De por qué me he perdido


No se puede escribir cuando se es feliz, me repetía como una cantinela mi amigo Aarón. Yo nunca estuve del todo de acuerdo, quizá más por el mero placer sádico de llevarle la contraria. Tal vez tuviera razón después de todo. Compruebo, día a día, que me busco mil excusas para no abrir la plantilla de blogger. Me pierdo en los canales del cable, en mis libros y en mis neurosis. Así que, cuando recibes una pregunta sencilla, de sólo una palabra, ¿Olvido?, te quedas con cara de culpabilidad frente a la pantalla. Te das cuenta, entonces, que esto del blog no es (sólo) una gilipollez que decidiste abrir un día, no es (sólo) una moda a la que se suman día a día empresas (hoy descubrí que hasta una revista de ocio tiene sus propios blogs corporativos) y todo tontiloco con algo que decir y mucho que callar. Después de todo, es un medio de comunicación (sé lo que me digo, señores teóricos del periodismo), una Torre de Babel, un suma y sigue de complicidades. (Gracias, Manolo, una vez más por hacerme replantearme todo esto)

Quizá es sólo que, después de todo, es verdad que no se puede escribir cuando se es feliz, cuando se tiene la mente en el final feliz de un camino que trajo más de una rasgadura a las vestiduras, más de un arañazo a la cordura, más de una copa malgastada. Y ya sabéis de lo que os hablo, para algo lo habéis sufrido en vuestras entrañas junto a mí, en vuestras pupilas frente a este espacio virtual. Gracias, a todos.

Este post suena a despedida, aunque no lo sea. También suena a cualquier cosa menos a jazz, aunque en mi defensa diré que, el otro día, El Hombre celebraba junto a mí el final feliz en La Esquina del Real, un restaurante cálido y bueno en el que, para embriagarme aún más, acompañaban las exquisiteces culinarias con Diana Krall, Stan Getz y Charlie Parker.

He estado como ausente, como perdida, aunque en realidad tampoco lo haya estado del todo. Me quedan (os quedan) muchas divagaciones nocturnas en este microespacio que no es sólo un decálogo de gilipolleces ni una moda pasajera. Por lo pronto, esta noche volveré a ver "El Talento de Mr. Ripley", con el My Funny Valentine en el dueto de los protagonistas, con el deseo de hablaros de ella y de otras cintas. Entre otras cosas porque, después de una charla surrealista y cruel con mi ex fefe, me he llevado la Tesis a otra Universidad, más pública, más prestigiosa, más antigua. Y me veo, de nuevo, con unas ganas locas de hallar músicos de jazz en películas norteamericanas. Será que, aunque cuando se es feliz no se tienen ganas de relatar, sí se recobra una ilusión vieja por hacer cosas, por trabajar de nuevo y sentirse tan C'est si bon.

Por eso, además de pedir perdón por mi pereza, por mi ausencia, quería pediros que me tengáis paciencia cuando, de pronto, desaparezca por unos días. Será sólo que la felicidad no me permite entrar en este microespacio. Me perdonáis, ¿verdad?

6 comentarios:

Erradizo dijo...

¡Te he echado de menoooooos!. Acabo de escribir un post, donde se reclamaba tu presencia, y de repente: ¡coño, Olvido ha vuelto!

Sigue siendo feliz, aquí esperamos.

Besotes

mailena dijo...

Totalmente. Continua disfrutando, es tu momento. Es un placer volver a leerte, siempre!

Un beso.

Anónimo dijo...

Pues como casi siempre totalmente de acuerdo, Olvido.

Sí puede decirse que cuesta más escribir cuando se es Feliz.

Como acabo de leer, disfruta de tu momento. Me encanta el verbo, disfrutar.

Saludos desde el Sur, y por supuesto millón de felicitaciones por esos 365 días, y como dice la canción " que cumplas muchos más".

Jose M.

Manolo dijo...

Yo, lo de tu pereza lo puedo perdonar. Besos

Anónimo dijo...

Perdonada, pero ... no nos olvides.

Un admirador casual.

Anónimo dijo...

Las bellas personas tenemos derecho a esos instantes de plena felicidad.
vuelve cuando puedas. Pronto. Pronto...