Queridos padres


A veces es difícil mantener la vista al frente, tratando de obviar la vergüenza que se esconde más allá de los adoquines. ¿Os acordáis? Nos dijisteis que bajo las baldosas se escondía el mar, y que bajo el mar se escondía la felicidad. También nos prometisteis un sueldo digno, un trabajo honrado y una verbena los domingos. Perdonad, padres, que os haya perdido el respeto.


A veces es difícil no responder una frase maleducada. No homenajear a aquel grande, que no sé aún si fue maestro, actor, escritor o genio. O quizá todo a la vez. ¿Os acordáis de cuando Fernando Fernán Gómez espetó aquel "¡Váyase usted a la mierda, a la mierda!"? Quizá nos hubiera ido un poco mejor si vosotros, queridos padres, también hubierais mandado a mucha gente a la mierda (porque mandar a hacer puñetas tiene una connotación muy triste y muy desagradable para los que sí queremos rememorar aquellos años de guerra y dictadura).

A veces es difícil sentirse orgullosa de esta patria, de esta gente y de estos bares donde no os preocupáis de la educación que nos estáis dando. Ya no os hacen daño los puñales que, de tanto en cuando, lanza El Roto. Ya solo alcanza a doleros la demagogia. Vuestro último dolor, queridos padres, reside en el gasto en traductores del Senado (¿cuando dejó de maravillaros pertenecer a una tierra tan rica lingüística y culturalmente?). Sin embargo, para que os deis cuenta de lo diferentes que somos, mi último dolor fue ver desfilar bajo mi casa a trescientos Ultra Sur, protegidos por los clubs de fútbol y custodiados por la policía que pagan nuestros impuestos.

A veces es difícil asumir que nos convertimos un día en absolutos desconocidos los unos para los otros. Es difícil no culparos por ello, no insultaros, no odiaros, porque a veces aquella canción de los Doors se nos antoja una jodida obra maestra.

Quizá todo se resume en que a veces nos gustaría, simplemente, que nos pidierais perdón por habernos enseñado a agachar la cabeza en lugar de indicarnos que hay momentos en los que es mejor responder con un puñetazo fuerte y contundente (y no confundáis esto con un alegato en pro de la violencia).


2 comentarios:

Rafa dijo...

Cielo, qué bendita habilidad tienes para poner en palabras lo que otros sólo intuimos...

Precisamente hace unos días comentaba con unos amigos que estamos perdiendo el espíritu crítico, que el que acusa y denuncia queda como desagradecido del sistema paternalista en que nos ha tocado vivir, que revolucionario es sinónimo de delincuente, que ser idealista es equivalente a ser idiota.

Sigue luchando contra el gregarismo y el aborregamiento general, por favor.

Besos fraternales (por una vez) desde la Calle del Bourbon,

Rafa

Gregorio dijo...

Esto es el fin.

No veo ninguna alternativa al actual sistema capitalista y explotador en el que estamos sumergidos.

Sólo nos queda la música y la literatura.

¡Suerte en Malta!