Se acerca la Navidad

Se va acercando la Navidad y, por eso, la ciudad se llena de luces modelo puticlub, idiotas con móvil sacándole fotos a dichas luces en la Puerta del Sol y discos soporíferos de folclóricas por villancicos.

Se va acercando la Navidad y, con ella, las telemaratones para apadrinar niños de Guatemala, galas musicales donde Bisbal podrá demostrar lo necesario que es ayudar a la fundación para la integración laboral de los border line y reposiciones de las laureadas obras maestras "Un novio por Navidad", "Un perro por Navidad" y "Una carta por Navidad".

Se va acercando y, mientras tanto, os dejo con Tom Waits, que un día se sacó de la manga un "villancico" que te hace toc toc por ahí dentro: "Christmas Card From A Hooker In Minneapolis". Además, he conseguido una versión en directo donde la junta al popular "Silent Night". Después me preguntáis por qué creo yo que Tom Waits está por encima del jazz, por encima de la música y por encima de las divinidades hechas ser humano.

Nos vemos en un bar, si os apetece.




Pd. Si queréis profundizar sobre su último trabajo (3 discazos), os remito al blog de mi amigo Aarón.

Bonito













Para una melómana como yo, algunos discos son tan bonitos que no te queda más remedio que poseerlos.

Hoy volvía a coger este pequeño tesoro para deleitarme en él. Por supuesto que es un buen disco, pero de eso ya hablaré otro día. Ahora, ¿verdad que es bonito?

Pd. Los que me conocéis ya sabéis donde lo compré.

Unas pocas verdades



Hay una verdad inescrutable: si los tontos volasen no se vería el sol.

Hay otra verdad: para ser funcionario, es requisito indispensable ser retrasado mental.

Aún hay otra: para ser "multero" del S.E.R., tienes que haber sido el inventor de los libros de autoayuda en tu otra vida. Es por ello que te reencarnas en un individuo con encefalograma plano, retórica nula y una declaración de odio generalizada con negación de auxilio incluida.

Tengo otra verdad: el que ha hecho el anuncio de "Qué pasaría si nunca pasase nada", merece una muerte horrible y acabar haciendo la publicidad de la hoja parroquial de su barrio.

Una más: a Esperanza Aguirre la deberían esterilizar para que, al menos, la mezcla de ineptitud y maldad con patas que preside esta nuestra comunidad, muera en ella y no se prolongue, por la gracia del Opus Dei, ad aeternum.

Hay más verdades: el individuo que pudo haberme ¿dirigido? la Tesis Doctoral arderá en el infierno por su grado excesivo de hijoputez en sangre. Pero, probablemente, aquí en la tierra de los mortales, acabará por no heredar la empresa por la que ha derramado tantas cobardías y miserias. Mientras aquel Kind of Blue que le regalé sonará de fondo para recordarle lo que nunca llegará a ser (aunque, entonces, aún no sabrá diferenciar el jazz del ragtime y muchísimo menos del blues).

Es otra verdad inescrutable que hoy estoy enfadada con el mundo. En un rato me voy a ir a ver a Al Foster (joder, en palabras del gran Miles: "Al Foster podía fijar el ritmo para todo el mundo manteniendo este infernal groove hasta el infinito. Al tenía todo lo que podía pedir de un batería"). Y, además, por la gracia divina de un titulo de licenciada en Periodismo, gratis. De modo que, con un poco de suerte, saldré levitando, reconciliada con el mundo y con esa sonrisa excitada dibujada en las caderas.

Hay una última verdad para hoy: nos vemos, nosotros sí, en el paraíso.

Un poco de cine

En 1942, Josef Berne hizo un corto en el que recreaba una jam session. Así, el dato, tampoco es que impresione a nadie. De cortos está lleno el cielo de los desamparados, que podría decir cualquiera. Y tendría razón. De hecho, este corto se habría perdido en los archivos polvorientos de la R.C.M. si no fuera por sus "actores": Duke Ellington, Rex Stewart, Ben Webster, Barney Bigard, Sonny Greer, Ray Nance y Joe "Tricky Sam" Nanton.

