Pero a veces ocurre

Dee Dee Bridgewater


Ocurre con poca frecuencia, desde luego, pero a veces pasa que un milagro nace ante tus ojos.
Ocurre con menos frecuencia de la deseada (y tal vez necesaria), pero a veces la magia baila una danza exótica ante tus oídos.
Pero ocurre.
Aunque sea muy pocas veces.
Ocurre.

Y eso hace que sigamos en el camino, que sigamos comprando entradas para conciertos que nos vaciarán la cuenta y nos limitarán el tiempo de amar, de leer a Jack Kerouac o a James Ellroy, de ver una película de Woody Allen o de Billy Wilder, de masturbarnos o de hacer cualquier otra cosa.

Es por eso, porque tenemos la esperanza de saborear El Concierto, por lo que seguimos en este camino. Y, cuando un halo extraño te toca con su varita mágica y te permite saborear lo que yo pude palpar el domingo, entonces, en ese momento, piensas que todo tiene sentido, que la vida es una puta maravilla y que hay un equilibrio cósmico divino. De acuerdo, cuando se pasa la "borrachera" vuelves a vivir en un mundo demasiado lleno de mediocridad y hastío, pero en ese momento, en ese glorioso momento, estás levitando sobre el centro del universo.

Hablo del concierto, del doble concierto del domingo. A las seis de la tarde, Richard Galliano empezaba a susurrarme melodías de Piazzolla al oído. Le acompañaban Gary Burton, que es un tipo que hace magia con un vibráfono; James Genus, que vacilaba al público con un contrabajo que podría haber sido una guitarra flamenca y Clarence Penn, la batería delicada, con el acompañamiento perfecto. Esperaba mucho de este concierto y, en contra de lo que suele ocurrir, obtuve más, muchísimo más.

Pero la gran sorpresa vino después. Una sabe que está ante una diva, aunque nunca le hayan descrito las cualidades que debe tener tal personaje, cuando se la encuentra delante. Es un algo que sólo tienen unas pocas. Lo tenían la Simone, Etta James, Aretha Franklin, Josephine Baker... Y también lo tiene Dee Dee Bridgewater. Ya digo que es un algo, no sabes muy bien en qué consiste. Quizá sea el modo erótico en el que sus caderas monopolizan todo el escenario. Quizá sea el modo de dirigirse al público como si, en realidad, hablara consigo misma. Quizá la capacidad de poner los vellos de punta y los pezones duros. No lo sé, pero aquella noche vi en vivo a una diva. Le acompañaban unos músicos estupendos, es posible. Pero yo me había perdido ya en su sensualidad y en su hechizo.

Ocurre con poca frecuencia, lo sé. Pero a veces pasa que vas a un concierto y sales borracha y sin equilibrio. A veces pasa que vas a un concierto y recuerdas por qué te gusta el jazz, por qué gastas más de lo que tienes en discos y por qué, a pesar de que no todos los conciertos sean mágicos, sigues comprando entradas. Y es que, en el fondo, nunca perdemos la esperanza (ni el recuerdo) de un concierto como éste, un concierto de los que te dejan exhausto de tanto "orgasmo" auditivo. Porque, aunque ocurra con poca frecuencia, a veces pasa. Y eso es lo que hace que el título de la película de Kusturica tenga sentido. Sí, porque a veces, "la vida es un milagro".

7 comentarios:

Erradizo dijo...

La verdad es que, una vez más, me pillas en fuera de juego ya que nunca he oido nada de Dee Dee.

Evidentemente después de leer tu fantástico post me ha entrado unas ganas terribles de escuchar algo de ella. A descargar se ha dicho...

besos mil

josé miguel dijo...

Quien avisa, no es traidor. Ya te dije en su día que la Bridgewater tiene, retiene y retendrá lo suyo por muchos años.

Me alegro de que terminaras así de bien el domingo.

Besos. A repartir.

Anónimo dijo...

Que maravilla, Olvido.


Bueno, pese a tener ganas de chocar la cabeza contra la pared por cambiar ese Concierto por un insufrible bautizo ("tienes que ir, Jose"... nunca lo debí escuchar...), siempre nos quedará la ilusión de que habrá otros... que como tu bien dices "jass it up, boys!!!

Totalmente de acuerdo con la sensación de levitar que nos acaece a los mortales cuando salimos de un buen concierto ante gente que parece inmortal... extraña sensación de borrachera anímica, indescriptible euforia e irrefrenables ganas (a veces) de hacer el amor...

Mil gracias por la impagable crónica.

Besos

Anónimo dijo...

Soy Jose M., de Cádiz, que no sé que es eso de los "blogger" pero os leo casi todas las tardes (por ciertos preciosa la tarde de hoy gaditana).

Kirk534 dijo...

De Dee Dee me enamoré hace una eternidad y siempre le fui fiel. En este concierto me reí, lloré, salté y disfruté como un niño en una nave espacial Pido públicas disculpas porque saqué una única foto con flash que casi me cuesta que me quiten la cámara. Jamás lo volveré a hacer hasta la próxima en que vuelva mi diosa, la que enciende llamaradas en mi alma.

Olvido A. dijo...

Erradizo: podría tentarte, en mi colección de DvdJazz tengo "Dee Dee Bridgewater sings Kurt Weill live at north sea jazz". Siempre podría tostártelo a cambio de que tú me tuestes ese dvd por el que te dejabas querer ;)

José Miguel: bendita advertencia la tuya, como todas las que me haces. Fue un gustazo. En serio, tenías que haber estado. Besos

Jose: muchas gracias por tus caricias verbales, como siempre. Los blogger son unos individuos extraños que eyaculan sus vicios sobre una pantalla de ordenador ;) Siempre eres bienvenido y querido. Pero, por favor, firma tus comentarios, que luego me hago un lío :) Besotes

Kirk534: ¿Estabas en la segunda planta? ¿Puerta 3? Lo digo porque, en mi palco, también se sacaron fotos con flash, y también hubo una acomodadora regañona. Besotes. Ya te echaba de menos.

Kirk534 dijo...

Estoy de acuerdo. Somos seres extraños. Siempre te leo y aprendo. La vida es un milagro. O casi. Me hubiera gustado eyacularle a la regañona cuando me amenazó.Eso sí hubiera sido un prodigio. Chaucito.