Lo mejor y lo peor de 2005


Cineconjazz, comentador de este blog, me ha dado una idea en su blog Jácaras Reales (en realidad se la he robado, pero entre amigos ya se sabe)

Cineconjazz ha decidido acabar el año con un post sobre lo mejor, lo peor, lo más sorprendente... Así que le he robado y adaptado la idea. (Sé que él no se enfada)

Lo mejor de 2005:

- Viajar por segunda vez a Nueva York (aunque quizá esta idea debería estar también en "lo peor"). Pese a que la persona a la que fui a ver se desveló como un tirano rencoroso, Manhattan es una ciudad para perderse. Me perdí en Strand Books (La Librería por derecho propio), compré cds de jazz, comí Hot Dogs de carritos temerarios, me salí a la puerta de los locales para poder fumar (y qué bien sabe el tabaco allí, por cierto)... Quiero volver, porque me da miedo acabar relacionando Nueva York con el personaje que me la presentó y cogerle una manía injusta a la ciudad que nunca duerme.

- Agosto. Fue el mes en el que Javi, Aarón y yo nos fuimos a Valladolid a hacer el primer curso del Master en Historia y Estética de la Cinematografía. Las clases eran fabulosas, la gente grotesca y circense, las películas se movían entre la obra maestra y la intragable casposidad. Timbas de pocker hasta las mil de la madrugada. Un librero aficionado al jazz que vendía libros de cine. Unos vecinos muy étnicos que nos acojonaban. Porteros que no sabían lo que significaba la palabra "cordialidad". Concierto de jazz en un castillo perdido a unos 30 kilómetros de todo resquicio de vida humana. Tablao flamenco. Borracheras y el juego "Yo nunca". El Herminio’s, fantástico club de jazz... Por favor, que llegue ya Agosto 2006.

- "Navegantes entre estrellas", obra de teatro escrita y dirigida por mi amigo Aarón Rodríguez, llena de sarcasmos, referencias a Tom Waits y protagonizada por Javi. Impresionante. Aarón es un escritor genial, el problema es que no termina de creérselo. Pero poca gente me ha puesto en la tesitura en la que me pone él. Me explico. Yo sé que un libro me gusta mucho cuando creo que me han robado la idea, cuando mataría al escritor y deseo haberlo escrito yo. Eso me pasa con todo lo que leo de mi amigo Aarón Rodríguez. Ojalá un agente se dé cuenta y más personas puedan odiarle como yo le odio.

- El concierto de la New Orleans Jazz Band, en el San Juan Evangelista. Me acompañaba David, que es un tipo que se va haciendo un hueco enorme en mi vida. Le habla bien de mí a un poeta-actor con el que quiere emparejarme. Lee mis cuentos y se los pasa a sus conocidos. Y, de un modo extraño, hace que me vuelva a sentir "escritora" (aunque en realidad sólo sea una persona que juega a escribir).

- Cinematográficamente: Creo que algunas de estas películas se estrenaron en 2004, pero yo las vi en 2005. American Splendor, Entre copas, Million Dollar Baby, Match Point (aunque Aarón diga lo contrario), Sin City, The Soul of a Man (aunque no la vi el mejor día), Saraband, Capturing the Friedmans, el falso documental CSA, Primavera, verano, otoño, invierno... primavera, 2046,... (Sé que me estoy dejando algunas)

- Dvd: Películas que han caído en mis manos y que me han encantado este año... Son demasiadas. Resumo. Me compré Bird, Mo Better Blues, Ascenseur pour l’echafaud, Jazz: La Historia (serie de documentales de Ken Burns),... Pirateé de mi querido "Séptimo Arte Digital" (calle Hortaleza, 69): Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind), La vida es un milagro, todo Woody Allen, El Padrino (I, II, III y extras), Corazonada, Miedo y asco en Las Vegas, Media Noche en el Jardín del Bien y del Mal, The Last Waltz,... Muchas. Demasiadas.

- Libros: Miles Davis y Kind of Blue. La creación de una obra maestra, de Ashley Kahn; Pero hermoso. Un libro de jazz, de Geoff Dyer; La música del azar, El libro de las ilusiones y La noche del oráculo de Paul Auster (sí, se me ve el plumero, es posiblemente mi escritor en activo preferido); El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq; Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta, de Charles Bukowski, Tristano muere, de Antonio Tabucchi; Memoria de mis putas tristes de Gabo,... Muchos más.

