Sobre mi patrimonio

Yo siempre he creído que el mejor patrimonio que podía llegar a tener era mi propio conocimiento. Y no defiendo con ello ninguna tesis comunista, ni perroflautil, ni cultureta, ni muchísimo menos utópica. Por supuesto que quiero un piso (pero se trata más bien de una necesidad, ya saben, aquello de que todo ser humano tiene derecho a una vivienda digna). Por supuesto que me gusta cobrar mi nómina todos los meses, pero es porque vivo en un mundo donde el trueque se hace con moneda de curso legal. Sería absurdo decir que no queremos esos pantalones que nos hacen un culo tan redondito o que no queremos ese perfume que todos los hombres recuerdan inconscientemente.

Pero, insisto, siempre he creído que mi mayor y mejor patrimonio era intangible. Cuando trato de definirme a mí misma, no pienso "tengo un piso, tengo un coche o tengo una gargantilla de perlas naturales". Pienso en que me emociono cuando escucho a Scott Joplin o Louis Armstrong. Pienso en que el tiempo se me detiene ante una novela de Antonio Muñoz Molina o Paul Auster. Pienso en las noches que se acaban convirtiendo en amaneceres ante películas de Clint Eastwood o Woody Allen.

Y cuando pienso en todo eso, hago examen de conciencia y compruebo que mi patrimonio no es mérito mío. De acuerdo que hace falta tener una actitud favorable para poder descubrir cosas que añadir a ese "patrimonio" cultural. Pero, si soy honesta, todo lo que sé, todo lo que me gusta, todo lo que me emociona... se lo debo a alguien.

Recuerdo que llegué a Antonio Muñoz Molina gracias a José María, el amor de la adolescencia. Gustavo, que fue uno de mis mejores amigos un día, aunque hoy sea un desconocido, me presentó a Tom Waits. Lo recuerdo como si hubiera pasado ayer. Estábamos en Granada. Yo descansaba tumbada sobre su cama. El calor andaluz me había dejado en sujetador y braguita. Él se tumbó a mi lado. Puede que los dos quisiéramos besarnos, pero sólo me acarició la cara. Entonces, sonrió con su picardía tan enternecedora y me dijo "así tumbada, te mereces ser la protagonista de esta canción". Y me puso un tema de Waits. Desde entonces, estoy enamorada del músico, no sé si por sus propios méritos o si ayudó el piropo de Gustavo. Recuerdo también que un hombre que nunca fue más que un polvo de una noche, al que soy incapaz de recordarle un nombre, me puso en la pista de un poema de Borges que hoy es de mis favoritos. A Sidney Bechet llegué gracias a un documental de Ken Burns, y a éste, gracias a alguna ruta inexplicable e ilógica por Google (y nunca habría conocido Google si no hubiera sido por dos chavales norteamericanos que hacían su proyecto de fin de carrera). Mi amigo Enric me hace muchos de estos regalos que yo voy añadiendo a mi patrimonio: Houellebecq, Mo’ Better Blues de Spike Lee... A Bukowski también me lo regaló un hombre que fue un amante, yo tenía quince años y él quería pervertirme con "Mujeres". A Aarón, en fin, a él le debo casi todo lo que soy, casi todo lo que sueño, casi todo lo que persigo con las uñas afiladas... Si soy sincera, todo lo que conforma mi pequeño mundo patrimonial, se lo debo (siempre) a alguien.

Hoy estoy trabajando en el cierre del periódico que coordino. Y, de fondo, suena Changing Places de Tord Gustavsen Trío.



Es un disco de los que te acarician y te arrullan. Es uno de esos discos que te hacen feliz (aunque no sepas explicar por qué). Y yo nunca hubiera conocido este álbum si no hubiera sido por Erradizo y su blog Retales de Jazz. Y es que, mi patrimonio, crece cada día gracias a los regalos sublimes que me hacen las personas que se cruzan por mi vida (aunque no siempre dé las gracias y aunque no siempre sean conscientes de lo tremendamente "rica" que me hacen)

4 comentarios:

Erradizo dijo...

Me siento orgulloso de haber participado en tu patrimonio intangible, y me alegra que mi primera recomendación de mi blog te haya gustado.

Por cierto, Muñoz Molina es uno de mis autores favoritos también.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola Guapa, hace unos días que te tengo detras de la oreja, tengo ganas de llamarte pero no encuentro el momento y ahora, que por fín he llegado a mi casa me he dicho, vamos a ver que tal va el Blog de Olvido...y leyendo, leyendo ¡¡zas!! me encuentro citado entre tus líneas ¡qué honor!, mi vanidad ha subido 100 enteros. Un besazo, te llamo pronto que tengo muchas cosas que contarte.

Enric

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, como casi siempre.

Una obra de teatro, en el Central en Sevilla, "El Hombre de Teatro", de Lluis Homar; sublime.

Olvido?, te estás convirtiendo en una buena droga, creando síntomas de abstinencia...

Como dirían por aquí, que estamos de Carnavales, ESCRIBE ALGO YA, PICHA!!!

Saludos desde Cádiz

Lola dijo...

Leyendo tus palabras imagino aquellos días de intimidad revelada, imagino una "Olvido" serena, dejándose llevar por la pasión de un querer saber más y más, dejando tras de sí un halo de sensualidad y picaresca...una adolescencia, una juventud intensamente exprimida...si, también en Granada.Un beso, guapa, aunque sea por aqui por donde tenga que saber de tí.