Unas pocas verdades



Hay una verdad inescrutable: si los tontos volasen no se vería el sol.

Hay otra verdad: para ser funcionario, es requisito indispensable ser retrasado mental.

Aún hay otra: para ser "multero" del S.E.R., tienes que haber sido el inventor de los libros de autoayuda en tu otra vida. Es por ello que te reencarnas en un individuo con encefalograma plano, retórica nula y una declaración de odio generalizada con negación de auxilio incluida.

Tengo otra verdad: el que ha hecho el anuncio de "Qué pasaría si nunca pasase nada", merece una muerte horrible y acabar haciendo la publicidad de la hoja parroquial de su barrio.

Una más: a Esperanza Aguirre la deberían esterilizar para que, al menos, la mezcla de ineptitud y maldad con patas que preside esta nuestra comunidad, muera en ella y no se prolongue, por la gracia del Opus Dei, ad aeternum.

Hay más verdades: el individuo que pudo haberme ¿dirigido? la Tesis Doctoral arderá en el infierno por su grado excesivo de hijoputez en sangre. Pero, probablemente, aquí en la tierra de los mortales, acabará por no heredar la empresa por la que ha derramado tantas cobardías y miserias. Mientras aquel Kind of Blue que le regalé sonará de fondo para recordarle lo que nunca llegará a ser (aunque, entonces, aún no sabrá diferenciar el jazz del ragtime y muchísimo menos del blues).

Es otra verdad inescrutable que hoy estoy enfadada con el mundo. En un rato me voy a ir a ver a Al Foster (joder, en palabras del gran Miles: "Al Foster podía fijar el ritmo para todo el mundo manteniendo este infernal groove hasta el infinito. Al tenía todo lo que podía pedir de un batería"). Y, además, por la gracia divina de un titulo de licenciada en Periodismo, gratis. De modo que, con un poco de suerte, saldré levitando, reconciliada con el mundo y con esa sonrisa excitada dibujada en las caderas.

Hay una última verdad para hoy: nos vemos, nosotros sí, en el paraíso.

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