¿Ajo y agua?


Cuando vives lejos de la gente a la que quieres, no te queda más remedio que confiar en los medios de transporte que te permiten, de tanto en cuando, volver a escuchar sus risas y sentir sus olores. Mi amiga Esther, por ejemplo, me huele a leche caliente y a canela. Pero cuando se echa perfume, a veces, huele a vainilla. Y mi amigo Roberto tiene la risa más bonita de todo Madrid. Cuando nos juntamos para ver un concierto y me cuenta alguna anécdota de su hijo o su sueño de ser camarero en el Bogui o jardinero, no puede evitar reírse. A mí se me pone el mundo patas arriba y le miro con toda la dulzura que cabe dentro de mis 157 centímetros de altura.

El olor de Esther, la risa de Roberto, la mirada de mi sobrino Aitor y las veladas con sus padres, las bromas de Zaida, las canciones de Rubén, las conversaciones con Mónica... Son esas pequeñas cosas que hacen que la vida, realmente, valga la pena. Así que, de vez en cuando, cojo un avión y vuelvo a oler el maravilloso perfume a leche caliente y canela de Esther y a escuchar la maravillosa risa de Roberto.

Hoy no quiero hablar de jazz. Hoy quiero utilizar, con su permiso, este blog para lanzar una denuncia pública. En realidad, preferiría lanzar una piedra al cartel luminoso de algún mostrador de Vueling, pero estoy demasiado lejos y soy bastante más civilizada que ellos. Hoy, ya lo ven, estoy un poco enfadada porque una persona a la que aprecio (mucho) ha sido ninguneada y maltratada por esta compañía aérea.

Yo sé que esto suena a tontada, a enfado irrelevante pero, cuando vives tan lejos de esos momentos que convierten la vida en un milagro, no te queda más remedio que venderle tu alma al diablo de una empresa de aerolíneas. Si esta empresa te niega esas pequeñas cosas, insulta tu inteligencia y te sonríe amablemente mientras tienes que tragarte tu propia bilis, solo puedes sentirte hundido/a e insignificante. Y, lo siento, pero me llevan los demonios cuando una corporación consigue que un ser humano al que aprecio (mucho, ya lo he dicho) se sienta así.

Por eso, este post hoy no habla de jazz. Este post habla de mi amigo Javier y de su viaje infernal con Vueling. Leánlo aquí. Créanme cuando les digo que, además de este espacio, tiene también uno de los mejores blogs que se pueden encontrar hoy en la red. Por mi parte, quedaré eternamente agradecida si, cada vez que alguien les pregunte por Vueling, ustedes le remiten al blog de mi amigo Javier.

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