Adivina...

... Adivinanza. ¿Quién va a viajar a la bella Sicilia estas navidades?

Prometo fotos, prometo jazz y prometo danzar mientras suena este Just a Gigolò.



Damn it!


Esta secuencia de imágenes aparece en la página 65 de un documento en el que he estado trabajando los últimos años. La habré visto cien veces, al releer el epígrafe en el que se encuentra o al hacer scroll a lo largo de este archivo. Ni una sola vez ha dejado de llamarme la atención.

Solo un genio como Charlie Chaplin podía plantear un whiteface en una película hecha con dinero blanco y dirigida al público general en 1919.

Ni una sola vez he dejado de preguntarme por qué tuvo que morirse Charlie Chaplin. Hay gente que debería ser inmortal. Damn it!

Acerca de Lena Horne




Podría haber llegado a ser una estrella a la altura de Marilyn Monroe o cualquiera de las Hepburn, pero Lena Horne se equivocó de época. Nació en unos años en los que, sus números musicales, se mutilaban de las películas para poder ser exhibidas en los estados del Sur. La sociedad (racista) blanca de la Norteamérica de los años cuarenta no podía soportar ver a una persona afroamericana más bella, más feliz y más próspera. Las envidias y las inseguridades, y no otra cosa, son el origen del racismo y la violencia.






Lena Horne fue la segunda persona afroamericana en firmar un gran contrato con un estudio de Hollywood. Poco le sirvió. El estudio no sabía qué hacer con una mujer tan bella, tan sensual (y sexual) y tan... negra. El estudio no podía permitirse saber que millones de americanos blancos se tocarían, alguna vez (o muchas) pensando en la negra Lena Horne.

Cuando se casó con su segundo marido, blanco él, tuvo que esconder el matrimonio por amenazas de muerte. Esa era la América en la que se equivocó al nacer la bella Horne. Lejos de achantarse o ceder ante el racismo de la época o el menosprecio de su talento del estudio para el que trabajaba, la actriz y cantante aún se hizo más fuerte. No le faltó ni tiempo ni valor para luchar en algunas de las causas sociales más importantes de la Historia de los Estados Unidos. Apoyó a los diez de Hollywood que, unido a su militancia pro derechos civiles, le sirvió para ir a parar directamente a las listas negras de Hollywood. Durante toda su vida luchó y peleó como una fiera por los derechos de los afroamericanos y de las mujeres.






Cada vez que veo una pitillera, pastillero, bolso, paraguas, camiseta, serigrafía, bolígrafo o funda de iPad con la cara de Marilyn o la silueta de Audrey me da por pensar en la Horne. Si no se hubiera equivocado de época, quizá ella también habría podido estar en esas pitilleras, serigrafías o fundas de iPad.

Lo que no podrán quitarle nunca fue el honor de recibir dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood. No creo que esas dos estrellas borraran de su mirada ese aire triste, pero seguro que, al menos, le arrancaron una de sus sonrisas enormes.




¿Ajo y agua?


Cuando vives lejos de la gente a la que quieres, no te queda más remedio que confiar en los medios de transporte que te permiten, de tanto en cuando, volver a escuchar sus risas y sentir sus olores. Mi amiga Esther, por ejemplo, me huele a leche caliente y a canela. Pero cuando se echa perfume, a veces, huele a vainilla. Y mi amigo Roberto tiene la risa más bonita de todo Madrid. Cuando nos juntamos para ver un concierto y me cuenta alguna anécdota de su hijo o su sueño de ser camarero en el Bogui o jardinero, no puede evitar reírse. A mí se me pone el mundo patas arriba y le miro con toda la dulzura que cabe dentro de mis 157 centímetros de altura.

El olor de Esther, la risa de Roberto, la mirada de mi sobrino Aitor y las veladas con sus padres, las bromas de Zaida, las canciones de Rubén, las conversaciones con Mónica... Son esas pequeñas cosas que hacen que la vida, realmente, valga la pena. Así que, de vez en cuando, cojo un avión y vuelvo a oler el maravilloso perfume a leche caliente y canela de Esther y a escuchar la maravillosa risa de Roberto.