- Discos: Aquí sí que hay una lista interminable. Miles Davis y Michel Legrand, Dingo; Nils Landgren, Sentimental Journey; Wynton Marsalis, The Midnight Blues; John Coltrane, My Favourite Things; Duke Ellington, Mood Indingo; Kenny Burrell, Midnight Blue; Charles Mingus, Mingus...; Charlie Parker y Miles Davis, Bluebird... (No os quiero aburrir, en serio)

- Mi trabajo. En enero me convertía (gracias al despido de un jefe insufrible) en Codirectora de El Universitario Europeo y asumía la asignatura de prácticas de prensa escrita.

- Volver a ganar un concurso literario (siempre sube el ego)

- Coordinar el Club de Literatura Prosa de la Universidad.

- Este blog. Lo que me ha traído. Vosotros, que lo leéis.

- Retomar el contacto con Antonio Alay, un fotógrafo maravilloso, una personalidad excitante, una sonrisa contagiosa.

- Mis amigos gays, que me hacen sentir guapa, que me tocan las tetas y que me dan picos.

- El piropo de un desconocido en un Irlandés. "No puedo dejar que te marches sin decirte que eres la mujer más linda que he visto en mi vida".

- La amistad con Javi. Que me llamara "Mama Olvido" y que me dijera que va a crear un personaje inspirado en mí

- La amistad con Ainhoa. Este año se ha convertido en un glóbulo más de mi sangre.

- El Hombre. Porque nunca me habían hecho disfrutar tanto sexualmente. Porque nunca me había embobado tanto escuchando hablar a alguien. Porque nunca había contado tanto el tiempo que faltaba para verle. Porque nunca había deseado tanto venderle el alma al diablo a cambio de que él pierda su alma y su esclavitud por mí.

Lo peor:

- Katrina. Especialmente, aunque sea injusto, me conmovió las entrañas, el telediario me arrancó lágrimas y cuando, pasado el tiempo, veo imágenes, aún se me encoge el estómago.

- Los meses que perdí con el individuo que vivía en Nueva York.

- La ansiedad por un DEA que no tenía con quién hacer.

- Las obras de la M30 al lado de mi casa.

- El concierto de Erik Truffaz en el San Juan Evangelista.

- Todas las películas españolas que he visto (valgan de ejemplo: Segundo Asalto, Mar adentro, Princesas, la horripilante La Mala Educación...)

- El accidente que me ha dejado sin coche.

- Algunos profesores del Doctorado de la Complutense.

- No haber terminado aún aquella novela que me prometí acabar en 2005.

Esto se hace muy largo. Pero es que, al fin y a cabo, una es una exhibicionista de sus miserias y de sus grandezas.

De nuevo, gracias a los que habéis llenado de vida y jazz este blog. Ojalá que dentro de un año todos nosotros sólo tengamos cosas buenas que recordar.

Los propósitos para el nuevo año y las gangas de la Fnac


Escribo esto el penúltimo día del año, que es un día igual que cualquier otro. Nos venden la moto de que hay que acabar el año entre uvas, oro en la copa y mariscada tremenda. Nos venden que hay que ir a una discoteca a beberse todo el garrafón que entre en el hígado. Nos venden que hay que hacer examen de conciencia y empezar el nuevo año con una lista de buenos propósitos.

Yo no tengo buenos propósitos para 2006. Al contrario, voy a ser muy mala. Hace menos de un mes podría haberme matado en la M50. Así que he decidido que mis propósitos de "perversa" niña (de acuerdo, la edad me va convirtiendo en mujer, pero como jode y éste es mi blog...) van a ser:


- No dejar de fumar (me da igual ser una perseguida, me da igual que me miren mal en la parada del autobús personas que nunca se han quejado ni se quejarán del humo de los coches)

- Follar mucho (o al menos lo que me dejen)

- Beber buenos vinos, buenas copas de ron, buenos chupitos del tito Jack,... Mi hígado es muy bueno y no se queja.

- Seguir sin tratarme mi adicción por las gangas en forma de cds de jazz de la Fnac.

- Seguir igualmente con mi adicción a Amazon.

