besos, a todo jazz.

Manolo dijo...

Olvido, eres como el Fénix, que renaces, y vuelves renovada. Te imagino bajo la lluvia de mierda que agobia tanto, danto un taconazo, y cagándote en la puta madre que los parió a todos. Jajajajaja. Mira que tengo ganas de conocerte en persona y de charlar contigo. Oye, cojones, vente el 1 a mi jam, hostia ya! Un beso fuerte.