Hoy no quiero hablar de jazz. Hoy quiero utilizar, con su permiso, este blog para lanzar una denuncia pública. En realidad, preferiría lanzar una piedra al cartel luminoso de algún mostrador de Vueling, pero estoy demasiado lejos y soy bastante más civilizada que ellos. Hoy, ya lo ven, estoy un poco enfadada porque una persona a la que aprecio (mucho) ha sido ninguneada y maltratada por esta compañía aérea.

Yo sé que esto suena a tontada, a enfado irrelevante pero, cuando vives tan lejos de esos momentos que convierten la vida en un milagro, no te queda más remedio que venderle tu alma al diablo de una empresa de aerolíneas. Si esta empresa te niega esas pequeñas cosas, insulta tu inteligencia y te sonríe amablemente mientras tienes que tragarte tu propia bilis, solo puedes sentirte hundido/a e insignificante. Y, lo siento, pero me llevan los demonios cuando una corporación consigue que un ser humano al que aprecio (mucho, ya lo he dicho) se sienta así.

Por eso, este post hoy no habla de jazz. Este post habla de mi amigo Javier y de su viaje infernal con Vueling. Leánlo aquí. Créanme cuando les digo que, además de este espacio, tiene también uno de los mejores blogs que se pueden encontrar hoy en la red. Por mi parte, quedaré eternamente agradecida si, cada vez que alguien les pregunte por Vueling, ustedes le remiten al blog de mi amigo Javier.

Un gran momento

La Historia (con mayúscula) de Estados Unidos está llena de magníficas historias (con minúscula). A través de los cuentos es como los seres humanos aprendemos las cosas realmente importantes. A través de los cuentos aprendimos que no debíamos confiar en el hombre/lobo/extraño. Aprendimos que debíamos superarnos a nosotros mismos, aunque fuera a base de perder primero nuestra casa de paja y después la madera. A través de los cuentos aprendimos que había besos capaces de despertar a la mismísma Bella Durmiente y que un día un príncipe azul vendría a rescatarnos y traería consigo nuestro zapato de cristal.

Estados Unidos ha sido educado a través de mil y un cuentos. Aprendieron, ellos, que de un trozo minúsculo de celulosa podía hacerse la luz. Aprendieron que cavando muy profundo, podía un día cualquiera manar un tesoro con olor a petróleo. Aprendieron que siempre había sitio para una buena idea y una recompensa para una persona constante. Lo que nunca les enseñaron es que los cuentos no tenían por qué ser necesariamente ciertos. Pero ese tema, si les parece bien, ya lo discutiremos otro día.

Hoy quería contarles la historia de cómo un niño negro y pobre llegó a ser un hombre enorme. El niño, que no tenía bastante con ser negro y pobre, además perdió a su hermano pequeño y él se sentiría culpable de su muerte toda la vida. El niño, que no tenía bastante con la pobreza y con la culpa, además, se quedó ciego. Y poco después, huérfano. Aún un poco más tarde, intentaron engañarle, le trataron como a un desecho y hasta seguramente le compadecieron. Sin embargo, el niño pobre, ciego y huérfano se convirtió en un hombre que sabía el volumen exacto al que debía susurrar obscenidades al oído de las mujeres. Cuentan que debía hacerlo en un tono tan perfecto que ninguna mujer le negó nunca un hueco entre sus piernas.

El hombre negro, ciego, con sentimiento de culpa, de origen humilde y huérfano aún se buscó una dificultad más con la que lidiar cada mañana. El hombre ciego le vendió su alma a un diablo que venía en forma de heroína (una palabra demasiado hermosa para una realidad tan cruenta).