Quería compartirlo con vosotros y, de paso, hacerle un cierto "chantaje emocional" a José Miguel para que se "desenfade" conmigo (además, yo no digo que Yesterday sea mala).



Música sin compañía


Te eché de menos anoche. A mi lado no había ningún sitio vacío y, sin embargo, el hueco que dejabas junto a mí era demasiado grande.

Te eché de menos cuando la cortinilla en blanco y negro que George Clooney ideó para la voz de Diane Reeves, salió con los colores de la madera, de los focos, del atrezzo, con la tridimensionalidad del altar-escenario, con el aroma que dejan las grandes voces tintineando sobre el patio de butacas.

Me hiciste falta cuando, apenas una hora antes, Doris Cales entonaba una nana en clave de jazz. Tendrías que haberla visto. Tiene swing, ¿sabes? Flotaba por el escenario con sus zapatos de diva de los cincuenta. Acariciaba el micrófono y le retaba con un riff grandioso. También te eché de menos entonces.

Me faltaste cuando Dianne Reeves llenó el silencio con esa brujería de las grandes cantantes negras. Tú ya sabes a qué me refiero. Cuando se está ante una de estas deidades, no se sabe a ciencia cierta si se está en un concierto, en un ritual de vudú o en el día del Juicio Final. Pero, en cualquier caso, se entra en un extasis como el que debía poseer a los místicos.

Te eché de menos también hoy, cuando Madeleine Peyroux pasaba del jazz más clásico al blues más canalla y se detenía en cierto folk exquisito. Porque quería, quizá necesitaba, ver que también tú estabas en esa levitación extraña. Pero también que me pellizcaras y me trajeras de nuevo a esta realidad en la que no se puede flotar por encima de un patio de butacas. Aunque sólo fuera para no tropezarme con los coches que volaban por la Castellana.

La Sombra de la Luz

Ilustración de Victoria Martín para La sombra de la Luz.

Mi amigo Aarón decidió un día echarle huevos a la cosa y montó Paradigma Teatro, que es una excusa para eyacular sus egos, sus miedos, sus sueños y también sus odios. Cada vez que montan una obra, yo acudo a verle. Suelo sentarme con sus padres, a los que quiero como a esos tíos que nunca tuve por nacer en la familia equivocada. Pero es que quizá siempre se nace en la familia equivocada.

Su madre, que se dejó la vista cosiendo para pagarle a mi amigo una carrera en una universidad privada, me mira buscando cierto apoyo o, al menos, cierta comprensión. Ella sueña (aún) con un mundo bonito, con una vida ideal, con un cuento de hadas y con unas perdices que comer cuando se consigue ser felices. Por eso, cuando su hijo le dijo que quería ser escritor, ella soñó con bellas historias que maquillaran las mañanas absurdas en el Metro, las noticias de "El Caso", los dolores de cabeza y la subida del precio de los tomates. Sin embargo, le salió un hijo existencialista con muchas ganas de recordarle al mundo lo miserable que es la humanidad. De modo que ella, que es una buena madre por encima de todo, va a las representaciones de Paradigma Teatro temblando por el vómito de rabia que su hijo pueda echar sobre el escenario. Se sienta en primera fila, me dice "tiene mucho talento, ¿verdad?", yo asiento (porque soy como una segunda madre para mi amigo Aarón) y, acto seguido, me confiesa que, de pequeño, siempre fue un niño muy bueno. A ella se le ha perdido el momento en el que aquel niño bueno que iba a clases de piano se convirtió en un hombre que estudia las películas de Bergman hasta casi volverse loco (o tal vez no tan casi). Así que coge la mano de su marido para sentirse protegida de la verdad miserable que representa el grupo de actores. El padre se ríe, porque es tan cínico como el hijo. Me mira y también él busca con un guiño cierta complicidad. Él ya sabe que la vida es miserable y se limita a disfrutar de las hostias que su hijo le lanza a las beatas de la primera fila y a los perroflautas que actuaron en una obra anterior.

