El jazz en el cine o el cine en el jazz (flashes insomnes)



El disco "Scenes" de Mel Tormé, de 1957.
El comienzo de "Good Night and Good Luck", con ese murmullo solapado por la música (de jazz).
La trompeta de Miles Davis improvisando la banda sonora para "Ascenseur pour l'echafaud", de Louis Malle.
La vida de Ray Charles en los Oscar del año pasado.
"El cantor de jazz", esta madrugada en un canal del cable.

La mirada encandilada de Woody Allen cuando Diane Keaton, en "Manhattan", pasa de ser la mujer insoportablemente cultureta a la mujer insoportablemente deseada.
Charlie Parker y Dizzy Gillespie retratados por Clint Eastwood.
Buddy Bolden, que jura y perjura ser el inventor del jazz, muere en un psiquiátrico sin llegar a ver cómo su adorada música se graba en vinilos.
Louis Armstrong entonando su "C'est si bon!" en technicolor.

"Tócala otra vez, Sam". Ilsa era el espíritu de la golosina. La niña que fui un día no entendía por qué Humphrey Bogart se enamoraba de ella. La mujer que soy ya ni se plantea ese por qué. Lo asume, con la cabeza agachada y el útero cansado. Todas las mujeres (que valen la pena) se han enamorado de Rick Blaine. Y todos los hombres (que valen la pena) han soñado un día con ser aquel dueño del "Rick's Cafe Americain". Sam era el músico de jazz Dooley Wilson pero, en un principio, ese papel estaba pensado para una mujer: Ella Fitzgerald.

Tom Waits en "Cotton Club".
El crooner de "El Padrino", que todos sabemos que es Frank Sinatra.
La silueta frágil y hermosa de Audrey Hepburn paseando por Manhattan, con el "Moon River" de Manzini de fondo.
El "My Funny Valentine" de Chet Baker cantado por Michelle Pfeiffer en "The Fabulous Baker Boys". Quizá no lo haga del todo bien, pero su belleza ha seducido tanto al espectador, que ni se da cuenta.
La afición (adicción) del protagonista de "American Splendor" por coleccionar vinilos de jazz comprados en los mercadillos.
"Insensatez", de Antonio Carlos Jobim en "Lost Highway".
Duke Ellington en "Anatomy of a Murder"...

El disco "Scenes" de Mel Tormé, de 1957. Suena a cine, suena a homenaje al cine... Lo escuchas y sabes, aunque nadie vaya a corroborármelo, que Tormé, cuando lo grababa, estaba haciendo una hermosa declaración de amor al séptimo arte. O quizá es sólo que veo "jazz y cine" por todas partes. O quizá es que tanto el cine como el jazz nacieron juntos y, por eso, se me antojan tan buenos amantes. De cualquier modo, es un hermoso disco.

Escuchando Scenes de Mel Tormé

2 comentarios:

cineconjazz dijo...

Mel Tormé, uno de mis cantantes fetiches, una de las mejores voces de jazz de siempre. Buen repaso al idilio cine-jazz. Disfrutable se mire por donde se mire

Besos mil

Stauff dijo...

(Yo te pongo mi pequeño granito de arena europeo, como siempre)
El vinilo desenfadado en "Sueños" de Bergman, mientras la hermosísima Harriet Andersson juega con una inocencia que nunca tuvo. Fellini borracho perdido bailando en los cabarets más sucios de Roma en "Las noches de Cabiria" y en "La Dolce Vita" de la mano de Nino Rota.