Sin embargo, a pesar de todas estas dificultades, el hombre de origen humilde se convirtió en uno de los artistas más complejos, variados y completos de la Historia (otra vez con mayúscula) de Estados Unidos. Este hombre negro se llamaba Ray Charles Robinson y, un buen día, decidió mezclar el jazz con rhythm and blues y luego con gospel. Y más tarde con rock and roll. Y después con country... Y un buen día los norteamericanos se dieron cuenta de que tenían otro héroe para protagonizar un cuento con el que educar a sus hijos.

Estados Unidos está lleno de grandes historias de hombres y mujeres enormes. También de grandes momentos. Sin ir más lejos, ese momento en el que Ray Charles Robinson decidió mezclar el jazz que le había convertido en el músico que era con el gospel con el que probablemente ahogaba la frustración de saberse un niño negro, pobre, ciego, huérfano y culpable. Y, seguramente también, donde encontraba ese consuelo mágico de los dioses y divinidades que tanto gustan a los norteamericanos. En ese momento, Ray Charles, además de una canción, inventó un nuevo estilo musical: el soul. ¿No les dije que era una gran historia?






Algunos teóricos musicales señalan esta canción, I Got a Woman, como la primera del soul.

Night and Day





Y hasta lo bailaron Ginger y Fred


Decía ayer mi alma gemela del jazz que lo más bonito que te pueden decir es eso del night and day you are the one.

Hace un tiempo pensaba que lo importante no era llegar primero, sino llegar la última. Paradojas del contexto. Toda la vida aprendiendo que solo los tres primeros recibían la medalla en tonos dorados, plateados o bronces, y un buen día descubres que, en la carrera de las relaciones sentimentales, lo mejor es llegar la última.

En las relaciones seximentales la cosa cambia, claro. Cuando solo quieres un abrazo, unas sábanas y un poco de divertimento, casi prefieres no ser la última, como mucho la penúltima, o mejor aún la antepenúltima.

Pero la cosa es totalmente diferente cuando conoces a alguien y comprendes que ya no hay más, que ya no quieres buscar más, que ya solo quieres un hueco entre sus piernas y quedarte a vivir en él. De pronto llega una persona que es ese the one al que cantó Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Billie Holiday y hasta Mina y U2. Y, entonces, en ese momento, sabes que ya no es bueno llegar el primero, ni llegar el último, sino llegar a ser el único. Aunque solo sea mientras duran los acordes del Night and Day en el piano de Art Tatum.

Amad más todavía


En la mayoría de sus fotos, Victor Hugo tiene esa expresión de "¡Mierda! Esto se está yendo definitivamente a la mierda". Siempre ha habido genios capaz de ver la luz o la verdad a través de la maleza. Si nos hubiéramos fijado antes en esa mirada, si hubiéramos tratado de intepretarla cuando aún estábamos a tiempo... Pero no lo hicimos. Así que hoy tenemos que seguir adelante, porque ya no nos queda otra.

Una vez leí una frase suya en algún lugar, no recuerdo dónde, pero pudo ser la firma automática de un email, una actualización de estado en Facebook o un tuit efímero. Sé que no fue en un libro. No por nada, pero al francés le tengo aparcadillo, deseando encontrar ese libro y ese momento que nos permita, a los dos, iniciar un idilio mágico e intelectual.

Aquella frase de Victor Hugo, que me pierdo, decía: "Los que padecéis porque amáis: amad más todavía; morir de amor es vivir".

Amad más todavía, si es que eso es posible. Más todavía amó Billie Holiday a Louis McKay, a pesar de que este le devolvía su querer con golpes y heroína. Más todavía amó —aunque de una manera que no comprenderemos nunca— Cole Porter a su Linda del alma. Una Linda a la que cambió muchas noches por el cuerpo de un hombre, pero a cuyo regazo acababa volviendo siempre. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar el querer de los demás? Cada uno quiere como puede o como sabe. Pero si quiere, y si quiere más todavía, ya es algo más de lo que hace la mayoría.

Amad más todavía, si es que eso es posible. No sé si yo podría amar más la voz de Ella, el piano de Duke o la trompeta de Miles. En cualquier caso, tampoco ellos me hacen padecer. Como mucho, me ponen a un click de distancia de la felicidad.