Esta noche, volverá a repetirse el ritual. Aarón ha escrito una obra de cámara muy difícil y muy cruda. Habla del amor, del desamor, de la locura y de la miseria. Es su lugar común, el tema al que acude una y otra vez para no reconocer que, como a su madre, le aterra que el mundo no sea bonito después de todo.

De modo que, si no tenéis nada mejor que hacer, podéis ir a recibir hostias (que aquí hay para todos).

La Sombra de la Luz
(Paradigma Teatro)

Eva Nieto
Monique Lambrini
Alejandro Céspedes
Aarón Rodríguez

Viernes 17 de noviembre
20.00 horas
C.S.C. "El Soto"
Avda. de los Deportes, 15
(Parada de Cercanías "El Soto")

Acerca de un alemán que tocaba el piano


Horst Jankowski fue un pianista alemán que, a su manera, también removió los pilares del jazz. Metió la música clásica, el pop y el jazz en un vaso y se los bebió con la sed de un alcohólico con delirium tremens. Sin embargo, no está en mi libro de "Grandes Mitos del Jazz", ni siquiera en "Los Grandes Creadores del Jazz" (que prologa muy bien el señor Cifuentes).

Horst Jankowski fue un europeo que se enamoró del jazz y, desde esa pasión, trastocó sus cimientos hasta llevarlos a esa delgada línea fronteriza que separa la genialidad de la mediocridad. Compuso un tema para Los Simpson, que es la mejor serie de animación y una demostración constante de talento. Y, además, se atrevió a versionar la Turkish March de Beethoven y el Yesterday de Lennon, posiblemente una de las canciones más sobrevaloradas de la historia. Supongo que, en parte, porque los que votan las listas de "las mejores canciones" fueron hippies venidos a menos en chachipandis de Che Guevara en el salón y una hipoteca adscrita a un conservadurismo_post_liberal (signifique esto lo que quiera significar). Yesterday no está mal, incluso está hasta bien, pero no es La Canción. Está llena de lugares comunes y filosofía perroflautil. Pero seguirá siendo la mejor canción de todos los tiempos, por mucho que yo patalee y me indigne con los documentales que se producen en torno a la cancioncita y con las miles y miles de ediciones navideñas. No sé si los derechos los tiene también el Peter Pan que anda violando niños en su Neverland. En ese caso, con las ganancias podrá construir un nuevo carrusel_cepo para los "amigos" menores de edad con los que le gusta dormir.

Jankowski me mira a través de la fotografía en blanco y negro de su álbum "A Walk In The Black Forest". Se le adivina cierta amargura tras las gafas ahumadas de la época. Y, sin embargo, si no has escuchado su versión de "Moon River", no puedes saber cómo un tema triste puede alegrarte una tarde de lluvia gris y hastío de desempleada. Una nunca sabe qué atributos diferencian a un genio de un artista. No hay ningún manual que explique por qué Moneo está forrado y no en la cárcel. Pero, de pronto, sin que aparezca en mis libros de genios del jazz, Horst Jankowski se cuela en esta tarde aburrida y me pellizca una sonrisa. Así que, una vez más, señores puristas del jazz, se están equivocando. No lo digo yo, lo dice esta sensación tan alegre bajo el regazo de su piano.

Escuchando A Walk In The Black Forest, de Horst Jankowski

Por fin



Llevo un año (aproximadamente) buscando la edición en pack de la colección de documentales de Blues que produjo Martin Scorsese. Yo había ido al cine a ver The Soul of a Man y, aunque reconozco que el cansancio de aquel día me hizo juzgarla injustamente, desde entonces iba buscando el pack. Primero no quería arruinarme. Y cuando ya me dio igual, la distribuidora retiró los pack para vender los siete dvds de uno en uno. Pensé en pedirlo a Amazon (ya sabéis), busqué en ebay, en tiendas baratas... Y, por fin, sale el pack a un precio que una parada como yo puede permitirse. Después de todo, parece que a veces Dios existe. Y si no, miren.


Pd. Para freakies coleccionistas (entre los que no tengo muy claro si voy a acabar un día de estos) hay una joyita en la edición alemana.


