Aprendiendo tres cosas de Charlie Parker


Este fue el primer disco que me compré de Charlie Parker. Han pasado más de diez años desde que entré en una tienda de discos de Pamplona y dije con cierta timidez:

- Buenas tardes. ¿Tiene algo de Charlie Parker?

Al chico que trabajaba en la tienda, lo supe más tarde, le gustaban otras cosas. Los Planetas, El Niño Gusano... Esas otras cosas, pero no el jazz. De todas formas, yo tomé como costumbre ir una vez a la semana a visitarle y, cada vez, me compraba un disco. Solo uno. Porque yo era una estudiante de presupuesto limitado. Al menos tenías un presupuesto, me sigue echando en cara mi madre movida por no sé qué tipo de sadismo machacón. Así que con ese presupuesto pude elegir entre Zara y mis discos. Fue en esa época cuando aprendí a alargar la vida de mis prendas de ropa hasta tres, cuatro o cinco temporadas.

Han pasado más de diez años. Los hijos nos hacen mayores, pues los nietos ni te cuento, decía siempre mi abuela entre el alarde y el gimoteo fingido. A mí me hacen mayor mis discos (y me encanta). Aquel Charlie Parker at Storyville, todavía hoy, al escucharlo esta noche de viernes, me sigue enseñando cosas. Hoy he aprendido, al menos, tres. La primera de ellas es que "I'll Walk Alone" es una de las canciones más bonitas de la historia. La segunda, que no me cansaría nunca de escuchar llorar al saxofón de Parker y lamentarse al piano de Sir Charles Thompson en "Don't Blame Me". Y la tercera es que la vida sin Charlie Parker sería un asco indigno de ser vivido.

Por lo que pueda pasar y lo que nos pueda venir, yo tendré a mano el Charlie Parker at Storyville. Nunca se sabe si vamos a necesitar que Bird nos salve la vida.

3 comentarios:

Emilio Calvo de Mora dijo...

Recuerdo, Olvido, no me ha salido a posta juntar esas dos palabras, una tienda en Córdoba, en la parte antigua de la ciudad, en donde vendían libros y discos de segunda mano junto con cómics, que era el asunto principal del negocio. Iba allí a hurgar en las cajas, a descubrir portadas lujuriosas, a caer en la cuenta de que era posible la sorpresa, el asombro puro. Recuerdo comprar Live and well in Japan, un disco del sello Pablo, firmado por el incombustible Benny Carter. Un amigo mío acababa de comprar en unos grandes almacenes uno de Tom Petty. Nada que recriminar a Tom Petty, pero iba yo con mi vinilo (enorme, goloso al tacto) por las calles impregnado de una alegría que él no poseía. Mi jazz era un tesoro por descubrir, con sus huecos y sus matices. El rock, a pesar de ser un rock bueno, era un material que no despertaba, ni en mi amigo siquiera, esas sesnaciones.
Siempre es bueno tener a Charlie a mano, Olvido. En mi ipod, bendito él, gracias Mr. Jobs, llevo siempre unos cuantos discos de jazz. Los últimos que alojé en el itunes son de Cassandra Wilson y de Joe Pass. Luego hay de todo. Un poquito de rock sinfónico y hasta bossa nova. Pero el jazz, ah el jazz. Me ha salvado la vida (en un sentido figurado y precioso ) muchas veces. La vida sin Charlie Parker no sé si sería un asco, pero sí que sería un lugar menos confortable, uno en donde el tedio y la capacidad de asombrarnos y de sentir el pulso de la belleza serían enemigos absolutos. El tedio no existe con Storyville en CD en una estanteria o en un archivito, perdimos el romanticismo de las portadas, en fin, en un disco duro. Por lo que pueda pasar, viva Bird. Un beso.

Nico dijo...

Hermosa entrada. Nuestros discos no son simples pedazos de plástico que contienen información en su superficie, son bitácoras de nuestra vida.

Olvido Andújar dijo...

Emilio: me gusta lo que dices de que el jazz te "ha salvado la vida (en un sentido figurado y precioso ) muchas veces". Y lo de "la capacidad de asombrarnos y de sentir el pulso de la belleza serían enemigos absolutos" y lo de "por lo que pueda pasar". Pero, sobre todo, me gusta que sigas pasándote por ese blog después de tanto tiempo. Un beso enorme, amigo

Nico: muchas gracias por el piropo. Es verdad lo que dices de los discos y el plástico. Bienvenido, también tú, de nuevo. Un beso