Aprendiendo tres cosas de Charlie Parker


Este fue el primer disco que me compré de Charlie Parker. Han pasado más de diez años desde que entré en una tienda de discos de Pamplona y dije con cierta timidez:

- Buenas tardes. ¿Tiene algo de Charlie Parker?

Al chico que trabajaba en la tienda, lo supe más tarde, le gustaban otras cosas. Los Planetas, El Niño Gusano... Esas otras cosas, pero no el jazz. De todas formas, yo tomé como costumbre ir una vez a la semana a visitarle y, cada vez, me compraba un disco. Solo uno. Porque yo era una estudiante de presupuesto limitado. Al menos tenías un presupuesto, me sigue echando en cara mi madre movida por no sé qué tipo de sadismo machacón. Así que con ese presupuesto pude elegir entre Zara y mis discos. Fue en esa época cuando aprendí a alargar la vida de mis prendas de ropa hasta tres, cuatro o cinco temporadas.

Han pasado más de diez años. Los hijos nos hacen mayores, pues los nietos ni te cuento, decía siempre mi abuela entre el alarde y el gimoteo fingido. A mí me hacen mayor mis discos (y me encanta). Aquel Charlie Parker at Storyville, todavía hoy, al escucharlo esta noche de viernes, me sigue enseñando cosas. Hoy he aprendido, al menos, tres. La primera de ellas es que "I'll Walk Alone" es una de las canciones más bonitas de la historia. La segunda, que no me cansaría nunca de escuchar llorar al saxofón de Parker y lamentarse al piano de Sir Charles Thompson en "Don't Blame Me". Y la tercera es que la vida sin Charlie Parker sería un asco indigno de ser vivido.

Por lo que pueda pasar y lo que nos pueda venir, yo tendré a mano el Charlie Parker at Storyville. Nunca se sabe si vamos a necesitar que Bird nos salve la vida.

Gracias, Mr. Jobs

Esta belleza de fotografía me la ha enseñado mi amigo Marcelino.


Se va otro grande. Se va uno que nos cambió la vida, aunque algunos y algunas aún no sepamos si mucho, si poco o si regular. Lo que sí sabemos es que se va otro genio, como se fueron antes Enrique Morente, Luis García Berlanga, Gary Moore o Amy Winehouse.

Decía ayer que hay gente que no debería morirse nunca, aunque solo fuera para compensar a tanto mediocre, a tanto ruin y a tanto cretino. Steve Jobs era una de esas personas.

A veces me da por jugar, cuando estoy yo sola, a "qué hubiera pasado si no".

¿Qué hubiera pasado si no hubiera comprado aquellos tres discos de la Verve?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera continuado aquel primer beso del Hombre?
¿Qué hubiera pasado si la madre de Charlie Parker no se hubiera empeñado en cambiarle la tuba por un saxo alto?
¿Qué hubiera pasado si a Billie Holiday no la hubiera descubierto John Hammond?

Y hoy, como no podía ser de otro modo, me pregunto qué hubiera pasado si Steve Jobs no hubiera sido amigo de Steve Wozniak y no hubieran jugado en un garaje.

Steve Jobs, como Louis Armstrong, como Duke Ellington y como Billy Wilder, solo me ha dado buenos momentos. Me dio un iPod con el que escuchar la voz de Aretha Franklin y fue mucho más que un reproductor de música (ojo, de música, que es lo que me hace feliz y me enseña cada día). Me dio un iPhone con el que pude sentirme en el futuro (y también, aunque parezca una frivolidad, me hizo conocer personas e historias maravillosas). Me dio también un iPad, que aún estoy conociendo y descubriendo, pero de momento me ayuda a ver al Hombre —ahora que está lejos— cada noche un ratito antes de dormirme. También me dio unas risas infantiles, cuando ya no quería ser niña, con Toy Story y unas veladas maravillosas, sola o acompañada, con A Bugs Life, Monsters, Inc o WALL-E. Esta última hasta me hizo llorar. Qué cosas tenía y conseguía Steve Jobs. Y no sé si fue un visionario, si cambió el mundo o si solo fue una pieza más en el engranaje. En cualquier caso, a mí, personalmente, solo me dio momentos buenos.

