Se nos está escurriendo entre los dedos. El año.
Se me van mis alumnos y llevo una semana con los ojos llenos de agua y sal. Ellos se despiden de mí con un regalo, gracias desbordadas y piropos inventados de los que se te clavan en las entrañas maternales. Algunas, en las otras entrañas, que algunos son aspirantes a
James Dean y una nunca ha sido de piedra.
Se me acaba la botella de
Santa Teresa y la he repuesto por un
Matusalén, que una siempre ha sido de acabar las cosas a lo grande.
Se me ha acabado
un libro del que os hablaré uno de estos días, entre lo alunada y lo enamorada.
Se me termina de ir un virus que no era una gripe pero casi.
Se va agotando la paciencia y una no puede asfixiar el "hijos de puta" cuando ves a los padres de Madeleine en la televisión jugando a películas de navidad.
Se acaban las opciones y las pistas. Se quema la visa. Se vacía el
Viña Ardanza y se queda en los huesos el jamón.
Como quien no quiere la cosa, se nos está finiquitando 2mil7, con lo feliz que me ha hecho este año que llegó de forma discreta, en silencio.
No sé cómo decir todos los tequiero que debo.
A ti, y
a ti, y
a ti, y
a ti, y
a ti, y
a ti, y
a ti y también
a ti. Y por supuesto, querida alma gemela, también
a ti. Seguro que olvido algún te quiero. Siempre olvido las cosas importantes.
Algún día tendré que sentarme a daros las gracias por mejorar tanto mi vida.
Pd. Rick, me has hecho uno de los mejores regalos que se puedan esperar.