Jesús Quintero, el loco que sentía


Decidí que quería estudiar Periodismo el día que vi a Jesús Quintero entrevistar a un preso. No recuerdo mucho de aquel momento. Se me quedó grabada la historia, claro. Se trataba de un “correo” de cocaína. El crimen es lo de menos. El crimen siempre es lo de menos. Lo de más es el después. Lo de más es la vista atrás. Lo de más es la mirada amargada que no se arrepentirá nunca lo suficiente. No se trata de un sentimiento de culpabilidad, sino de la vergüenza de haber sido descubiertos. No se trata de vivir entre rejas, sino de no vivir en libertad. De no follar en libertad, de no comer, de no beber, de no fumar y de no leer como a cada cual le entre en gana.

Recuerdo a aquel señor que entrevistaba al preso. Se llamaba Jesús Quintero y, años más tarde, se hizo conocido por entrevistar al Risitas y al Cuñao.

Quintero es uno de esos periodistas con los que soñaban las niñas como yo. Tenía la voz rota de aguardiente y la garganta empapada en alcohol, sujetaba un cigarrillo y se follaba con la miraba a todas las mujeres (y también a todos los hombres) que entrevistaba.

La niña que yo fui un día quería ser de mayor como Quintero. La niña que yo fui un día quería tener rota la garganta de beber whisky y fumar un cigarro tras otro. La niña que fui quería follarse con la seducción de Quintero a todos sus entrevistados.
Los derroteros de la vida me colocaron en otro camino. No se me rompió la voz ni entrevisté nunca tan bien como lo hace “el loco de la colina”.

Hoy le vi un momento, de soslayo. Me tropecé con él después de ver una película. Entrevistaba a Rocío Jurado, que es una mujer que nunca me ha caído bien. Pero, cuando Quintero está delante de la cámara, una se queda ahí parada, detenida, expectante. Una no puede cambiar de canal. Porque una se acuerda de por qué quería hacer Periodismo. En estos tiempos en los que me dan vergüenza la mayoría de mis compañeros de profesión. En estos tiempos de Carmeles y de Jiménez Losantos... Una ve a Jesús Quintero, que está enamorado del flamenco, y se queda inmóvil, recordando por qué le pareció un día que el periodismo era la profesión más hermosa del mundo.

A Quintero le apasiona el flamenco, que es el jazz de los gitanos. El flamenco es el mismo sentimiento desgarrado, nómada, con olor a tierra y sudor. El flamenco se dio en la Andalucía de los gitanos y el jazz en el New Orleans de los negros. Pero ambas músicas tratan de llegar a los “adentros”. No se trata de entenderlas, sino de sentirlas. Y a Quintero se le pone la mirada melosa cuando un flamenquito le regala una “toná”. A Quintero se le escapa un “olé” y la sonrisa se le dibuja en sus entrañas. Y es que, Jesús Quintero, siente la música como si se tratara de la mejor de las amantes. Siente las entrevistas como si se tratara de un fandanguillo improvisado. Y es que, en esto de la vida, se trata de sentir las cosas. Por eso, hoy, me voy a la cama sabiendo que no me he equivocado de profesión. Nunca seré Quintero, pero es que los dioses viven en sus olimpos para que los humanos nos sintamos menos solos. Y Quintero, aunque le guste el flamenco más que el jazz, es uno de mis dioses.

2 comentarios:

Alba dijo...

Jesús Quintero no se hizo conocido, años más tarde, por entrevistar al Risitas y al Cuñao.
Ni siquiera lo hizo en Cuerda de Presos. Es algo mas que eso... El Loco De la Colina se hizo famoso por mirar desde tiempo inmemorial a un rio andaluz reflejar luces de ciudad y por hablar a las estrellas desde un programa de radio que ya ni yo alcanzo a recordar

Olvido A. dijo...

Hola Alba. Lo primero, espero que hayas entendido que respeto muchísimo a Quintero y sí, él es más que eso, pero yo no le conocí en aquel programa de radio que cuentas, sino entrevistando a aquel preso.
Besos