Melancolía, jazz y soledad




Escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans.

Se trata de un disco triste, de los que empiezan acariciándote la cabeza y acaban clavándote un cuchillo en el hígado para que se te salten las lágrimas.

Escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans, tenía que acordarme, por fuerza, de Él.

Hace más de un año, estábamos en el Blue Note de New York. Nuestra mesa estaba pegada al escenario y un ancianito belga tocaba la armónica.

El ancianito era un hombre tremendamente carismático al que me apetecía abrazar y cubrir de sonrisas. El ancianito sonreía con la mirada y hablaba un inglés muy sencillo, muy cercano, muy humano.

El ancianito se llamaba Toots Thielemans.


Thielemans es un belga que ha introducido paulatinamente la armónica al mundo del jazz, consiguiendo unos matices que te elevan al séptimo cielo, te bajan a la penumbra más triste y, luego, te soplan un abrazo en la sien. Pocos músicos consiguen esa ruleta rusa de sentimientos en sus oyentes, pero Toots, desde su vejez amable, lo hace con Matrícula de Honor.

Hace algo más de un año, yo estaba en Manhattan, en el Blue Note, viendo a Toots Thielemans. A mi lado estaba Él. En mi misma mesa, apenas a 10 centímetros de distancia. Él estaba junto a mí, pero no estaba conmigo, nunca lo estuvo. Cuando Toots le dedicó una canción a su mujer, con su inglés dulce, Él me miró. También yo le miré. Y nos apretamos la mano. Pero los dos sabíamos que mentíamos y que ambos éramos conscientes de la mentira. Estábamos muy cerca el uno del otro y, sin embargo, no estábamos juntos. Nunca lo estuvimos. Nos engañábamos para no reconocernos en el precipicio de una soledad que, con toda probabilidad, nos acompañe toda la vida. Hay personas a las que no se les da bien esto del amor. Y yo soy una de esas personas. Mi amigo Aarón me engaña y me dice que me equivoco cuando digo que acabaré sola, con ochenta años y rodeada de perros y basura. Pero los dos sabemos que mi broma esconde la angustia de una certeza como he tenido pocas en la vida.

Escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans, me da por pensar en Él. No sé si le quise alguna vez. Quizá al principio. Quizá nunca. Quizá siempre me engañé (nos engañamos) para huir (para tratar de huir) de una soledad que nos perseguirá toda la vida. Después de todo, soy una persona a la que no se le da bien el amor. Nunca seré la chica con la que se queda el chico. Follaré en mi casa vacía de gente, follaré en hoteles y en despachos. Pero no creo que nunca, ningún chico, deje en mi casa su cepillo de dientes. Lo dejará en casa de otra chica a la que sí se le dé bien esto del amor. Aarón me pregunta qué características tienen las personas a las que se les da bien amar. No lo sé. Supongo que, si lo supiera, tendría la salvación, el antídoto a esta soledad que me perseguirá toda la vida.

Escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans, repaso las grandes historias de amor (los grandes fracasos) de mi vida. Nunca ninguna historia salió bien. Creo que porque, de entrada, siempre elijo mal. Escojo a personas que sé de antemano que no se quedarán conmigo. Psicópatas, cocainómanos, residentes en otro país, casados... Un ramillete de relaciones imposibles, de hombres con los que es imposible que salga bien. ¿Por qué? No sé por qué escojo así. Supongo que es para que, cuando se vayan dando un portazo, no reconocerme de nuevo una fracasada en cuestiones amorosas. Si una relación imposible se va al carajo, siempre puedes echarle la culpa a que se antojaba difícil. Así, me engaño de nuevo y no termino de reconocer el dolor de tener la certeza de que acabaré sola, rodeada de perros y basura.

Escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans, se me pone un nudo en la garganta. No llego a llorar, pero sé que, si me esforzara, podría soltar un par de lágrimas. Hay muchas lágrimas que no he echado en la vida, que se han escondido en mi armario para seguir doliéndome de tanto en cuando. No lloré por Él, ni por ninguno de los otros Él que pasaron por mi vida. Ni siquiera cuando necesito ese abrazo mentiroso que diga "no estás sola". Ni siquiera cuando necesito que me mientan un "te quiero". No se me da bien llorar, como tampoco se me da bien esto de amar. Y, sin embargo, escuchando Affinity, de Bill Evans & Toots Thielemans, por un momento, se me ponen las lágrimas que nunca dejé escapar en la garganta. Sonrío. Pienso en Él, en Ellos, en mí. Quizá es sólo que hoy necesitaba una mentira con forma de hombre.

Recuerdo la dedicatoria que Toots hizo a su mujer, con su mirada dulce, con su inglés tierno. Recuerdo la mentira ridícula de Él, apretando mi mano como podría haber apretado la mano de cualquier otra. Y, acto seguido, me trago las lágrimas que asoman a mi garganta.

¡Qué jodidamente bueno es Toots Thielemans! De vez en cuando, es bueno someterse a esta ruleta rusa sentimental.

8 comentarios:

Erradizo dijo...

Pone triste el alma leer tu post. Definitivamente necesitamos esa parranda.

Abrazo

Anónimo dijo...

...lo que se puede uno encontrar buscando información de sus artista favoritos, me parece genial que a alguien le pueda hacer sentir eso este disco, Affinity, pero qué lástima que esté cargado de significados tan negativos.

Olvido A. dijo...

La música te hace sentir porque la unes inconscientemente a cosas que te recuerda, a personas, a sentimientos...
De todos modos, aunque negativos, es un disco genial, impresionante. En ningún momento he querido que pareciera que no me gusta este trabajo de Evans y Thielemans.
Gracias por comentar, usuario anónimo. Pásate cuando quieras, esta es tu casa

Anónimo dijo...

Ya te lo comenté el otro día, Olvido?.

Me encanta cómo escribes.

Y me parece fantástico este comentario sobre los amores imposibles, reflexionando al hilo de la melancolía (melancólica palabra, efectivamente).

Amores difíciles para ocultar fracasos???? Miedo a afrontar una relación de igual a igual (preciosa canción de Guerra, por cierto, y maravillosa película de Querejeta, Hector, por más cierto)???

Pues me siento identificado, claro, igual por eso me encanta lo que escribes.

Pues eso, como diría el petardo de Umbral.

Saludos

Olvido A. dijo...

Vaya. Muchísimas gracias por tu apoyo y palabras. Pero... ¿podrías firmar tus comentarios?
Un abrazo

Jose M. dijo...

Firmado queda.

nur dijo...

si, descubrí que me gustaba barrio sésamo, por aquella harmonica.

Aristide dijo...

La basura, los perros, la soledad, y la nostalgia; siempre serán más sinceras que la ternura, la concordia y la armonía.
No necesitas llorar, la vida es un llanto. Una lágrima dulce ;)