- En contra de lo que me dicen mis amigos (que sé que lo hacen porque me quieren), no dejaré a "El Hombre". Entiendo vuestra postura y entiendo que os acojona el sufrimiento que se avecina. Sé que lo voy a pasar mal y sé que me encerraré en casa a llorar con Billie Holiday o Chet Baker. También sé que lleváis razón cuando me decís que me miente con respecto a la supuesta falta de sexo con su pareja. Sé que tiene una deuda moral con ella y que nunca va a dejarla. Pero vosotros no estáis bajo mis sábanas cuando me eleva al séptimo orgasmo. Ni sentís las hormiguitas vaginales cuando pienso en su mirada sonriente y canalla al penetrarme desde arriba. Así que, como amigos y porque sé que nos queremos, os pido por adelantado que estéis conmigo cuando se me rompan las entrañas (porque todos sabemos que así va a ser)

- No voy a abrir ninguna Cuenta Vivienda. Me gastaré ese dinero en copas en el Populart o en el Segundo Jazz (aprovecho esta ocasión para buscar compañía de parranda jazzística, si alguien se apunta, que deje su mensaje)

- Y sobre todo, aunque quiera dedicarme a la Teoría Cinematográfica, seguiré sin ver las películas de Abbas Kiarostami (lo siento, Aarón)

El nuevo año va a traerme muchas cosas buenas. Lo sé. En verano tendré que dejar en Depósito mi DEA (antes llamada Tesina), que es una culturetada de las mías: "Los valores socioculturales de Estados Unidos a través del cine: El personaje del músico de jazz". Sé que es un DEA que no vale para nada y que no le interesa a nadie. Pero la cosa es divertirse, y trabajar con Bird, Mo’ Better Blues, Ray, El Padrino, Cotton Club,... es mi idea de divertimento disfrazado de laburo.

Por último y para acabar, os voy a recomendar los discos que compré ayer en la Fnac. Me pasa que, cuando veo una ganga, no puedo reprimir la necesidad de llevarmela a casa. Soy una adicta a Emule, pero no tengo la culpa de que, en la Fnac, a veces se vuelvan tontos y pongan unas cosas a unos precios... Juzgar por vosotros mismos:




Chet Baker. Quadromania. Time after time. 4 cds. Membran Music. 6,75 € (¡¡!!)

Eddie "Lockjaw" Davis. The Best of. (Con Ray Barretto, Roy Haynes, Don Patterson... entre otros) Prestige Records. 6,50 €

Lester Young. Basie Days. Sagajazz.6,50 €

Sam Rivers. Crystals. Colección Impulse. Verve Records. 8,50 €

Jazzin’ the Classics. A musical Sacrilege: from Bach to Liszt. Sagajazz. 6,50 €

Sidney Bechet et Claude Luter. Jazz in Paris. Gitanes Jazz Productions. 8,75 €

Count Basie. Kansas Jump. Acrobat Music. 4,50 €

Bix Beiderbecke. Davenport Blues. Sagajazz. 6,50 €

Black California. Central Avenue 1945-1950. Sagajazz. 5,95 €

West Coast Jazz. Hermosa Beach. 1951-1954. Sagajazz. 5,95 €

¿A que entendéis que no pueda reprimir mi adicción?

Feliz año nuevo. Os deseo un orgasmo por cada uva para la noche de mañana.

Sobre la navidad, sobre los blogs y sobre las gracias de fin de año

Mi auto-regalo de este año

Inmersa en la navidad, que es una época del año que odio especialmente, escribo estas líneas tras un tiempo de abandono "blogístico". Un amigo-amante me comentaba que su blog le crea adicción. De modo que todos los días (o casi todos) eyacula sobre la pantalla sus fantasías y realidades. Tiene razón. El mundo blog crea una adicción extraña. No escribo a diario, pero sí miro todos los días si alguien ha comentado alguna "pichez" de las que acostumbro a soltar. Curioso el mundo blog. Nunca escribí un diario. De pequeña, las señoronas cursis, pacientes de papá o mamá, me regalaban diarios con hojitas perfumadas y decoradas. Nunca escribí en ellos más de una página. Los empecé todos, con la firme de convicción y el buen propósito de continuarlos. Igual que todos los 31 de diciembre me prometo que dejaré de fumar, que no me meteré en más relaciones complicadas, que por fin haré caso a mi padre y asumiré que acabaré soltera, que terminaré mi primera novela, que nunca más follaré sin condón, que no volveré a ver ninguna película española para no cabrearme... Pero al día siguiente, como ocurría con aquellos diarios, apilo mis buenos propósitos y les meto fuego con la incoherencia que rige mi vida.

