Porque sueño yo no lo estoy


- ¿De dónde sacó esas ideas? – preguntaba un periodista a Duke Ellington en un programa en blanco y negro de televisión.

- ¿Las ideas? Mmmm... – pensaba entonces el músico, mientras fijaba la mirada en algún punto de las teclas del piano – Bueno, tuve un millón de sueños. Lo único que hago es soñar. Siempre.

- Creía que tocaba el piano – decía el entrevistador en tono jocoso.

- Oh, no, esto no es un piano – y se ponía a tocar una melodía, ajeno a todo – Es un sueño.

Duke Ellington tiene mucha culpa en todo esto. Si no fuera por él, quizá no habría caído en esta adicción que me salva la vida todos los días: el jazz. Si no fuera por unos lps que me compré una vez, quizá nunca habría pasado a Charlie Parker, ni a Miles Davis. Y, por supuesto, no habría decidido que mi tema de Tesis sería el músico de jazz en el cine americano. Si no fuera por Duke, yo hoy sería otra Olvido. Quizá ni mejor ni peor, pero sí otra.

En la película Léolo, la voz en off del narrador repetía la cantinela "porque sueño yo no lo estoy". Luego te das cuenta de que, porque sueña, él no está loco o no está muerto. Porque, después de todo, la locura de la que escapa con sus sueños es la misma muerte. Y todavía no hay nada que dé más miedo al ser humano que la visita incómoda de la parca.

Yo no sé si porque sueño (en el sentido que apuntaba Duke Ellington) yo no lo estoy (loca o muerta). Yo sólo sé que, a veces, entiendo las expresiones folclóricas del sur donde nací. Cuando era pequeña, escuchaba decir "vengo con el alma reventada" y me quedaba mirando con mis ojos verdes interrogantes e infantiles. "Pero papá, si el alma no está en el cuerpo y no puede sentirse, ¿cómo sabes que la tienes reventada?". Y mi padre se quedaba callado, buscando una respuesta rápida para librarse de mi ametralladora de porqués. Es verdad, a veces el alma está cansada. Hay días en los que llegas a casa y te duelen los huesos, los músculos y hasta las pestañitas de los ojos. Entonces, te metes debajo de una ducha hirviendo y sientes cómo el agua abraza tu cansancio.

Pero hay días en que, además de esos huesos, también te duele el alma. Y yo no sé si lo que decía la voz en off de Léolo es cierto. Yo no sé si el piano de Duke Ellington me salva de la locura o de la muerte. Pero, desde luego, el ánima se me pone a bailar un poquito y siento que, aún, no ha llegado mi cita con la parca, aunque tenga los huesos cansados y aunque ya entienda aquella frase andaluza "vengo con el alma reventada".


Escuchando Mood Indigo, de Duke Ellington

4 comentarios:

josé miguel dijo...

Qué bonita frase la de Duke. Un filósofo, el tío.

Y no sé, tendríamos que soñar un poco más, todos. O qué. Es que si no, lo que tú dices, nos quedamos tiesos. Y no es cuestión.

Sigue escuchando a Duke.

Mil B.

Erradizo dijo...

(silencio respetuoso)

besos

josé miguel dijo...

Tengo que consultar. San Google me chiva que tengo que esperar al 9 de septiembre.

Besos mil. Gracias infinitas.

Olvido A. dijo...

Si no hubiera sido por ti, no hubiera descubierto la fecha de mi santo... Siempre pensé que no tenía, hasta que a los trece años alguien me dijo que era el día de Fátima. Tras decirme esto, me he metido en google y es verdad. El 9 de septiembre tengo un motivo para brindar contigo, compañero de blog (o como decía el poema, "que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero")