Afuera, en la calle, las niñas adolescentes (que desarrollan sus pechos antes que su capacidad de raciocinio) han desempolvado los corpiños de escotes veraniegos. Afuera, en la calle que me lleva a la parada del autobús, un skin pasea un boxer. Y un anciano limpia el coche cubierto de polvo de obras y M30.
Afuera, ahí mismo, el autobús número 50 me lleva a Sol, donde me esperan Aarón y Edu. La primera parada, no necesaria, pero sí placentera y consumista, es la Fnac. Mi templo de la perdición. La adicción en la que recaigo cada vez que mi empresa decide ingresar una nómina. Hubo suerte, eso sí. Sólo un dvd.
“Play Misty for Me”. Era necesario, claro. Ayer compré
“Round Midnight”. Y hoy tenía que caer el tito
Eastwood. Es de cajón, ¿o es una lógica que sólo habita en mi cabeza?
Segunda parada. Los cines en versión original de Cortezo.
“Factotum”. Yo llegué a
Bukowski con apenas quince años. Me perdí en las páginas de
“Mujeres” y, en lugar de indignarme con
Chinaski, deseé ser una de esas mujeres que le hacían perder semen y cordura al escritor fracasado. Y, desde aquel momento de la adolescencia, he buscado
Chinaskis en las paradas de Metro, en los bares lúgubres de Carabanchel, en las clases de la universidad… Después descubrí que todos queremos un conocido
beat para poder presumir de andar por el lado salvaje de la vida. Pero, cuando te enamoras de uno de ellos, si consigues salir con el cerebro íntegro, te prometes a ti misma que
Bukowski se quedará en los libros que te hacen reír, pero tus sábanas y tu vagina te las removerán hombres que no hayan perdido el hígado en vasos mugrientos y restos de botellas de whisky.
“Factotum” es grandiosa. Está llena de fotogramas exquisitos y lúcidos. Hay un romanticismo nuevo, que no me han contado antes, que no está salpicado por el tópico. Hay un guiño cómplice y burlón en el que encontrarse. Hay un
Matt Dillon que casi me convence más que el
Mickey Rourke de
“Barfly”. Hay miseria, claro, pero ¡¡¡¡qué miseria tan cojonudamente hermosa!!!! (Y sí, repito, nadie quiere a ningún
Chinaski revoloteando por su cocina). Pero también hay un cierre grandioso, estético y tremendo en el que resuena el poema
“Haz girar los dados” (
Y hasta aquí puedo leer)
Después de
“Factotum”, después del cigarro post_película (¿por qué saben tan bien los cigarros en la salida del cine?), cena y
Populart. Había una excusa para engañar a mis amigos y embaucarles a que me acompañaran. El motivo era una harmónica. Y la harmónica se dejaba acariciar por
Ñaco. Se suponía, además, que los
Bluescavidas y Ñaco Goñi (o viceversa) presentaban, por primera vez en Madrid, a
Whisky Davis. Pero no pudo ser. Tampoco hizo falta.
Ñaco lo derramó todo sobre el escenario.
Kapo Mussio (guitarra y voz) se perdió en los blues y en los acordes azules. El batería,
Armando Marcé, salió de su escondrijo de platos y baquetas en un solo grandioso. Pero, si me tengo que quedar con un único solo, si tengo que ser sincera, fue el bajo de
Flaco Barral el que me hizo ponerme de pie, contonear las caderas de malditismo
bluesero y decir “qué hijo de puta más grande”.
Después, de vuelta a casa, un taxista loco me intentaba convencer de que la violación puede ser placentera. A dios gracias, me dejó sana, salva y sin desgarramiento vaginal en mi portal. Justo a tiempo para encontrarme un mail de
“El Hombre”, en el que derramaba los
te quieros que necesita una chica como yo, una chica que ya no busca
Chinaskis, sino un hombre culto, que me haga reír, que tiene ese punto de malote "por educar" y que, sobre todo, me remueve las sábanas y la vagina. Y, frente a la pantalla del portatil, aquel correo electrónico me ha hecho sentir que, éste, ha sido un día perfecto.
Pd. Hay que ver a Ñaco Goñi y los Bluescavidas, aunque no haya Whisky Davis al piano y aunque os guste más el jazz.