Hoy tocaba Blues

El gran John Lee Hooker

El Blues es una música cojonuda que nos pone a todos de acuerdo. Un rocker, un heavy, un popero y un jazzero tienen unas raíces comunes: el Blues. Antes de que Elvis moviera su pelvis enloqueciendo a las adolescentes en celo, antes de que AC/DC buscaran a Brian Johnson para sustituir a un cantante ahogado en su propio vómito de alcohol y drogas, antes de que los Beatles grabaran su primer disco, antes, mucho antes, de que un cliente borracho le increpara a The Original Dixieland Band un "Jass it up, boys!", el Blues ya estaba corriendo por los vasos de bourbon de Estados Unidos.

Mi primer coche se llamaba Hooker. Le puse el nombre en honor al bluesman. En el argot americano, "hooker" significa "putita". Así que mi coche estaba condenado a llamarse "Hooker". Era, según el seguro, de color "rojo pasión", su matrícula era "5959" (si hubiera sido 6969 hubiera sido un zorrón en toda regla, pero resultó sólo un zorroncito, una "putita"). Además, era viejo y tenía alma de Blues. Hooker fue un bluesman que cambió el concepto del Blues. No recuerdo exactamente sus palabras, pero vino a decir algo así como que el Blues no eran lamentos y campos de algodón, sino una botella de bourbon, una mujer y una carretera (en diferentes versiones de rumorología escuchadas, he oído cómo cambiaban "carretera" por "guitarra". Da igual, el sentido es el mismo).

Cuando me saqué el carnet y conseguí a Hooker, mi vida era sexo, alcohol y una carretera (aunque también me vale música, porque pasaba horas y horas escuchando cintas en el radio-cassette del coche). Por ello, una vez más, mi coche debía llamarse Hooker. Estaba predestinado a recibir ese nombre. Además, una, que ha sido cultureta toda su vida, estaba encantada con que su coche se llamara así y poder contar las coincidencias cada vez que un ser extrañado preguntaba un por qué.

El Blues, antes que el Jazz, ha estado presente en mi vida. Pasé del Rock setentero, al Blues. Y de éste, al Jazz (aunque he de reconocer que, entre medias, tonteé con otros estilos que no han dejado demasiada huella). Y, hoy, tocaba Blues. Venía a casa "El Hombre", un individuo que me hace viajar al séptimo cielo y que me tatúa sonrisas en la cara. "El Hombre" no es jazzero, sino heavy. De modo que nunca me acompañará a un concierto de Jazz. Sin embargo, sus raíces y las mías coinciden en el Delta del Mississippi bajo los acordes de un Blues desgarrado. Así que, mientras me perdía en su mirada marrón, un recopilatorio que mi amigo Aarón me recomendó bajarme de la mula, sonaba en el salón.

"El Hombre" se ha marchado hace unos minutos y el Blues sigue inundando mi salón. Pienso en Hooker, pienso en "The Soul of a Man" (falso documental dirigido por Win Wenders y producido por Scorsese) que fui a ver a los cines Princesa hace demasiados meses. Pienso, también, en los viajes que hacía con Diana mientras, en el coche, sonaban desde Jimmy LaFave a B.B. King. Pienso en "El Hombre" de nuevo, en lo cómoda que me siento con él, en lo poco que me gusta que tenga que marcharse. Y, de pronto, sonrío, me regaño a mi misma. Es hora de prohibir que la imaginación vuele. Así que me enfado conmigo misma por engañarme haciéndome ilusiones de niña tonta. Yo siempre quise que me escribieran un "Blues" y las damas que inspiran Blues nunca se hacían ilusiones de niña tonta.

Mañana volveré a escuchar Jazz, pero hoy tocaba Blues. De modo que hoy tocaba el desgarro en lugar de mover, optimista, las caderas. Ustedes me perdonan, ¿verdad?

2 comentarios:

Erradizo dijo...

Por supuesto, al final el jazz y el blues hacen la misma tarea, inundar el alma de sentimientos, de pasión, de belleza... nadie puede criticarte por ello

Manolo dijo...

Son House, que aparece en ese documental del que hablas, y que es para muchos uno de los padres conocidos, decía:
el blues no es algo que se pueda interpretar facilmente, en blues no se puede componer facilmente, para hacer esas cosas; interpretar o componer, hay que vivirlo. Y es que el blues no va de que no tengo trabajo, o de voodoo, no. El blues es sexo. Es un hombre, es una mujer. Cuando se comprende eso, y se percibe (que es más dificil) el blues fluye. No todo el mundo tiene blues, ni sabe lo que es el blues. Hoocker lo tenía, y tiene, muy claro. El blues es sexo, es desamor, es hacerse ilusiones, es perder la ilusión y contarlo con ilusión, porque en realidad, piensas que con ese blues todo va a cambiar, pero no. Eso es blues. Son House, o si no te gusta el sonido de freiduría de lo antiguo, John Mooney en Dealin' with the devil, que interpreta a su mentor, Son House y a Robert Johnson.