Aviso para navegantes


Ciclo de conferencias:


HISTORIA DEL JAZZ: DE LOUIS ARMSTRONG A WYNTON MARSALIS
21, 23, 28 y 30 de noviembre 2006


PROGRAMA

MARTES 21
Christopher Small
Orígenes del Jazz (Louis Armstrong)

JUEVES 23
José María Guelbenzu
“Yo podría escribir ese piano", dijo Cortázar (Charlie Parker, Thelonious Monk y Bill Evans). Años cuarenta-cincuenta.

MARTES 28
José María García Martínez
Miles Davis y su época: los caminos del silencio. El jazz entre 1945 y 1990

JUEVES 30
Fernando Ortiz de Urbina
Y con él llegó el escándalo: Wynton Marsalis

Más información en Fundación Juan March

¿Has tenido alguna vez la sensación?



De que eras la persona más feliz sobre la faz de la tierra.
De que no salías de un concierto sino del mismísimo puto nirvana.
De que no te salían los adjetivos, ni los sustantivos, ni los adverbios.



De que necesitabas abrir la boca hasta romperte la comisura de los labios y, entonces, sólo chillar un aaggghh profundo, ancestral, infinito.
De que formabas parte de un reducido grupo de personas premiadas con un acontecimiento de los que se escriben en los libros de la memoria.



De que no te cabía más alegría en las caderas, ni más excitación en la vagina, ni más cosquillas en los ojos, ni más embriaguez en las mejillas.
De que has tenido la enorme jodida suerte de asistir a ese concierto que, de pronto, te balancea los instintos más animales.



De que te has quedado alunada, con una sonrisa que se mueve entre la imbecilidad y lo enigmático, parada en los acordes y en las letras.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que un concierto te devolvía a la Vida (con mayúsculas)?


De buen rollo

Manolo me dijo una vez (o quizá lo lei en su magnífico blog) que no le merece la pena derrochar el tiempo hablando de lo que no le gusta. Por eso, él aprovecha su espacio para escribir sobre aquello que, de alguna manera, le pone. Es una filosofía muy sabia. Y siguiendo su consejo, este año no voy a hablar del Festival de Jazz de Madrid. El día del juicio final ya arderán juntos en la hoguera sus organizadores (y les acompañarán, para que no sientan la angustia terrible de la soledad, otros muchos señores de los que hoy, siguiendo el consejo de buen rollo de Manolo, no voy a hablar).

Llevo ya unos cuantos días tomando aire y expulsándolo tántricamente. Se trata de una terapia de choque para no coger el kalasnikov del armario y empezar a matar al personal involucrado en el pseudofestival. Y de momento, ya he conseguido que me acrediten para ver gratis lo que me interesa. Así que tampoco ha dado tan mal resultado eso de soplar y resoplar. A partir de ahora, compaginaré mis odios y amores entre el blog y la revista Sólo Rock. Y es que, a pesar del adverbio, detrás de ella hay una gente estupenda que han ido creciendo gracias al tesón y al trabajo bien hecho. Por eso, además de Rock, Heavy, Pop, Cine (y lo que se precie), van a cubrir Jazz. Ahí entro yo, con una sonrisa tatuada en las caderas y muchas ganas de poner mi granito de arena (y de paso, no pagar los 35€ que pretenden robar esta gente por entrada y por concierto).

Quizá por ello mi buen rollo, quizá por eso que he decidido no darles la cera que se merecen. Después de todo, si ellos quieren creer que organizan un festival, dejémosles ser felices en su ignorancia. Y a los jazzeros honestos, siempre nos quedará asomarnos a las ventanas de San Javier, Vitoria y San Sebastián. Aunque sólo sea para sentir de cerca un festival de verdad y no una excusa chic con la que juntarse en la foto.

Pero no quiero terminar este post con un párrafo envenenado. Por eso, voy a dejaros con un discazo que me compré ayer por menos de nueve euros. Es de los Jazz Crusaders. The Festival Album: Recorded Live At The Newport and Pacific Jazz Festivals - 1966. Sé que parece tramposa la recomendación, pero no pretendo hacer ninguna comparación. Como decía al principio, hoy estoy de muy buen rollito.