Hoy, desde este rincón del mundo, solo un gracias, un hasta luego y un descanse en paz, Mr. Jobs.

Esta canción, esta escena, hoy es solo para usted.


Happy Birthday

Duke Ellington le esperó (aunque solo fueran tres años). Sin embargo, el "ingrato" de Louis Armstrong no tuvo a bien aguantar un poquito más. Pero yo me quedo con que Duke —con quien siempre quise bailar un agarrado y él compartieron tres años de su vida. Y me muero de la envidia, claro.

Yo creo que hay gente que no debería morirse nunca. Aunque solo fuera para compensar la cantidad de gente mediocre y ruin que hay por el mundo. Y cada vez más. Y más. Y más. Yo no sé qué habría pensado el "ingrato" de Louis si alguien le hubiera dicho que, cuarenta años después de marcharse, unos cuantos hijos de puta con pintas iban a jugar y a apostar a hundir países. Le hubiera sonado a película de ciencia ficción, como aquellas historias de Julio Verne que él musicalizaba en las salas cuando el cine aún no había aprendido a hablar. ¿Y Duke? Habría esbozado una sonrisa de medio lado, de hombre que no quiere meterse en problemas, que no quiere perderse en asuntos dolorosos. Y con esa sonrisa de medio lado, más certera que muchas balas y que muchos insultos, habría seguido tocando. Porque él sabía que este mundo era menos malo cuando sonaba la música. Sobre todo si esa música era buena. Sobre todo si esa música era suya. Ay, tres años. Yo ni eso, soulmate.

Hoy es su cumpleaños y yo no podía hacer otra cosa que buscar esta felicitación de cumpleaños. Sé que él sabrá apropiársela y sé que le gustará. Dentro de muchos años, los dos podremos decir que coincidimos muchos años con el grande de Wynton. Y nuestros nietos, esos sí, también se morirán de envidia.


Jazz Album Covers




Este disco, con esta portada, salió a la venta en 1956.
¿Qué has dejado que hicieran contigo, United States of America?

Sobre esos grandes momentos que el cine nos ha dado



Oh, when the saints
When the saints
go marching in
go marching in
When the saints go marching in
Oh, yes

I wanna be in that number
Oh, in that number
When the saints go marching in

And when the saints
Oh, when the saints
go marching in
go marching in

Who's gonna play on the day
when the saints go marching in?

Well, Louis, I'll explain that.

Now, the mostest and the greatest
From the oldest to the latest
Going to play in the band
In the great grandstand
When the saints go marching in

- Louis, what about Brahms?
- He laid no bombs

- And Chopin
- Solid man

And Bach, that great old massa (master)

Yeah, that great old massa
was a gasser (outstanding)

Yes, but Mozart the most with all he has
With the symphonies and operas
and all that jazz

When the saints go marching in

- Do you dig Rachmaninoff? (dig=appreciate, admire)
- On and off.

- Rimsky?
- Of course-ikoff.

- Ravel and Gustav Mahler.
- Yeah, but don't forget Fats Waller.

I wouldn't do that.

Liszt has a twist that you can't resist

Yeah. Yeah. Put Liszt on that list.

When the saints go marching in

Here we go, Louis.


When the saints
Oh, when the saints
go marching in


Look at this cat digging me.

When the saints go marching in

Face and all.

I wanna be in that number
When the saints go marching in


There's Saint-Saëns
"Ça sent si bon"

And Georges Bizet
Très, très vissé

Vieuxtemps, Suppé, Massenet
And Offenbach

- Do you dig him, Jacques?
- Very often.

