A veces el jazz no lo es todo

Fotografía cedida por mi amigo y artista El Selenita

Club de jazz en el centro de Madrid.
Luz tenue.
El cuarteto de Freddy Cole (hermano de Nat King).
Humo, whisky, ron, ginebra, intimidades compartidas al ritmo de las teclas del piano.
Un estallido de aplausos.
El concierto ha terminado.


******************** ********** ********************


Tres horas antes estaba a punto de empezar el primer pase.

Mi coche buscaba un sitio donde esperarme mientras yo disfrutaba de mi pasión musical.

Mi amigo Gonzalo trataba de tranquilizar mi ansiedad. Pero era inútil. Iba a empezar el primer pase y yo seguía dando vueltas como una idiota por los alrededores de la calle Barquillo.

La ventana un par de dedos bajada. El humo empezaba a escocerme en los ojos y la calefacción, para evitar un sobrecalentamiento en el motor, hacía necesaria esa rendijita de aire. Aunque la tos de hoy, me dice que quizá no fue tan buena idea al fin y al cabo.

Un hombre (vamos a llamarle hombre, aunque podríamos llamarle "ser vivo mediocre") nos adelanta en moto. Charles Mingus inundaba todo el espacio con el volumen adecuado, lo suficientemente bajo como para poder conversar y lo suficientemente alto como para que se nos metiera por todos los poros.

El ser mediocre se nos queda mirando con un casco del que escapan, despavoridas, luces azules y una música (por llamarlo así en lugar de "ruido perjudicial para la salud mental"). De pronto la reconozco. ¡¡¡Es reagetón!!! El ser mediocre nos mira, como con orgullo, como lanzando un desafío escrito en su mirada ridícula: "¿A qué molo, nena?"

Entonces, a mí se me pone mirada de perplejidad. Es una escena muy cinematográfica. Me quedo rígida, no puedo reaccionar a semejante espectáculo. Metro y medio de ser mediocre de género masculino, con un casco que lanza luces azules y reagetón, que me mira cual cowboy duro de Texas.

Consigo salir de la catatonia, aún no sé cómo. Cierro la ventana del coche y subo el volumen. Mingus vuelve a tomar posesión de nuestra capacidad auditiva.

El ser mediocre cambia de objetivo visual. Esta vez, lanza su lazo de cowboy a una yegua-chica a la que puede ver a través de la ventana de un restaurante. Y en ese momento, soy capaz hasta de hablar. Grito, sumida en una agonía muy existencialista: "¡¡¡Cuánta mediocridad!!!" Gonzalo se ríe. Y su risa se me contagia. Son las 11.30, el primer pase de Cole ya ha empezado, pero da igual, he conseguido relajarme.

En un momento de lucidez, se nos ocurre que podemos meternos en el segundo pase. Era algo que yo quería evitar a toda costa, ya que después del concierto me apetecía ver a un hombre (esta vez sí usamos hombre en su más correcta acepción, aunque podríamos decir también "El Hombre"). Me apetecía besarle y juguetear a ser amantes hambrientos de sexo. Pero "El Hombre" es un encanto y entiende que necesito ver a Cole pero que necesito más aún besarle después. Así que esperará a que yo esté libre.

No hay nada como ir con tiempo. Por fin encontramos un sitio donde dejar el coche. Caminamos hasta un bar. Chopitos, bravas y vino. Excelente elección. Nos traen una botella joven de Ribera del Duero, un Fuentespina Granate de 2004, deliciosa, que se nos mete en la sangre dejándonos esa errónea capacidad humana para decir ñoñeces y una colección infinita de tonterías.

Hacía tiempo que Gonzalo y yo no nos veíamos. La última vez habíamos tenido un encuentro bajo mis sábanas. Gonzalo es un enamorado del amor. Yo se lo digo. Él no se enfada, porque lo tiene asumido. Él prefiere un amor con poemas de Girondo y canciones románticas de Sabina. Yo busco una pasión con poemas de Bukowski y canciones desgarradas de Tom Waits. De modo que, en nuestro buceo "subsabanil", no nos llegamos a poner de acuerdo y a mí se me puso una mala leche que no sé cómo puedo sacar de tan sólo 158 centímetros de altura. Pusimos tiempo y obras de M30 de por medio y ayer, después de algo más de dos meses, volvimos a vernos. Esta vez no discutimos. Él dejó caer algún piropo y yo le hablé de mi nuevo amante. El vino, ya les dije, hace que nos pongamos ñoños.

A las 12.15 fuimos hacia el Bogui Jazz. Estaba terminando el primer pase. La gente no se iba. Por un lado era buena señal. El cuarteto era lo suficientemente bueno como para que la gente se tragara dos pases seguidos. Pero por otro lado, significaba que no se quedaba ni una triste silla libre. Así que una se apalanca en la barra, se sumerge en el maravilloso mundo del Brugal con Coca Cola y deja que sus caderas se le muevan al son de las teclas del piano.

Cuando el concierto, excelente concierto, estaba llegando al final, saqué el teléfono móvil, en vibración, del bolso. Mensaje de texto. "Quiero besarte". Enviar. Poco después, "Tiene un mensaje nuevo". Me dice que va a besarme. Así que la felicidad del jazz, mezclada con la alegría del vino y del Brugal, se fusionan con la excitación por el sabor de unos labios que necesito besar, como Charlie Parker necesitaba su heroína.


Antes de irme, Gonzalo me hizo una foto con Freddy Cole.




******************** ********** ********************


Ya sé, ya sé. No he hablado mucho del concierto. Ni tampoco he hablado mucho de jazz. Pero es que a veces, sólo a veces, el jazz no lo es todo. A veces una bebe vino, se pone ñoña y se pierde en la mirada de "El Hombre". Y, entonces, por unos momentos, con el recuerdo aún caliente de un buen concierto de jazz, con el sabor del excelente Brugal aún en el paladar y con un cuerpo masculino que me crea adicción, el mundo vuelve a ser, simplemente, cojonudamente perfecto.

5 comentarios:

El Selenita dijo...

Querida profesora (nunca mejor dicho). De lo aqui expuesto solo he de decir tres cosas.
1. El tio Hank también es de mi agrado, al igual que Waits.
2. Se le ha olvidado el otro ser mediocre que fue el causante de todo el atasco que se produjo ayer noche en madrid.
3. Creame si le digo que quien puso las obras de por medio fue nuestro queridisimo "Alcaide" Ruiz Gallardon.

Sin mas... enhorabuena.

Erradizo dijo...

Es embriagador la forma que tienes de contar las cosas, es tan... tan...

Erradizo dijo...

a veces asusta mi expresividad eh? :-p

Olvido A. dijo...

Selenita... ¿ya nos vamos a poner a discutir? Desde luego no hay manera, te gusta chincharme :P Gracias, corazón
Pd. Qué fotos tan bonitas. ¡¡¡La de Cole conmigo la quiero en color!!! No todos los días se tiene una foto así :)

Erradizo, ¿qué vas a asustar? Este blog queda honrado con tu presencia. Sigue "asustándonos" con tu expresividad. Un abrazo!

El Selenita dijo...

Por cierto... me pido ser el fotografo oficial de Jass it up, boys!
¿Es posible?