Con indiferencia, hoy me ven volver




Volver - tatareaba mi abuelo al volver del infierno.
Volver, con la frente marchita - le canturreaba mi padre a mi madre con la utópica ilusión de que ella le dijera, sin ningún por qué un te quiero.
Volver con la frente marchita,las nieves del tiempo, platearon mi sien, sentir que es un soplo la vida - canta Gardel hoy, en esta sala, en esta noche.

Volver. Hay dos tipos de personas, las que vuelven y las que no. Las que cierran la puerta y las que la dejan entornada. Las que dicen adiós y las que susurran un hasta la próxima. Las que olvidan y las que recuerdan. Las que guardan con nostalgia todas las carpetas que forraron con carátulas de la revista de Discoplay (descanse en paz) y las que no acumulan ni pelusas por los rincones...

Volver. Yo creo que las personas que nos vestimos por los pies tenemos que volver siempre, sin miedo al ridículo, sin temor al tropiezo.

Volver. [Sigo esperando tu regreso]

Volver del cielo, de la sal en el pelo, del Jazz Samba de Stan Getz y Charlie Byrd en un Ipod a la orilla del mar, de la organización a ratos de un enlace. Casi está todo preparado. Los billetes de avión y el hotel en La Ciudad (aunque ande estos días rememorando el temor del Katrina). La lista de canciones que sonarán para mis amigos. Los pongos. El vestido. Los zapatos con 13 cms de tacón (aunque sólo sea para creer que se puede tocar la luna con el borde de las pestañas). El vino elegido. El postre. (El "repostre" será improvisado, que en cuestiones seximentales los planes siempre son para mal).

Volver a este blog, al que empezaban a salirle telarañas.

Volver. Aunque sólo sea para compartir otra de esas cosas que me dibujan una sonrisa en las caderas. Al fin y al cabo, a eso fue a lo que vine, hace ya tres años y un día.