Inmersa en la navidad, os decía. La navidad nunca me ha gustado, ni siquiera cuando era pequeña. Recuerdo que en casa poníamos un Belén de artesanía que mis padres tenían. Mi padre, que siempre ha sido un niño grande, se ilusionaba y me decía paciente "Ahora haremos un río con papel albal". Yo, con una sensación que entonces no sabía que se llamara "desidia", pensaba en que el día 8 o 9 de enero habría que recoger todo ese circo, limpiar las pelusillas de las tiritas de colores, tirar el puñetero musgo podrido... De modo que me agobiaba poner el Belén porque luego habría que quitarlo. Ni siquiera me gustaban los Reyes, porque acostumbraban a traerme lo que mi madre consideraba que necesitaba y no lo que quería. Así, año tras año, los juguetes que me traían no eran los que quería sino los que "duran aunque hagas el bruto con ellos". Lo único bueno de la navidad era la visita de mi abuelo "gamberro" (un pseudónimo que no sé bien cómo llegó a ganarse). Mi abuelo era dios. Mi abuelo era pobre y no me traía juguetes. Mi abuelo era lo mejor de la navidad. Me cogía a su mano y presumía de compañía. Quizá ninguna niña sintió celos, ahora lo sé. Pero en aquel entonces, ir abrazada de aquel señor mayor con boina y un olor corporal a tierra y trabajo, me parecía la posición más alta para una señorita de la más alta alcurnia. Mi abuelo me guiñaba un ojo mientras hacía rabiar a la abuela. Mi abuelo veía el telediario y asentía los comentarios del político de turno hasta que una pegatinita decía que era de Alianza Popular (en aquellos años, aún no había ni Gaviota ni Partido). Entonces, el soldadito republicano que fue, se ponía de pie, soltaba con violencia la cuchara y gritaba "hijo de puta, porque tu madre es una puta". Después, cuando el personaje dejaba de hablar en aquella cajita cuadrada, se calmaba y seguía comiendo como si tal cosa. Mi abuelo era lo mejor de la navidad y de mi vida en aquellos años de infancia y sueños tontos.

Escribo inmersa en esta época del año que tan poco me gusta. Pero, con el tiempo, una va aprendiendo. Aprovecho para autoregalarme cosas en nombre de sus Majestades de Oriente (acaba de llegarme el dvd de Mo’ better blues, de Spike Lee, que compré en Amazón, que mola mucho más que la Fnac; y la Familia, con sintonía de El Padrino de fondo, me ha regalado tres colecciones que suman más de 200 cds de jazz). Ya no me hago promesas extrañas el día 31 de diciembre. Seguiré follando con hombres a los que no podré tener nunca, seguiré fumando (aunque la ministra me diga que no lo haga), seguiré dejándome medio sueldo en la Fnac (aunque sé que debería ahorrar para huir a New York la próxima vez que me partan las entrañas), seguiré odiando la navidad y seguiré escribiendo en este blog. Aunque sólo sea para ver si le he tocado la fibra a alguno de mis comentadores, a los que quiero de un modo extraño (Erradizo, Manolo, Stauff, El Selenita, Kirk534, Cineconjazz, Jazzman, Donbyass, Natxo... en fin, todos).

De modo que, inmersa en la navidad, quería aprovechar para daros las gracias a todos los que habéis pasado por aquí. A los que habéis hecho que me sienta C’est si bon. A los que me habéis emocionado. A los que me habéis encontrado un yacimiento de sonrisas. A todos, JASS IT UP, BOYS!!! (y no adapto el "boys" porque, al fin y al cabo, todos sois hombres)

Un te echo de menos y el jazz en mi vida (post dedicado a Erradizo)

Canal Street Jazz Band en Populart


El ser humano tiene la capacidad de emocionarse. Cuando era más jovencita y me balanceaba entre los primeros cigarrillos y los primeros cubatas robados a la vida, me preguntaban en clase de Filosofía en qué se diferenciaba el ser humano del resto de animales.

“Los animales no piensan”, decían mis compañeros. Yo me acordaba de todos los perros que he tenido. Y si no se les puede atribuir la capacidad de pensamiento, sí tenían un ingenio y una capacidad de discernir asombrosas. Luego estaban sus miradas. Los que han tenido perros supongo que me entienden. Layla, que es mi perra actual, me mira como un auténtico ser humano. Sé que no entiende mis tristezas ni mis alegrías. Pero me mira y me parece averiguar en ella un amago de comunicación no verbal. La última vez que me emocioné con ella fue gracias a Miles Davis. Yo había puesto el típico Kind of Blue. Entonces, escaló por la cama hasta la almohada (yo estaba tumbada, mirando a las musarañas del techo) y me lamió tímidamente la cara. La miré y sus ojos parecían decirme “me gusta esta música”. Sí, ya sé, un perro no se emociona con música ni comunica que le gusta. Sólo digo que me pareció entender eso.

