De belleza

Ayer vi esto en uno de los cines más bonitos que conozco:

 

No habían transcurrido ni cinco minutos y yo ya tenía los ojos empañados en lágrimas. 

- ¿Tan triste era? -me preguntó él más tarde, cuando se lo contaba con una copa de Somontano en la mano.

- En absoluto -le contesté llena de incomprensión. "¿Triste? ¿Cómo va a ser triste?", me preguntaba a mí misma, pero solo fui capaz de añadir un: 

- Era hermosa. 

No habían pasado ni cinco minutos de "A Film About Kids and Music. Sant Andreu Jazz Band" cuando una niña de seis años levantaba una trompeta más grande que ella y le robaba unas notas de jazz clásico. ¿Cómo no echarse a llorar en ese mismo instante? Si esa escena no remueve tus vísceras, es que no sientes amor ni por el jazz, ni por la música, ni por el arte, ni por la hermosura.

   
Aquí tenéis a esa niña, ¿no es para morir de amor?


De modo que, cuando le dije que era una película hermosa, quería decir que la belleza inunda cada plano y cada escena del film. Es hermoso el amor que los niños -músicos de jazz- sienten por un director y profesor que les trata como seres humanos, independientemente de que tengan seis o dieciocho años. Les regaña, claro, pero también les entiende en su dimensión de niños. Sabe que necesitan jugar, así que ha convertido las melodías de Sidney Bechet o Charlie Parker en una diversión que, de paso, les da confianza, ilusión y les enseña a creer en sí mismos. Casi

Cuando digo que es hermosa, quiero decir que capta el lenguaje del jazz. No solo esto. Lo capta con el objetivo, lo despieza en trozos muy pequeños y lo vuelve a montar para que todos lo entendamos y, sin darnos cuenta, caigamos enamorados -si es que no lo estábamos ya.

Quiero decir también que al final de la película entendemos la dificultad de tocar en una nota o en otra y que esa dificultad puede ser una declaración de intenciones y una demostración del compromiso adquirido por una niña -música de jazz- con/hacia la persona que dirige su banda y la está convirtiendo en un ser humano mejor. 

Cuando digo que es hermosa, quiero decir que el cuatrilingüismo que domina todo el metraje no es un inconveniente ni una dificultad, sino una hermosa conjunción de (buenas) maneras y el deseo de comunicarnos con otros seres humanos, más allá del propio código que recibimos siendo niños. Hay una escena en la que Jesse Davis, un músico de Nueva Orleans, negro, grande, de voz grave, se entiende perfectamente en su inglés con un Joan Chamorro que pasa del español, al catalán, a un mal inglés. Y se entienden perfectamente. Porque están hablando de jazz, de pasión, de gratitud, de milagros, de creatividad, de felicidad, de música, de jazz... Y al músico catalán se le llenan los ojos de lágrimas cuando aquel negro, alto, grande, de voz grave, le dice en su inglés que algún día la Historia (con mayúscula) del jazz le dará las gracias por la labor que está haciendo con esos niños. A Joan Chamorro se le llenan los ojos de lágrimas y en la sala 1 del Cine Doré se oye más de un hipido. No soy la única que está llorando. Nos sigue emocionando la generosidad y la belleza. Este mundo aún no está condenado. Sonrío, todavía con las lágrimas desparramándoseme por las mejillas. 

Cuando digo que es hermosa, quiero decir esto:

   


Y esto:

 



Y también esto:

   


Y cómo no, también esto otro:

   


"A Film About Kids and Music. Sant Andreu Jazz Band" no es un drama, ni una película de llorar... Pero yo no pude remediar el llanto durante la práctica totalidad del metraje. No lloré de tristeza, ni de felicidad (o al menos, no solo de felicidad). Lloré de belleza, si es que esto es posible.  

Es muy difícil explicar qué nos lleva a emocionarnos como nos emocionamos. Resulta en exceso complicado poner palabras a un sentimiento. Y aun así, una y otra vez, estropeamos un afecto con el código escrito. Y así nos va... Lo he dicho muchas veces. Necesitamos más besos, más abrazos, más polvos... y menos gramática. Y también, por qué no decirlo, aunque sea políticamente incorrecto, más gritos, más blasfemias y más puñetazos (a una almohada o a un punch). 

Pero esto iba de llorar de belleza. De Joan Chamorro. De sus niños músicos de jazz. De "A Film About Kids and Music. Sant Andreu Jazz Band". De la emoción. Y también de la fe, de la pasión, de la enseñanza, del aprendizaje, de la creatividad, de la belleza (de esa belleza que nos hace llorar). 

Y es que, tras ese primer momento que comenté antes, protagonizado por una niña llamada Elsa Armengou -apodada Garrapata, porque en el jazz todo músico que se precie arrastra un mote- sosteniendo con gran respeto y cariño una trompeta gigantesca, la película mostró su verdadera cara, se quitó el antifaz de los títulos de crédito y enseñó cuál era su verdadera intención. "A Film About Kids and Music. Sant Andreu Jazz Band" no es un documental sobre el trabajo que Joan Chamorro hace con los niños que componen la Sant Andreu Jazz Band (o no solo). "A Film About Kids and Music..." es una declaración de amor al jazz, a la docencia, a la niñez, a la creatividad, a la humanidad, al compañerismo, a la generosidad... Y eso, en estos tiempos que corren, como mínimo te tiene que hacer llorar. De felicidad y de belleza. 


No me resisto a este bonus track: