Un te echo de menos y el jazz en mi vida (post dedicado a Erradizo)

Canal Street Jazz Band en Populart


El ser humano tiene la capacidad de emocionarse. Cuando era más jovencita y me balanceaba entre los primeros cigarrillos y los primeros cubatas robados a la vida, me preguntaban en clase de Filosofía en qué se diferenciaba el ser humano del resto de animales.

“Los animales no piensan”, decían mis compañeros. Yo me acordaba de todos los perros que he tenido. Y si no se les puede atribuir la capacidad de pensamiento, sí tenían un ingenio y una capacidad de discernir asombrosas. Luego estaban sus miradas. Los que han tenido perros supongo que me entienden. Layla, que es mi perra actual, me mira como un auténtico ser humano. Sé que no entiende mis tristezas ni mis alegrías. Pero me mira y me parece averiguar en ella un amago de comunicación no verbal. La última vez que me emocioné con ella fue gracias a Miles Davis. Yo había puesto el típico Kind of Blue. Entonces, escaló por la cama hasta la almohada (yo estaba tumbada, mirando a las musarañas del techo) y me lamió tímidamente la cara. La miré y sus ojos parecían decirme “me gusta esta música”. Sí, ya sé, un perro no se emociona con música ni comunica que le gusta. Sólo digo que me pareció entender eso.

Hoy también me he emocionado. No ha sido por Layla (a la que llamé así en honor a Eric Clapton). Un comentador de este blog me ha escrito un correo electrónico para decirme que me echa de menos. Es cierto que llevo sin escribir bastante tiempo. Un accidente de tráfico, una situación sentimental que se balancea entre la locura y la ansiedad, una baja médica, una tesina que quiero perfilar, una novela que he retomado... me han alejado del blog. Este blog empezó para ponerle palabras a la importancia que el jazz tiene en mi vida. De vez en cuando, sin embargo, le soy infiel a aquella idea inicial y hablo de tonterías, como hoy, que transcribo la emoción de un “te echo de menos”.

El jazz ha estado todos estos días en los que no he escrito. El otro día me pasé por la Fnac y me compré unos discos maravillosos y totalmente recomentables:
- Duke Elington con John Coltrane
- Django Reinhardt & Michel Warlop,
Two of a Kind
- John Coltrane,
Live at the Village Vanguard again!
- Django Reinhardt
et Le Hot Club de France
- Don Byas, En ce temps-là

Llegó mi paquetito con la suscripción que hice a la colección de conciertos “This is DVDjazz”.

Me senté en el sofá y vi por enésima vez el episodio segundo de “Jazz: La Historia”, la serie de documentales realizada por Ken Burns (por cierto, en Fnac han puesto la serie de oferta)

El viernes fui con mi amiga Ainhoa al Populart y nos perdimos en la mirada traviesa, caliente, arrolladora del batería de Canal Street Jazz Band. En el descanso, era un chico tímido que no se separaba de los miembros del grupo. Sin embargo, durante la actuación, consiguió excitarnos a mi amiga y a mí. Me gustan las miradas, me gusta perderme en las miradas de la gente (sobre todo en personas de género masculino). También me gusta y me excita el jazz. De modo que un batería de mirada arrolladora de un quinteto de jazz tenía que removerme la pasión. Recordé el chiste y se lo conté a Ainhoa. Ya saben, “¿qué es un cuarteto de jazz? Tres músicos y un batería”. Las dos nos reímos, pero seguimos suspirando y perdiéndonos en aquella mirada.

El jazz ha estado ahí todos estos días. Es sólo que no me apetecía escribir. Pero entonces te escriben un correo electrónico con un “te echo de menos” y se te enciende algo por dentro. Te pones “In a Sentimental Mood” y te sientes menos sola.

2 comentarios:

Erradizo dijo...

Que puedo decir. Muchas Gracias. Sinceramente.

Manolo dijo...

Gracias