Smoke, de Wayne Wang


La primera vez que vi Smoke, yo era una adolescente que soñaba con coger un tren que iba hacia el norte.

En el Teatro Ideal Cinema, mis amigos me guardaban una butaca para ver una película sobre el tabaco, la droga que todos empezábamos a consumir en aquellos años. La droga que, a día de hoy, vuelve a tornárseme prohibida.

La primera vez que vi Smoke, yo no sabía quién era Paul Auster ni Tom Waits. Y, sin embargo, aquella tarde, en aquel cine-teatro, me enamoré, por primera vez, de los dos.

Acabo de ver Smoke. Lo bueno que tiene vivir sola es que no debes consultar la programación televisiva del día. No has de organizar unas elecciones democráticas ni luchar contra las series y programitas que tienen enganchado a todo el mundo. Lo bueno de vivir sola es que enciendes la tele y enchufas el dvd. Después te tumbas en el sofá y te tapas con una manta. No has olvidado prepararte una cerveza y has sido cuidadosa de no dejar el paquete de tabaco lejos. Y, entonces, ya puedes adentrarte en el séptimo arte de un modo maravillosamente onanista.

Esta noche he visto Smoke de nuevo. Es curioso el modo que tiene de funcionar el recuerdo humano. Mi memoria había suplantado partes de la película y las había cambiado. Creía recordar una estética al principio, cuando cuentan la historia del peso del humo. Pero mi memoria me mentía. No recordaba Downtown Train, la canción de Tom Waits que suena en el bar donde celebran el cumpleaños de Rashid (Harold Perrineau), sólo recordaba vagamente a Waits en los títulos de crédito. La fabulosa Innocent When You Dream sonoriza el grandioso final, cuando Wayne Wang recrea el fabuloso cuento de Navidad que Auggie (Harvey Keitel) le regala al escritor Paul Benjamin (William Hurt), claro alter ego de mi amadísimo Paul Auster.

Acabo de ver Smoke, después de mucho tiempo. La muchacha que vio esta película hace diez años, en el Teatro Ideal Cinema, tiene que ver muy poco con la que, esta noche, escribe este post. Y, sin embargo, después de tanto tiempo, una vuelve a enamorarse de Tom Waits y de Paul Auster. Quizá nunca dejé de amarles. Quizá nunca dejaron de arañarme el alma y la vagina. Quizá es sólo que esta noche necesitaba una película como Smoke. Quizá es que nunca escriba nada tan bueno como el fabuloso cuento de Navidad de Auggie. Quizá es que hoy era mi noche Auster-Waits... Sólo sé que, en cuanto apague esta máquina, voy a tumbarme a leer "Trilogía de Nueva York". Será que me he quedado con ganas de más.

1 comentario:

cineconjazz dijo...

Enorme película. Inolvidable final con el cuento de navidad de Auggie Wren. Estratosférico Harvey Keitel en el plano secuencia en el que cuenta el cuento de navidad de Auggie Wren. Y William Hurt, y el chico negro. Y Forrest "Bird" Whitaker.

Y por supuesto, Auster. A mí, que no fumo, hasta me entran ganas de darle al smoke.

Y esa voz de bourbon de Tom Waits.