Martial Solal


Si has visto À bout de Souffle (Al final de la escapada, Jean-Luc Godard, 1960), sabes a qué me refiero cuando digo que hay músicas cinematográficas que están por encima del propio concepto de música cinematográfica. El responsable fue Martial Solal, un pianista que siempre tuvo un hambre terrible de conocer, de mejorar, de ser mejor pianista o mejor persona. ¿En serio pueden ir separadas ambas condiciones? Porque no hablo del concepto judeocristiano de bueno o malo, sino de persona de mayor calidad. Me refiero a mejorar aquello que nos hace de una u otra manera extraordinarios.

Si aceptamos esto y no entramos en debates filosóficos de mayor calado, ¿no es un músico mejor ser humano cuanto mejor músico es? ¿Se le puede reprochar a un director de cine genial como Woody Allen que pase mucho tiempo trabajando? ¿Se le puede echar en cara a alguien como Charlie Parker que descuidara su vida personal por experimentar a lomos de su saxofón? Pero supongo que éste el debate más viejo del mundo y que no vamos a descubrir América en estas letras.

Hablaba de Martial Solal, un pianista argelino que había crecido entre partituras de música clásica. Seguramente era feliz en su mundo de Mozart y Chopin. Pero un día escuchó a Art Tatum y todos los cimientos de su cotidianidad se desplomaron hacia la nada para volver a encontrarse en otros acordes nuevos.

Después llegarían compañeros de infierno y/o paraíso. Se instaló en París, donde el Club Saint Germain sería una casa para él, en el sentido más literal de la palabra. Grabaría con Django Reinhardt, tocaría con Sidney Bechet y haría trucos de prestidigitación con Don Byas. Lee Konitz dijo de él en alguna ocasión que era su pianista favorito en Europa.

En un rato, los dedos del pianista que enaltecen aquella À bout de Souffle se pondrán ante el amigo/enemigo con el que lleva peleándose/alegrándose toda la vida. Levantará la tapa que protege las teclas/amantes. Quizá cierre los ojos. Tal vez tenga un pensamiento lejano hacia Django o Don Byas. No lo sé. Pero lo que sí es seguro es que yo estaré ahí cerquita para perderme en su laberinto de amor/odio hacia esas teclas, hacia esos acordes. Ya os contaré.

1 comentario:

MeRiAdOx dijo...

Complicado dilema... mi humilde opinión... si el tipo mantiene todo constante en su vida y mejora sólo en la música que crea... entonces debería ser mejor persona... independiente de lo que esto signifique para cada quien...

Saludos!