Hoy también me he emocionado. No ha sido por Layla (a la que llamé así en honor a Eric Clapton). Un comentador de este blog me ha escrito un correo electrónico para decirme que me echa de menos. Es cierto que llevo sin escribir bastante tiempo. Un accidente de tráfico, una situación sentimental que se balancea entre la locura y la ansiedad, una baja médica, una tesina que quiero perfilar, una novela que he retomado... me han alejado del blog. Este blog empezó para ponerle palabras a la importancia que el jazz tiene en mi vida. De vez en cuando, sin embargo, le soy infiel a aquella idea inicial y hablo de tonterías, como hoy, que transcribo la emoción de un “te echo de menos”.

El jazz ha estado todos estos días en los que no he escrito. El otro día me pasé por la Fnac y me compré unos discos maravillosos y totalmente recomentables:
- Duke Elington con John Coltrane
- Django Reinhardt & Michel Warlop,
Two of a Kind
- John Coltrane,
Live at the Village Vanguard again!
- Django Reinhardt
et Le Hot Club de France
- Don Byas, En ce temps-là

Llegó mi paquetito con la suscripción que hice a la colección de conciertos “This is DVDjazz”.

Me senté en el sofá y vi por enésima vez el episodio segundo de “Jazz: La Historia”, la serie de documentales realizada por Ken Burns (por cierto, en Fnac han puesto la serie de oferta)

El viernes fui con mi amiga Ainhoa al Populart y nos perdimos en la mirada traviesa, caliente, arrolladora del batería de Canal Street Jazz Band. En el descanso, era un chico tímido que no se separaba de los miembros del grupo. Sin embargo, durante la actuación, consiguió excitarnos a mi amiga y a mí. Me gustan las miradas, me gusta perderme en las miradas de la gente (sobre todo en personas de género masculino). También me gusta y me excita el jazz. De modo que un batería de mirada arrolladora de un quinteto de jazz tenía que removerme la pasión. Recordé el chiste y se lo conté a Ainhoa. Ya saben, “¿qué es un cuarteto de jazz? Tres músicos y un batería”. Las dos nos reímos, pero seguimos suspirando y perdiéndonos en aquella mirada.

El jazz ha estado ahí todos estos días. Es sólo que no me apetecía escribir. Pero entonces te escriben un correo electrónico con un “te echo de menos” y se te enciende algo por dentro. Te pones “In a Sentimental Mood” y te sientes menos sola.

Nunca me ha gustado la Navidad

La imagen lo dice todo

Nunca me ha gustado la Navidad.
No me gusta tropezarme con bombillas que forman campanas, abetos o renos.
No me gustan las maratones para apadrinar niños del tercer mundo y, con eso, limpiar nuestras conciencias de occidentales.
No me gusta el mazapán.
No me gusta recibir postales navideñas, personalizadas, de un banco en el que ni siquiera estoy segura de haber tenido nunca una cuenta.
No me gusta el bombardeo de anuncios de juguetes.
No me gusta que programen, otro año más, películas como “Un novio por Navidad”.

Nunca me ha gustado la Navidad.
No me gusta que se vendan discos de “jazz for christmas” hechos por gente que, a pesar de todo, respeto profundamente.
No me gusta tener que hacer regalos, con prisas y sin meditarlos, sólo porque es navidad.
No me gusta que tengan que regalarme porque lo dicen las fechas.
No me gusta que la gente me pregunte, al venir a casa, “¿es que no pones el belén?”.
No me gusta toda la solidaridad nauseabunda de la que presume la gente de mi entorno.
No me gusta tener que brindar con cava de Valladolid porque a unos cuantos fascistas descerebrados se les ha ocurrido que hay que hacer boicot a un pueblo que, particularmente, me cae de puta madre.

Nunca me ha gustado la Navidad.
No me fío de las bellísimas presentadoras de televisión que nos hablan de niños ilusionados con la cabalgata de los Reyes Magos.
No estoy de acuerdo con comprar christmas de Médicos Sin Fronteras (si no lo hago el resto del año, ¿por qué darles ahora un donativo? No, señores, no creo en las ONGs)
No me gustan los villancicos, ni flamencos, ni populares, ni jazzísticos, ni rockeros.
No me gusta que mis amigos se gasten el dinero que no tienen en décimos de lotería de navidad.
No me gusta, de paso, el calvo que anuncia la suerte, aunque todas digan que está muy bueno.
Y no me gusta, sobre todo, la mala leche que se me pone de tener que estar, presuntamente, de buen humor estos días.

