Sobre Jamie Cullum



Al jazz le hacía falta un Jamie Cullum. Me di cuenta una madrugada. Yo no sabía quién era Cullum ni había oído nunca su nombre. Pero, una noche, contagiada del insomnio que me persigue desde que era pequeña, encendí el televisor y me encontré, desprotegida y sin prejuicios, con aquel muchacho irreverente. Creo que me enamoré de él en aquel mismo instante.

Yo no podía dormir y en Madrid hacía el calor agotador de un julio en obras. Yo no podía dormir y hacía meses que, por el miedo y la soledad que había dejado el newyorkino en mi vida, no intimaba con ningún hombre. Y allí estaba, en una retransmisión de La2 del Festival de Vitoria, con sus pantalones gastados, con sus zapatillas de malote_grunge, con su picardía en la mirada... El jazz es algo elegante, por eso, cuando le vi saltar sobre el piano, como hubiera hecho cualquier heavy de tres al cuarto, no pude evitar pegar la nariz al televisor. Me sentí un poco como un ratón en Hamelín, anestesiada, hechizada...

No sé cuánto tiempo pasé así, sin poder retirar la vista ni el oído. Debió de ser algo más de una hora, que es lo que suelen durar estos conciertos. Al día siguiente, con la resaca que dejan las noches de insomnio y onanismo, llamé a un amigo y le dije que había descubierto algo. No quería arriesgarme, por eso no le dije que había descubierto a un músico que venía a renovar el mundo del jazz cantado. Michael Bublé no hace más que repetir las fórmulas que ya usaran Frank Sinatra y Dean Martin. Diana Krall, que es fantástica, rescata un poco el malditismo de Billie Holiday y lo mezcla con la sensualidad de Julie London, además ha versionado a Tom Waits, que es lo más cercano a un dios en la tierra, y sólo por eso ya merece mi envidia y respeto eternos. Pero en el jazz vocal se viene haciendo lo mismo desde siempre. Hasta que una madrugada, me encuentro con Jamie Cullum y se me activa algún tipo de interruptor. Yo no sé cuál es la diferencia entre un buen vino y uno corrientito. Pero, los que no tenemos ningún Máster en Enología, de pronto probamos un vino y se nos mete el aroma por la nariz, se nos aturde la garganta y, después, el paladar se nos queda maravillado. No sabemos por qué es un buen vino, no podríamos explicar sus propiedades frutales o el sabor a madera, pero, de pronto, sabemos que ése es un buen vino. Algo así me pasó con Jamie Cullum. Me da igual lo que digan los puristas. Me da igual que su último disco no esté entre los mejores de 2005 según Cuadernos de Jazz. A pesar de todo, Jamie Cullum me embriaga, me acompaña con su voz tierna y su sacrilegio del jazz tradicional, me abraza con el poso distinguido que queda en sus alaridos flotando por el aire de mi casa, me calienta las entrañas y hace que mi imaginación vuele a un mundo onírico donde todo es mucho más elegante y mucho más embriagador. Después le vi hablar sobre la influencia de los escritores Beat en su vida, sobre Tom Waits, sobre sus estudios en literatura y ya no pude hacer nada por escapar de su tela de araña en la que había quedado atrapada.

Y esto viene a que hoy estaba sumida en una de mis ocupaciones preferidas. Yo no sé si me viene por sangre o por educación, pero me gusta encerrarme en la cocina, poner un buen disco en un volumen demasiado alto y ponerme a cocinar. Así, el tiempo se me detiene y soy dueña y protagonista de una felicidad suprema imposible de explicar con palabras. La única pena es que, después, no habría ningún comensal con quien compartir el resultado. Por eso, quizá, Jamie Cullum ha sonado más misericordioso que otras veces. Me ha acurrucado con sus canciones y ha hecho que me sienta acompañada, aunque sólo fuera por un fantasma enlatado en un cd. Pero... ¡¡¡qué fantasma!!!
Escuchando Twenty Something de Jamie Cullum

6 comentarios:

Erradizo dijo...

¡Que de trabajo me estás dando! :). Apuntado queda.

El Selenita dijo...

Gran tipo

pumky77 dijo...

A mi este chaval me gusta mucho mucho. El anterior disco lo escuche muchisimo, al ultimo todavia no le he dado su tiempo. Personalmente me parece muchisimo mas arriesgado q el Bubble que es un poquito brasas. Toma!!!

Anónimo dijo...

este tio es la cañaaa¡¡¡¡
aksaray

Mandy dijo...

Se confirma: el efecto que produce este tipo es el mismo en todas y en todos,lo puedo asegurar.
Yo hace un poco que se de la existencia de Jamie y le aseguro que hoy por hoy desempeña un papel importante en la escena del Jazz y lo hara mas intensamente,estoy convencida de ello,a nadie (que yo sepa) que tenga 23 años y del que solo haya escuhcado una cancion propone ningun productor que firme un contrato de por vida.
Fui afortunada y tuve la suerte de verle en directo en un concierto y....sin palabras. Si Twentysomething fue bueno con Catching tales se me saltan las lagrimas...
Besos mil!
Y no digo esto por que sea femina porque se de machos que incluson viajaron exclusivamente para verle en directo.

Olvido A. dijo...

Yo me lo perdí, este verano tocaba en Madrid pero yo estaba trabajando en otra ciudad... Esperemos que se pasee este verano por alguno de los festivales.