Michael Bublé


A Michael Bublé le comparan con Frank Sinatra, la voz. Sin duda, es una estrategia de marketing para llegar a un mercado que nunca ha comprado un disco de Miles Davis ni de Charlie Parker.
En su día, también Frank Sinatra fue un producto de marketing, tan cerca del jazz como Soffia Coppola del cine independiente o underground.
Hay gente que dice que le gusta el jazz porque le gusta Frank Sinatra o Dean Martin, que es lo mismo que decir que te gusta la literatura (voy a seguir "haciendo amigos") porque te gustó el Código Da Vinci o la última diarrea-Planeta de Lucía Etxebarría. Esto lo saben muy bien los chicos de Warner (casa discográfica de Bublé) y por eso han apodado a su chico El nuevo Sinatra. Sin embargo, Michael Bublé no es Sinatra. Lejos de parecerme un buen halago para el canadiense, a mí, de entrada, me echa para atrás. Pero hay que vender discos y, si les funciona el calificativo, adelante.
Warner sabe que Bublé hay que vendérselo a las mari-pepis (aunque podríamos usar el término umbraliano “tontilocas”) porque los puristas del jazz no van a hacerlo. Los puristas (los puristas tontos, me refiero) sólo escuchan jazz clásico, minoritario y poco conocido. Si un músico de jazz consigue un Grammy o sale en los Top Ten, dirán raudos y veloces que eso no es jazz. Lo curioso es que si lo defendieron en los comienzos, dirán que se ha vendido. Son así, les gusta ser “malditos”, escuchar música que no salga en los 40 (no sé qué va a pasar cuando se enteren de que los Principales han reseñado la reedición de los discos de Miles Davis en Columbia)
Esto ya nos pasó con Diana Krall, que tiene los ovarios suficientes como para versionar al increíble Tom Waits y que hasta sale en “Anything else” de Woody Allen.
Nos pasó con Norah Jones, estamos en proceso de que ocurra con Jamie Cullum (este verano, las élites de los festivales han aplaudido su rebeldía, pero en cuanto lo pongan en Kiss FM – que lo pondrán – lo van a lapidar en la vía pública)
A mí, sin embargo, me gusta que el jazz se cuele en las parrillas de las emisoras. En primer lugar, porque eso hace que se sigan editando discos y grabando músicos nuevos. En segundo lugar, porque me da esperanza. Sé que muchas tontilocas comprarán el disco de Bublé porque, como Sinatra, es guapo y canta bien. “Muy melódico y romántico, nena” – que le dirá la tontiloca1 a la mari-pepi2 mientras compran ropa en Zara.
Pero, si sirve para que un 0’001 por ciento de los compradores, pasen de Bublé a Diana Krall, de Krall a Tom Waits, de Waits a Louis Armstrong, de éste a Charlie Parker y de Bird a Art Pepper… ¡Joder! En ese caso, habrá valido la pena el pseudo-halago de El nuevo Sinatra.
Yo, por mi parte, voy a comprar esta tarde un par de entradas para ir a verle el 13 de diciembre. Mi amigo Aarón, que se deja torturar por mis adicciones jazzísticas (en el Segundo Jazz, en un directo de Gary Burton y hasta en un concierto en un castillo perdido de un pueblo vallisoletano) estará a mi lado, mientras unas tontilocas cincuentonas comentan que Bublé es tan guapo como Sinatra, aunque no tanto como Dean Martin.

7 comentarios:

El Selenita dijo...

Ves, por fin estamos de acuerdo. No solo en que el señor Bublé, al cual pude oirle cantando en directo en el programa de Buenafuente, no sea para tanto cantando (ni mucho menos), si no en que muchas veces el simple hecho de que alguien, que supuestamente era para ciertos niveles, de pronto tenga su propio cartel en las vitrinas del Fnac, se le pase a tomar por un vendido, un sobervio y cosas peores.
Pero hay algo que no me ha terminado de quedar del todo claro. ¿Por qué decias que decirle a alguien que se parece a Sinatra (sea o no verdad) no llega a ser un halago?
No es por molestar, eh?
Besitos

Olvido A. dijo...

Pues, estimado Selenita, por lo que digo en el post. A Sinatra lo vendieron en su día para que las niñas buenas escucharan un jazz descafeinado. Así, las madres podían estar tranquilas. El jazz estaba mal visto, porque el jazz eran negros que destilaban sexo y vicio por sus instrumentos musicales. De modo que aparece Sinatra, que es guapo, cantando jazz (o eso decían) y convirtiéndose en un actor de moda.
El verdadero jazz estaba en los clubs de los barrios bajos: en Harlem, por ejemplo. Hablo de imagen, así que no me contrataques con sus leyendas de mafias y demás.
Gracias :)

El Selenita dijo...

Bueno, no me has respondido, lo que me has contado ya lo sabia. Pero bueno.
besitos

Olvido A. dijo...

Supongo que, tras la conversación vía messenger, ya te ha quedado claro lo que quería decir. Pero si no, puedes seguir poniéndome de los nervios cuando quieras.
;) Gracias

Anónimo dijo...

Como siempre superior. Que los dioses jazzisticos te permitan seguir escribiendo, enseñando y curioseando...

Bss

Nuwanda dijo...

El gordo ese?? No tiene ni idea de cantar.

Olvido A. dijo...

Había pensado en contestarte, nuwanda.
Había desarrollado un discurso mental con el que mostrar mi desacuerdo a tu comentario. Había incluido preguntas acerca de tu sentencia, pidiendo que me justificaras tanto lo de gordo, como lo de no saber cantar... Pero luego respiré y conté hasta diez. Y me dije, ¿no te habías prometido a ti misma no enfadarte por los comentarios provocadores y zafios que pudieran hacerte?
Así que, en vez en cabrearme, en vez de pedirte que justifiques el insulto a Bublé, me voy a limitar a darte las gracias por haber caído (no sé cómo habrá dado la casualidad, a todo esto) en mi página.
Un saludo