Otro mal día

Hoy, al abrir los ojos, ya sabía que iba a ser un día de mierda. Anoche me había puesto el despertador a las 6:40, para salir a correr antes de que las calles se convirtieran en lava volcánica, pero ha decidido no sonar. Y no es una excusa inventada, ni un perro que se ha comido mis apuntes. No ha sonado y me he despertado cuando el sol ha inundado la habitación, ya cabreada, porque sabía que hoy me quedaba sin correr. He ido a la cocina y he puesto a hacer café. Me gusta disfrutar de ese mágico momento en el que el café se está haciendo y la casa se convierte en un hogar al perfumarse con el olor al grano que tantas veces tostó mi abuelo paterno, quien había aprendido el oficio cuando estuvo en la Guinea española. Es entonces cuando suelo encender el teléfono, conectarme a diferentes redes sociales y ver qué ha pasado en el mundo. Robin + Williams + DEP. Repetido hasta la saciedad en mil tuits, en mil actualizaciones de estado, en mil fotografías. Robin + Williams + DEP




Y, entonces, he vuelto a ver a aquella niña de once o doce años que asistía, refugiada en las rodillas de su padre, a aquel "Oh, capitán, mi capitán" doblado al español, porque entonces ni mi padre ni yo (ni casi nadie) habíamos descubierto todavía que existía la versión original. Todo estaba doblado. Pero aún así, fascinada, escuchaba a aquel profesor y pensaba que sería bonito, algún día, ser una profesora igual que él. Faltaban muchos años para que Don Ángel, mi profesor de Periodismo Digital, me propusiera quedarme en la universidad una vez terminada la carrera y responsabilizarme, junto a otro compañero, de sacar adelante un periódico para los estudiantes y tutelar una asignatura de prácticas de Periodismo Escrito. Faltaba mucho para aquello, pero ya entonces, cuando veía a aquellos chicos de celuloide mirar fascinados a aquel profesor, entre la locura, la temeridad y la sabiduría, ya supe que yo quería que, algún día, alguien me mirase así. Porque no hay amor más grande. Me han amado algunas personas que se han ganado a pulso el título de amigas. Me han amado (dicen, dijeron) algunos hombres. Confieso que alguna mujer también. Me han amado familiares, entre la obligación, el compromiso y la costumbre. Y me han amado algunos de mis alumnos. He recibido correos electrónicos que me han arrancado una lágrima dulce y notas en trabajos que me han sonrojado, pero no me refiero (solo) a eso. 





Me han amado cuando he entrado en el aula y han dejado de leer un comic maravilloso o de contar la apasionante noche anterior al compañero de al lado para escucharme a mí. Para considerarme. Para cederme el protagonismo, a mí y a lo que tuviera que contarles. Me han mirado con ojos hambrientos y me han pedido más historias, más lecturas, más películas. Me han amado. Quienes no se dedican a la docencia no pueden saber de lo que hablo, ni a qué me refiero, cuando digo que tengo el trabajo más bonito del mundo. Los que no se dedican a la docencia tampoco saben qué supone entrar en un aula para ser mimada por treinta pares de ojos que, en ese momento, ya solo existen para ti. Mi empeño ha sido, siempre, hacer creer a cada par de ojos que yo tampoco tenía mirada para nadie más que para ellos. Algunas veces, seguro, lo he conseguido. Otras tantas, no, pero los alumnos siempre saben distinguir la honestidad de la hipocresía. Y yo no he sido nunca la profesora que más sabía, pero sí he tratado de ser la más honesta, la que más les escuchaba, la que más estaba ahí, para ellos, entonces y todavía, aunque haya pasado un año, o dos, o diez.

Robin + Williams + DEP. Después vino El Rey Pescador y la primera toma de contacto con ese submundo, con esos personajes que tantas veces, después, me robaron el corazón. Fue con su personaje con quien nació mi atracción hacia la locura, hacia la perdición, hacia esas almas que se perdieron en algún momento del camino y se quedaron atrapadas buscando la baldosa (esa maldita baldosa) en la que posar el pie para poder seguir adelante. Robin + Williams + DEP. Vinieron mil y una carcajadas, doscientas mil sonrisas y algunas (muchas) lágrimas dulces. Robin + Williams + DEP. Hook. La señora Doubtfire. Jumanji. El indomable Will Hunting. Robin + Williams + DEP. Good Morning, Vietnam. Hamlet. Desmontando a Harry...



Antes de pensar siquiera en cómo decir lo triste que me caía esta noticia sobre las lumbares, sobre esta mañana que vaticinaba un día horrible, en el que el despertador no ha sonado y no he podido salir a correr, ya había voces lamentando que se lamentara (valga esta redundancia expresa) la muerte de un actor más que nuestras propias miserias. Y claro, yo hice una tesis doctoral sobre el cine en la que trataba de reflejar cómo el séptimo arte nos conforma a los espectadores (y no al reves). El cine es nuestra expresión cultural contemporánea por antonomasia, la forma que tenemos de escapar del miedo y de explicar lo que no entendemos, como antaño tuvieron juglares o gárgolas en catedrales. Y sí, es verdad que parece muy fariseo lamentar la muerte de un actor multimillonario cuando el mundo nos está agonizando. Es verdad. Israel está borrando del mapa a Palestina (y a los palestinos). Es verdad. Hay familias que están siendo desahuciadas. Niños que se van a la cama con hambre, no en el tercer mundo, en nuestra calle, en nuestro bloque. Hay desamparo. Desolación. Motivos, hoy más que nunca, para hacer que rueden cabezas, para no lamentar que un infortunio derrame la sangre de los mandamases que nos han puesto aquí. Es verdad. El mundo se nos está yendo a la mierda y de alguna manera estamos siendo cómplices. Todo eso es verdad. Pero hoy, además de para este mundo enfermo, también tengo dolor para ese actor multimillonario, aunque suene frívolo. Si quieren, puedo decir, mejor, que me queda dolor para esa niña de once o doce años que veía, refugiada en las rodillas de su padre, aquel "Oh, capitán, mi capitán" y ya entonces fantaseaba, por primera vez, con dedicarse a la docencia. Porque esta mañana, cuando he visto la combinación Robin + Williams + DEP, de alguna manera, esa niña también ha muerto un poco


Descanse en paz, hacedor de sueños. Si hoy estoy donde estoy, si hoy me dedico a lo que me dedico, en parte, es por su culpa.

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