Marchons, marchons

Escribía Maruja Torres en el dominical de El País:

La Marsellesa es la más bella canción de amor de largo aliento. Algo así como el resultante de mezclar en una coctelera Le Temps de Cérises, Plaisir d'Amour y el grito de Marlon Brando-Kovalsky ("¡Stellaaaaaa!") en Un tranvía llamado Deseo. La humanidad, humana en su deseo animal y dignísimo de libertad, igualdad y fraternidad, con un poco de buen sexo practicado a cualquier hora y sin curas de por medio.


Una lee a la Torres, que es algo así como la mujer con la que un día soñé un llegar a parecerme, y se queda, cuanto menos, pensativa. Y después se acuerda, cómo no, de la única escena que de verdad me hace llorar en Casablanca. A lo mejor es por ser hija de quién soy, o por haber sido alumna de quien lo fui, pero aquella batalla lírica que ganan "los buenos" siempre me hizo llorar, sobre todo desde que vi a mi padre enjugarse el llanto de la garganta en esa escena. El resto, sólo hace que me suba la rabia desde los intestinos. En casi todos los planos de Ilse, por poner el ejemplo obvio. Una se enerva, metería las manos en el televisor, aun a riesgo de cortarse con el cristal o de electrocutarse con la corriente, sólo por el mero placer de asfixiarla con mis propias manos. Ilse es tonta hasta la náusea. Y sólo de escribir este párrafo ya me cabreo. En cambio, Rick/Humphrey se merece todos los suspiros y todas las palabras de amor que sea capaz de escribir a lo largo de mi vida. La una es un reno o una gallina, que de tontos que son sólo se puede esbozar una sonrisa compasiva al pensar en ellos. El otro es un gato montés con gabardina y tabaco.

Así que una no llora (ni lo intenta) cuando Ilse se va con el héroe Laszlo. Sólo desea que se caiga subiendo las escaleritas y se rompa la cadera. Sin embargo, en aquella otra escena de Casablanca, una se sujeta las piernas para no ponerse en pie y gritar sin escatimar en pulmones:

Aux armes citoyens!
Formez vos bataillons!
Marchons, marchons,
Qu’un sang impur abreuve à nos sillons!


Escribía Maruja Torres que La Marsellesa es algo así como la más bella canción de amor de largo aliento. Lo decía en relación a los abucheos de los jugadores magrebíes al himno de la Selección Francesa. Lo hacía desde el enfado y la incomprensión hacia la estulticia humana. Sin embargo yo ni me irrito. Si todos tuviéramos una Marsellesa, ni siquiera nos preocuparían las declaraciones, si no estúpidas al menos sí fuera de contexto, de un símbolo que al parecer ya ha aprendido a hablar español. Si todos tuviéramos una Marsellesa que enseñar a cantar a nuestros sobrinos, cuando menos, saldríamos a la calle con la cabeza un pelín más alta. Claro que entonces una se pone un poco pesimista. En Francia, la Piaf puso al límite su quebrado hilo vocal en la más bella canción de amor de largo aliento. En nuestro país y en el mejor de los casos, Manolo Escobar se habría encargado de embadurnar escatológicamente nuestra particular Marsellesa. Casi mejor, entonces, tener un himno (que es muy feo) sin letra.






3 comentarios:

josé miguel dijo...

Amén.

Besos.

Eluryan dijo...

Lo suscribo punto por punto.
Nos vemos pronto y en persona...

Anónimo dijo...

Saludos amig@s desde Puerto Vallarta México, voy a presentarme mi nombre es Antonio Huerta y tengo un grupo de jazz Proyecto tacos me gustaría que se pongan en contacto conmigo atentamente: Antonio.

Proyecto tacos.

www.myspace.com/proyectotacos