Well, Frère Jacques, Frère Jacques

I dig you, Jacques, I dig you, Jacques


Massenet and Bizet
Massenet and Bizet

I dig you, Jacques, I dig you, Jacques
Offenbach, Offenbach

Massenet and Bizet
Massenet and Bizet

Often, Offenbach

How about Wagner?

- Devout!

- And Haydn?

- Who?

- Joseph Haydn.

- Who?

- Haydn!

- Well, let him come out.
- Paganini.
- Rossini.
- Toscanini.
- Puccini.
- Katchaturian.
- Gesundheit.
- Thank you.

- And what's his name?
- Mr. Veedle-de-zop

- And you know that cat
- Yes

- Up too high
- Or too low
- Way up there
- Oh, yeah

- Come on. Now we've gotta go.

Transcripción sacada de aquí.

Eurovisión

Vuelvo. Enfadada. Pero vuelvo.

Vuelvo a vomitar mi rabia y a golpear las teclas a falta de un buen saco o, en su defecto, un punching que nunca colgará del salón de mi casa. No pasa nada. Asumí a tiempo que nunca sería una versión femenina del Ernie de Fat City. Aprendí que es mejor expulsar la rabia a través de palabras escritas, porque las palabras habladas no se las llevaba el viento. Se quedaban ahí, marcadas con hierro candente en nuestras vísceras. ¿Que no? ¿Acaso olvidaste aquel primer "tenemos que hablar"? ¡Venga ya! Si aún tienes pesadillas por las noches...

Vuelvo. Enfadada no, cabreada, que suena más fuerte. Vuelvo cabreada por este complejo de europeos que tenemos los que hemos nacido en el viejo continente. Nosotros, los europeos, sabemos coger una copa de vino, entendemos de arte y mantenemos conversaciones intelectualmente execrables. Miramos al amigo americano por encima del hombro, ya sabes, porque no deja de ser un granjero gordito y simplón. Al japonés, en cambio, le miramos con sorna. Ya sabes, porque es un hortera adicto a los videojuegos y al karaoke. ¡Qué ordinario!

Y, sin embargo, el sábado por la noche, lo volvimos a hacer. Una vez más, desde nuestra europeidad, otorgamos el primer premio de la música europea a una canción facilona, cursi hasta la arcada y ridícula en su escenografía. Tan europeos somos, tan refinados, tan instruidos, que dejamos esta joya relegada a un doloroso número dos. ¿Y acaso hay algo peor que saberse un segundón?




Por eso vuelvo hoy. Enfadada, o cabreada por saberme europea, ergo intelectualmente superior.

Mi otro blog



Como algunos de ustedes ya saben, hace un tiempo que decidí dejar mi ciudad, mi trabajo y mi piso en la ribera del Manzanares para venirme a vivir a una isla del Mediterráneo. Así fue como acabé en la maravillosa Malta, un lugar mágico lleno de peculiaridades que, por momentos me matan, por momentos me dan la vida.

De tanto en cuando seguiré pasándome por aquí, ya que el jazz —ustedes ya lo saben— sigue siendo el amor de mi vida. Pero todas aquellas otras cosas que me sucedan en este otro lado del mundo las plasmaré en este otro blog. Si ustedes quieren acompañarme, yo encantada de que se suban a este barco conmigo. Soltemos, entonces ya, las amarras. ¡Buen viaje!

Diez razones para enamorarte de Rubén Buren y el Trío Lavapiés




1. Porque te dibujan esa sonrisa en las caderas de la que tantas veces os he hablado.

2. Porque caes rendida a los pies de Rubén Buren nada más verle subido encima de un escenario.

3. Porque escuchar el bajo de Héctor Oliveira y que se te caiga la baba al instante ejemplifica a la perfección aquello del "causa-consecuencia".

4. Por la sonrisa pícara de Juan Barroso, porque es imposible no querer perderse en ella.

5. Porque mi abuela canturreaba el "No debía de quererte" mientras cocinaba sus potajes. (Y seguramente también lo hacía la tuya).