Nunca me ha gustado la Navidad.
No me gusta Papá Noel, ni los Reyes Magos, ni la puta madre que los parió a todos.
No me gusta la copa de cortesía con compañeros de trabajo que, el mes que viene, ni siquiera me saludarán.
No me gusta que todos sueñen con salvar el mundo invitando a un pobre a cenar en su mesa.
No me gusta tanta hipocresía.
No me gusta tanta desidia.
No. No me gusta la Navidad.

Hoy tocaba Blues

El gran John Lee Hooker

El Blues es una música cojonuda que nos pone a todos de acuerdo. Un rocker, un heavy, un popero y un jazzero tienen unas raíces comunes: el Blues. Antes de que Elvis moviera su pelvis enloqueciendo a las adolescentes en celo, antes de que AC/DC buscaran a Brian Johnson para sustituir a un cantante ahogado en su propio vómito de alcohol y drogas, antes de que los Beatles grabaran su primer disco, antes, mucho antes, de que un cliente borracho le increpara a The Original Dixieland Band un "Jass it up, boys!", el Blues ya estaba corriendo por los vasos de bourbon de Estados Unidos.

Mi primer coche se llamaba Hooker. Le puse el nombre en honor al bluesman. En el argot americano, "hooker" significa "putita". Así que mi coche estaba condenado a llamarse "Hooker". Era, según el seguro, de color "rojo pasión", su matrícula era "5959" (si hubiera sido 6969 hubiera sido un zorrón en toda regla, pero resultó sólo un zorroncito, una "putita"). Además, era viejo y tenía alma de Blues. Hooker fue un bluesman que cambió el concepto del Blues. No recuerdo exactamente sus palabras, pero vino a decir algo así como que el Blues no eran lamentos y campos de algodón, sino una botella de bourbon, una mujer y una carretera (en diferentes versiones de rumorología escuchadas, he oído cómo cambiaban "carretera" por "guitarra". Da igual, el sentido es el mismo).

Cuando me saqué el carnet y conseguí a Hooker, mi vida era sexo, alcohol y una carretera (aunque también me vale música, porque pasaba horas y horas escuchando cintas en el radio-cassette del coche). Por ello, una vez más, mi coche debía llamarse Hooker. Estaba predestinado a recibir ese nombre. Además, una, que ha sido cultureta toda su vida, estaba encantada con que su coche se llamara así y poder contar las coincidencias cada vez que un ser extrañado preguntaba un por qué.

El Blues, antes que el Jazz, ha estado presente en mi vida. Pasé del Rock setentero, al Blues. Y de éste, al Jazz (aunque he de reconocer que, entre medias, tonteé con otros estilos que no han dejado demasiada huella). Y, hoy, tocaba Blues. Venía a casa "El Hombre", un individuo que me hace viajar al séptimo cielo y que me tatúa sonrisas en la cara. "El Hombre" no es jazzero, sino heavy. De modo que nunca me acompañará a un concierto de Jazz. Sin embargo, sus raíces y las mías coinciden en el Delta del Mississippi bajo los acordes de un Blues desgarrado. Así que, mientras me perdía en su mirada marrón, un recopilatorio que mi amigo Aarón me recomendó bajarme de la mula, sonaba en el salón.

"El Hombre" se ha marchado hace unos minutos y el Blues sigue inundando mi salón. Pienso en Hooker, pienso en "The Soul of a Man" (falso documental dirigido por Win Wenders y producido por Scorsese) que fui a ver a los cines Princesa hace demasiados meses. Pienso, también, en los viajes que hacía con Diana mientras, en el coche, sonaban desde Jimmy LaFave a B.B. King. Pienso en "El Hombre" de nuevo, en lo cómoda que me siento con él, en lo poco que me gusta que tenga que marcharse. Y, de pronto, sonrío, me regaño a mi misma. Es hora de prohibir que la imaginación vuele. Así que me enfado conmigo misma por engañarme haciéndome ilusiones de niña tonta. Yo siempre quise que me escribieran un "Blues" y las damas que inspiran Blues nunca se hacían ilusiones de niña tonta.

Mañana volveré a escuchar Jazz, pero hoy tocaba Blues. De modo que hoy tocaba el desgarro en lugar de mover, optimista, las caderas. Ustedes me perdonan, ¿verdad?