Sobre "Capote", sobre el escritor y sobre el Periodismo


"Tienen ustedes que leer A Sangre Fría", dijo un ancianito venerable y tierno mi primer día como alumna en una Facultad de Comunicación. "Tienen ustedes que leer a Truman Capote para saber de qué va esto del Periodismo".

Estoy segura de que no todos los "ustedes" de la sala lo leyeron. La mediocridad estudiantil no es una cosa nueva, ni tiene la culpa de ello el actual Ministerio de Educación. O, al menos, no toda. Ni tampoco el anterior, ni el inmediatamente anterior, ni el largísimo etcétera de predecesores.

Yo tenía dieciocho años recién cumplidos y estaba deseando absorber como una bayeta. Así que leí aquel libro y lo procesé como la batidora que era. Tengo que volver a leerlo. "A Sangre Fría" es uno de esos libros para volver a leer. No sólo para saber, como decía aquel profesor, de qué va esto del Periodismo. Sino para saber cómo se construye una historia desde la intransigente y árida realidad, que es mucho más intratable que la ficción.

"A Sangre Fría" no va de periodistas, pero lo escribe un Capote periodista (probablemente se había dejado al Capote escritor en alguna fiesta frívola hollywoodiense). "A Sangre Fría" supone, también, la creación de un nuevo género literario: la novela documental. Puede alguien decirme que "Las guerras del Peloponeso" es, a su manera, una novela documental. Acepto la réplica, pero no lo entiendo así. Tucídides no tenía la conciencia del escritor, simplemente dejaba constancia de una bitácora de guerra o diario de viajes. No pretendía que nadie conociera los diferentes lados del poliedro de la historia.

Truman Capote sí quería contar, de una forma fiel, verosímil y realista, la cantidad inmensurable de microhistorias que condicionan cada acción humana. Así que lo dejó todo y se puso a seguir a dos presos para encajar todas las piezas de un puzzle macabro.

Acabo de ver "Capote" y tenía ganas de decir que es una película muy digna, aunque no se haya prodigado en galardones. Tampoco los necesita. Sale Philip Seymour Hoffman, del que me enamoré por primera vez cuando le vi de enfermero en "Magnolia". Desde entonces, me he ido volviendo a enamorar cada vez que ocupaba toda la pantalla de una sala de cine. El masturbador telefónico en "Happiness" provocaba una ternura extraña. "El gran Lebowski", "El Talento de Mr. Ripley"… son sólo algunas de las películas en las que pensé que era un gran secundario. Pero en "Capote" hace del escritor, que es el protagonista. Y siempre es un gustazo encontrarte con un actor protagonista digno del papel. Además, (y aquí tiro a mi monte cual cabra ególatra), suena la voz de Billie Holiday en el "Sugar (That Sugar Baby o' Mine)". Se escucha también el susurro de John Coltrane en "It's Easy to Remember". Incluso se cuela Bebo (Valdés) en "Hot Cha Cha". Pero no es una película de jazz. Es una película sobre el escritor y sobre ese momento en el que el creador es vencido por su creación. Es, también, una historia sobre la impresionabilidad del ser humano.

La película "Capote" trata del escritor cuando está creando. Ahonda en el proceso de documentación de su libro más conocido (y también el último). En realidad no importa haber leído o no la novela. Son dos cosas distintas. Pero se debe leer "A Sangre Fría", porque sabe meterse dentro de una realidad y sacarle punta a todos los frentes, sin dejar de ser honesta. "Tienen ustedes que leer A Sangre Fría", decía aquel profesor a unos niños que acabarían siendo licenciados en Periodismo. Y tenía razón, pero en las Facultades de Periodismo, ahora, prefieren enseñar nuevas tecnologías y lo cósico del videojuego. No importa quién fue Capote. Y así nos va. Y así vamos a acabar, conduciendo en dirección contraria o enterrados en una camisa de fuerza aullando cualquier consigna existencialista. Mientras tanto, volveré a leer "A Sangre Fría".

4 comentarios:

Erradizo dijo...

Ya veo que no sólo me tengo que dejar asesorar por ti sobre jazz, sino sobre literatura también. Ya lo he puesto en mi lista.

besos guapa

josé miguel dijo...

En Seymour Hoffman, obligatorio la voz original.

Velo también en La última noche, de Spike Lee. Está genial. Nunca se me olvidará su papel manchado contra la pared de Happinness.

Besos a sangre fría.

Anónimo dijo...

Pues totalmente de acuerdo con Jose Miguel, y por descontado con Olvido.

Cuesta imaginarse la película sin la voz balbuceante de Hoffman, pero me consta una sola sala de V.O. en toda la "realidad nacional" andaluza recién estrenada...

Maravillosa banda sonora la de Magnolia ( Save Me), por cierto.

Saludos,

Jose M.

Olvido A. dijo...

Erradizo: ya sabes que es mutuo, yo cada día soy más "rica" gracias a las cosas que me recomiendas. Besos, guapo

José Miguel: se me olvidó citar "La última noche", la he visto y tienes razón. Spike Lee es un genio y, de él, tendré que hablar uno de estos días. Con respecto a la versión original, sin duda. En la capital tenemos la suerte de contar con varios cines en V.O. Y los que no, siempre os quedará verla en dvd... Besotes, cielo

José M.: Ya sabes que yo vengo de un sur muy cercano al tuyo, de modo que ya sabes que te entiendo... Si se le diera un poco más de voz (y voto) a la cultura... En fin, besotes y gracias por tus palabras