6. Porque a todos nos han clavado un puñal alguna vez que llevaba tatuado ese mismo "... y sin embargo".

7. Porque no se me ocurre una fusión mejor que la copla de mi ayer y el jazz de mi mañana.

8. Porque mientras escribo estas razones tontas e improvisadas no puedo parar de canturrear los arreglos del Trío Lavapiés.

9. Porque quiero meter esta canción (y las demás) en mi maleta.

10. Porque lo que más me apena de irme a Malta es perderme su próximo concierto en ese pequeño club de jazz de Lavapiés, mientras brindo con mi copa de vino a la salud de esas tres fieras que, sin saberlo, me han devuelto la fe en una música que es en realidad una forma de entender el mundo.

Todo listo

Estampas maltesas

En unos días, un autobús como éste, con un número 8, me llevará del aeropuerto a Valletta. Empieza la cuenta atrás para mi nueva vida. Am I ready?

Queridos padres


A veces es difícil mantener la vista al frente, tratando de obviar la vergüenza que se esconde más allá de los adoquines. ¿Os acordáis? Nos dijisteis que bajo las baldosas se escondía el mar, y que bajo el mar se escondía la felicidad. También nos prometisteis un sueldo digno, un trabajo honrado y una verbena los domingos. Perdonad, padres, que os haya perdido el respeto.


A veces es difícil no responder una frase maleducada. No homenajear a aquel grande, que no sé aún si fue maestro, actor, escritor o genio. O quizá todo a la vez. ¿Os acordáis de cuando Fernando Fernán Gómez espetó aquel "¡Váyase usted a la mierda, a la mierda!"? Quizá nos hubiera ido un poco mejor si vosotros, queridos padres, también hubierais mandado a mucha gente a la mierda (porque mandar a hacer puñetas tiene una connotación muy triste y muy desagradable para los que sí queremos rememorar aquellos años de guerra y dictadura).

A veces es difícil sentirse orgullosa de esta patria, de esta gente y de estos bares donde no os preocupáis de la educación que nos estáis dando. Ya no os hacen daño los puñales que, de tanto en cuando, lanza El Roto. Ya solo alcanza a doleros la demagogia. Vuestro último dolor, queridos padres, reside en el gasto en traductores del Senado (¿cuando dejó de maravillaros pertenecer a una tierra tan rica lingüística y culturalmente?). Sin embargo, para que os deis cuenta de lo diferentes que somos, mi último dolor fue ver desfilar bajo mi casa a trescientos Ultra Sur, protegidos por los clubs de fútbol y custodiados por la policía que pagan nuestros impuestos.

A veces es difícil asumir que nos convertimos un día en absolutos desconocidos los unos para los otros. Es difícil no culparos por ello, no insultaros, no odiaros, porque a veces aquella canción de los Doors se nos antoja una jodida obra maestra.

Quizá todo se resume en que a veces nos gustaría, simplemente, que nos pidierais perdón por habernos enseñado a agachar la cabeza en lugar de indicarnos que hay momentos en los que es mejor responder con un puñetazo fuerte y contundente (y no confundáis esto con un alegato en pro de la violencia).


Año nuevo




Vida nueva.

Dentro de unos unas semanas me marcho a vivir a Malta. Me voy con un billete de ida porque no sé dónde volver ni si habrá una vuelta.

Me marcho, eso sí, con un propósito de enmienda. Recuperar este espacio, volver a hablar sobre las pasiones de mi vida. Alguna que otra vez le seré infiel al jazz con la gastronomía maltesa o el mar cristalino. Ustedes, lo sé, me lo perdonarán porque siempre me lo han perdonado todo, incluso la ausencia.

No quiero terminar sin expresar un agradecimiento cálido a todos los que, de forma expresa o anónimamente, habéis seguido estando ahí a través de comentarios en el blog, en correos electrónicos, en Facebook o en Twitter. Habéis significado y significáis mucho más de lo que soy capaz de expresar: Gracias.

Nos vemos en unas semanas, desde Malta.