Regalos para fin de año

Ha sido un gran año después de todo. Me convertí en la señora del Hombre. Y él se convirtió en el señor de una chica a la que le gusta el jazz.

Le regalé un disfraz de Peter Pan a mi sobrina_ojito_derecho. Quizá porque algo dentro de mí no quiere que crezca nunca. Quizá porque sus nervios poniéndose el disfraz me agarraron algo dentro de las entrañas que se parecía a esa Felicidad en mayúsculas con los que todos hemos soñado tantas veces.

Conocí La Ciudad (o Nueva Orleans) y desde entonces tengo un ojo constántemente mirando ofertas de trabajo, vuelos y hoteles en esa ciudad.

Recibí un regalo precioso de mi alma gemela que todavía no he contestado (él sabe perdonarme la espera, seguro).

Obama me devolvió la fe en un país al que amo y odio a equilibrios iguales.

Hubo cosas malas, como que H. se vaya de mi lado y ya no vaya a estar para guiñarme un ojo de soslayo. Pero no quiero acordarme ahora de eso.

Ha sido un gran año. Y eso es lo que quiero llevarme hoy a la boca. A mí me queda poco que añadir. Sólo quiero haceros dos regalos para que recibáis este 2009 con el mejor swing posible.




Este regalo lo encontraréis aquí



Y este otro aquí

So what!


Mientras escribo esto, mi nueva emisora de radio on-line llena mi pequeño puesto de trabajo.

Los compañeros de trabajo, como los de cama, pueden llegar a sorprenderte. Al final me hice amiga de un compañero de la rama informática con el que empecé con un esguince de tobillo izquierdo. Después de un tiempo, después de observaciones y silencios, llegó un día una mirada cómplice. De ahí, un café, una confesión y un regalo: me puso altavoces en mi ordenador laboral.

Mucha gente podría no entenderlo. Pero ese día, además de un regalo cómplice, me salvó un poquito la vida y las ganas.

Mientras escribo esto, Freddie Hubbard le sopla a su trompeta You're my everything. De vez en cuando, uno de mis superiores más inmediatos sale de su refugio y se detiene a mi lado. "¿Qué suena?", añade con cierto tono crítico. Pero yo disimulo ser rubia natural y añado, "Freddie Hubbard, un trompetista de jazz". Y entonces se vuelve con cierta sensación de derrota a su lugar, intentando averiguar en qué momento dejamos de confundir respeto con miedo y les perdimos (a todo su clan en general) la obediencia estúpida. Otras veces es menos sutil y, directamente, dispara un "¿Eso no está demasiado alto?" Entonces, lo bajo un poquito hasta que regresa a su refugio. Después, sin más, vuelvo a recuperar ese poquito de volumen que me quisieron robar.

Mientras escribo esto, Mafalda me saluda desde la CPU. He tuneado mi escritorio con sus viñetas. En primer lugar, porque me dan mejor rollo que la lista de tareas que adornaba antes mi zulo. En segundo lugar, por si alguien capta el mensaje subliminal. En tercer lugar, porque ya me dan igual bastantes cosas. Tengo unos altavoces, tengo a Mafalda, tengo a Hubbard y una mirada cómplice con las pocas personas que me interesan de esta pajarería. Lo demás... So what!