Descanse en paz


Le vi en Nueva York en mi luna de miel, era el músico residente del Iridium Jazz Club, en Broadway con la 51.

No habíamos reservado mesa, pero la chica de la puerta (qué guapa es la gente de Nueva York), nos pidió que esperáramos, intentaría conseguirnos un hueco. (No cuesta casi nada ser amable).

Nos sentamos en una mesa frente al escenario. Delante, un par de parejas que engullían un bistek remojado en patatas fritas. (No terminaré nunca de entender que se pueda profanar de semejante manera la ceremonia/concierto).

Entonces, salió él. Era pequeñito y afable. Emanaba esa ternura que se les pone a las personas mayores con un pasado lleno de emociones y sobresaltos. (También es verdad que a mí siempre me han enternecido más los ancianos que los niños).

Se sentó en su taburete y se fue haciendo un ovillito, como si se escondiera de los aplausos. Se le iluminaron los ojos y se le dibujó una sonrisa amable que duró toda la noche. Tocaba su propia Les Paul como si fuera fácil, como si fuera etérea, como si no requiriera atención. (Los genios siempre tocan de esa forma, con esa condescendencia, pareciera que no tuviera ninguna importancia... Por eso siempre he desconfiado de esos otros músicos que se recrean en el teatro egocéntrico de los solos).

Al día siguiente nos compramos a Paulita. Tanta era la influencia de aquel señor bajito, afable, hecho un ovillito sobre su taburete.

Resquiescat in pace.

Satchmo Zulú


Louis Armstrong coronado como Rey Zulú en 1949.



En 1949, The Zulu Social Aid & Pleasure Club, la primera organización afroamericana participante en los desfiles de Mardi Gras de Nueva Orleans, invitó al Rey del Jazz a volver a su ciudad natal para servir como Rey de los Zulúes.

En el mismo viaje, Armstrong debía dar un concierto con sus All Stars. Louis Armstrong, que tenía una cabeza muy bien amueblada desde mucho tiempo antes de firmarse la Ley de los Derechos Civiles, juntó un grupo en el que Jack Teagarden, trombonista y cantante de origen alemán, tocaba junto a músicos negros.

Pero en 1949, el ambiente no estaba en su mejor momento y la ciudad canceló el concierto. El cabreo de Satchmo fue tan grande y la sensación de decepción tan enorme, que Louis Armstrong decidió, por este enfado, no enterrarse en Nueva Orleans cuando le llegara su hora. Al menos, le quedó el orgullo de haber sido, durante unos instantes, el Rey de los Zulúes.

Vacaciones


El sabor a sal en mis brazos y en mi pelo.
Los canis con sus quart dándolo todo y la gente mirando. (¡Qué poco cuesta hacerles sentirse los amos del mundo!)
El mar que puedo ver con sólo asomar la cabeza por la ventana.
La colección Jazz. La Historia, de Ken Burns, que vuelvo a ver estos días con El Hombre. (Al final conseguiré aficionarle a la trompeta de Louis Armstrong).
Notas de la Tesis escritas en una libreta de propaganda. (Google Translate y Wordreference para ayudarme a entender/descifrar).
Las Jessis luciendo sus shorts con lentejuelas en el paseo marítimo. (¡Qué derroche de estilo!)
Un descubrimiento: eSnips. Lleno de libros para leer en flash o descargar. (En realidad tiene de todo, audios, vídeos, imágenes...)
El album Jazz de Etta James en Spotify. (¡Qué grande es Jamestta!)
El encuentro de Eadweard Muybridge con Thomas Alva Edison en 1888 para sincronizar el cine antes de que existiera el propio cine.
La gotita de agua/hielo que se escurre desde la jarra de cerveza a mi barriga en el chiringuito (¡Este escalofrío debe ser lo más parecido a la felicidad!)
El dialecto de un pueblo de Almería que utilizan los camareros. Sólo soy capaz de entender "Que no falte de ná" y "é erés de tapica" (¿qué quieres de tapica/tapa?)
Los turistas madrileños (que esos están en todos lados) presumiendo de turistas madrileños.
El sabor a sal en las manos.
De 8.00 a 12.00, Tesis y Spotify.
De 12.00 a 14.00, playa.
De 14.00 a 15.00, cervezas y tapicas.
De 15.00 a 16.00, glotonería.
De 16.00 a 18.00 (o 19.00) siesta.
Ken Burns hasta las 20.00.
A las 20.00, más cervezas y tapicas (siempre hay tiempo para cerveza y tapicas).
Después cine y, en cualquier momento del día, mimitos con El Hombre que, como con las cervezas y tapicas, siempre hay tiempo para ello.